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Minimal ASALTO

Lian Cenzano y Miguel Andrés Ponce. Foto: Cortesía de TEMS

Por Eddy Díaz Souza

La compañía Minimal Teatro regresó a Miami —luego de su temporada en 2007— con la obra Asalto*, un texto escrito en 1969 por el dramaturgo brasilero José Vicente de Paula (1945-2007), en versión de Federico Castillo para este montaje.

En la obra, un empleado del banco, hastiado y asqueado de la tiranía de su patrón, renuncia a su puesto de contable, luego de 50 años de servicio. Antes de marcharse, se encierra en su oficina con el empleado de la limpieza, en un desesperado intento por comunicarse, por expresar sus angustias, ideas, percepciones… El contable necesita compartir sus secretos y rabias, le urge que alguien le escuche y le apoye —finalmente— en la consecución de su plan: incendiar el banco. Durante todo este tiempo de encierro, hay oportunidad para apartar las máscaras y conocer las profundidades y miserias humanas de uno y otro personaje. Hay lugar también para la reflexión, el chantaje, la humillación y el servicio sexual.

La obra se detiene a ratos a deliberar sobre el tiempo humano, sobre la vida, la dedicación al trabajo, la familia, las economías, la degradación del hombre, el sexo, la moral, la soledad, la incomunicación… en fin, sobre nuestro tiempo y el precio de vivir. Tal vez esta frase, atrapada en vuelo, ilustre un poco el tema: “…el desprecio y la violencia es hoy la única moneda fuerte”.

La dirección, de Miguel Ponce, apostó por elementos escenográficos sencillos: un escritorio, una silla rodante y una papelera encuadrados en una cámara oscura, con brecha al fondo, para entradas y salidas de escena. El peso de la obra, indudablemente, recaería en los actores; en este caso, dos: el propio Miguel Ponce, en el rol del contable, y Lian Cenzano, actor invitado para el personaje de Hugo, el mozo de limpieza.

La interpretación de Ponce lleva el peso de quien conoce la técnica y la escena. Sabe atrapar al público e involucrarlo en sus divagaciones, incluso en los lapsos en que sus monólogos se extienden innecesariamente. Él esgrime la palabra como si ésta fuera una espada. Parte de su éxito interpretativo reside en la sustancia que logra extraer de cada frase y parte en el diseño de su gestualidad.

Lian batalla con un personaje que le aventaja en edad y que no logra alcanzar siquiera con la caracterización externa (cabeza rapada y barba, entre otros detalles). Su juventud e inexperiencia traspasan el overol, dejando entrever aquel Chamaco que no pudo ser. Su personaje, Hugo, es apenas una proyección unidimensional que transita la escena sin que podamos palpar su sombra, sus matices, su historia, tan rica y compleja, tan profunda como el cuerpo sumergido del iceberg. Algunos otros aspectos que no ayudaron al actor: períodos abiertos con demasiada frecuencia, problemas de dicción y de interpretación de los subtextos. Por momentos, Lian prefirió escapar de la escena. Para ello, lanzaba su mirada, una y otra vez, al público, o a cualquier punto lejano, evadiéndose así de la historia y del personaje. Lian Cenzano es, no obstante, un actor carismático que ha demostrado, en otros desempeños, su potencial creativo.

En este Asalto, la dirección resuelve pobremente el diseño de movimientos. Los largos discursos del contable, en su gran mayoría, se realizan en proscenio, en simples exposiciones frontales. En el joven de la limpieza, por ejemplo, se aprecia que va de un extremo a otro del escenario, angustiado por el desorden, la suciedad y el tiempo, pero en sus desplazamientos se establece un regreso recurrente a un área del lateral derecho. No se justifican otras acciones, como la parada sobre la mesa. Ni resulta convincente —ni resuelto imaginativamente— el instante del desnudo y la sugerencia de felación.

Asalto resultó una buena oportunidad para entrar en contacto con esa dramaturgia latinoamericana que, a veces, perdemos de vista. A Minimal Teatro se le agradece esta entrega y el abordaje valiente de fenómenos y situaciones que nos conciernen y que, de hecho, nos afectan.

* Asalto se representó en Teatro en Miami Studio, los días 3, 4, 5, 10, 11 y 12 de diciembre, a las 8:30 p.m.

Textos relacionados:
Arias-Polo, Arturo. Asalto, una suerte de pelea de boxeo.
Paz, Luis de la. Un Asalto con agravantes.
Rodríguez, Antonio Orlando. Asalto: drama en dos rounds.

El celador del desierto. Foto: Ernesto García.

Por Luis de la Paz
Diario Las Américas

La crisis económica: ya sabemos mucho de ella, la vivimos a cada momento. La tensión política: la leemos todos los días en la prensa. Los horrores de la(s) guerra(s): la televisión nos abruma con ellos. La cultura: nos alivia, nos enriquecemos y nos hace menos tensa y densa la existencia. Una mirada al año que está por concluir indica que, a pesar de los obstáculos los escritores, pintores y artistas, han dejado su huella. Algunas de éstas fueron:

En enero, con la llegada de Obama a la Casa Blanca, el frío mes trajo el cumpleaños noventa de J. D. Salinger, uno de los más importantes escritores norteamericanos. En Miami, donde el invierno apenas se hace sentir, el teatro inauguró el año con los estrenos de Enema de Ernesto García en Teatro en Miami Studio; de Lina de Marcos Miranda, en el Teatro Manuel Artime y la lectura dramatizada de Las vidas del gato del dramaturgo Pedro Monge Rafuls, Premio René Ariza 2008, bajo la dirección de Eddy Díaz Souza.

Las vidas del gato. Ivonne López Arenal y Orlando Varona. Foto: Mario García Joya (Mayito).

En febrero, el Miami Dade College presentó un documental sobre Dulce María Loynaz en el Teatro Tower, mientras en teatro destacó el VIII Festival del Monólogo que organiza Havanafama. En literatura se presenta la novela La tabla del escritor Armando de Armas y el libro deportivo Por amor a la pelota: historia del béisbol amateur cubano de Marino Martínez. Por su parte, el Ballet Clásico Cubano de Miami, con sus directores artísticos Pedro Pablo Peña y Magaly Suárez, presentaron El Corsario, con los principales bailarines cubanos Lorena Feijoo, Hayna Gutiérrez, Taras Domitro y Miguel Ángel Blanco, acompañados por Shoko, de Alemania y Vitor Luiz, de Brasil.

Marzo, fue el escenario de la 26ta. edición del Festival Internacional de Cine de Miami, evento que le brinda al público de esta ciudad lo mejor del cine internacional. Fueron 137 películas de 43 países. En teatro el Instituto Cultural René Ariza (ICRA) realizó en Teatro en Miami Studio la lectura dramatizada de Una rosa para Catalina Lasa, obra de la dramaturga cubana Rosa Ileana Boudet, bajo la dirección de Eddy Díaz Souza, con un elenco encabezado por Yvonne López Arenal y Miriam Bermúdez. El Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, realizó el sábado 21 de marzo, un homenaje póstumo a Gladys Zaldívar (1937-2008) y Ana Concepción T. Alzola (1930-2009), Dos mujeres en la literatura cubana.

Abril, el mes más cruel, según Eliot, fue el marco para que la escritora cubana Teresa Dovalpage ganara en España el Premio de Novela Corta Rincón de la Victoria por el libro El difunto Fidel. Fue también el momento para que el Cine Tower, en colaboración con el Centro Cultural Español (CCE), brindara una muestra de cine de temática cubana, realizada por cineastas de la isla, el exilio y realizadores españoles, rusos, alemanes, brasileños, polacos. Entre las películas destacaron La Mala de Pedro Pérez Rosado y Lilian Rosado González, con la cantante Lena Burke, Océano del director ruso Mikhail Kosyrev-Nesterov, Rosa y el ajusticiador del canalla de Iván Acosta, El cayo de la muerte del brasileño Wolney de Oliveira y Cercanía de Rolando Díaz. También se realizó la 11na. Edición del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico, con 67 películas de 17 países. El CCE acogió la muestra fotográfica Soledades de la escritora y fotógrafa cubana Ena Columbié. En teatro, el ICRA presenta la lectura dramatizada de Las monjas de Eduardo Manet, bajo la dirección de Juan Roca y Rolando Moreno estrena La visita de la vieja dama de Friedrich Dürrenmatt con las actuaciones de Sandra García, Jorge Hernández, Mario Martín, Reinaldo González, Joel Sotolongo y Christian Ocón.

En el mes de mayo, con sus aguaceros, el escritor cubano Orlando Rossardi fue investido como miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, en una ceremonia que tuvo lugar en Nueva York. Teatro 8 presenta El inconveniente del español Juan Carlos Rubio, dirigida por Marcos Casanova, mientras en Zu Gallery el escritor cubano William Navarrete, residente en París, ofrece un recital. En la plástica, el salón Wirtz Gallery del First National Bank of South Miami exhibe la obra de los pintores nicaragüenses residentes en Miami César Caracas, Mariadilia Martínez y Marcos Rivers. El Tower proyecta el documental Boitel, muriendo a plazos del realizador Daniel Urdanivia, producida por Pedro Corzo, del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, donde se narra la azarosa vida del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, muerto en las prisiones castristas tras 53 días de huelga de hambre, sin recibir asistencia médica.

La mitad del año fue el escenario para el espectáculo Fuerza bruta en el Adrianne Arsht Center, la presentación de Trayectoria de la mujer cubana, libro póstumo de Concha Alzola, la muestra Discovering the Icons of Asia, en el Interamerican Campus del MDC, y el cierre de la serie de lectura del ICRA con Triángulos obtusos de Julie de Grandy.

El Evangelio según Clark

Julio marcó el camino para el Festival de Teatro. Con menos producciones por la crisis económica, pero interesantes puestas como El evangelio según Clark, escrita y dirigida por Richard Viqueira, procedente de México y Aire frío de Virgilio Piñera bajo la dirección de Mario Ernesto Sánchez. Ese mes fallece el cineasta Roberto Fandiño. En Teatro en Miami, Ernesto García reestrena su obra El celador del desierto.

El mes más caluroso, agosto, sirvió para que Alejandro Ríos le hiciera un homenaje a Fandiño en su programa La Mirada indiscreta, en el Canal 41. Sensible fue el fallecimiento de la soprano Marta Pérez, La Diva de Cuba y oportuna la muestra retrospectiva

en La Torre del pintor Cundo Bermúdez. Curiosa fue la reedición del libro infantil Las aventuras de Buchón de Carmela Nieto de Herrera (1875-1963), cuya edición príncipe data de 1926.

En septiembre tuvo lugar el estreno de Así es si así os parece de Pirandello en TEM, adaptada por Sandra García y dirigida por Ernesto García. En Teatro Abanico, Juan Roca repuso Bernarda, inspirada en La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Se realiza el XIV Festival de Ballet de Miami y el CCE presenta el libro Sakuntala la mala contra la Tétrica Mofeta de Daniel Fernández.

Triángulos obtusos. Julie De Grandy e Ivette Viñas

Octubre trajo a Miami al pianista Enrique Chia quien ofreció dos conciertos patrocinados por la Sociedad Pro Arte Grateli. Teatro 8 estrena El método Gronholm, comedia del dramaturgo catalán Jordi Galcerán, bajo la dirección de Marcos Casanova. Se publica Después de la vigilia, libro póstumo de Reinaldo Bragado Bretaña. El Instituto de la Memoria Histórica celebra su décimo aniversario. Se estrena en el Teatro Roxy La última cena de Enrique R. Mirabal, marcando el regreso a la dirección de Eduardo Corbé.

Noviembre se inició con la entrega del Premio René Ariza 2009 a Francisco Morín, Teresa María Rojas y Mario Martín, en una ceremonia en la Cuban Collection de la Universidad de Miami. Noviembre abrió también con la Ferial Internacional del Libro de Miami, donde destacó la participación de autores del patio. Entre los eventos relacionados merece atención la colección de poemas La ciudad de la unidad posible, coordinada por Aida Levitán, un muestrario de autores residentes en el Sur de la Florida.

Diciembre sigue su curso, y hay que añadir a este rápido recorrido por el acontecer literario local, la pujanza de las editoriales emergentes, el Festival de Cine Brasilero, el libro Cuba per se de Armando Chávez Rivera, la literatura testimonial de autores cubanos, el fallecimiento del carismático comentarista deportivo Sarvelio del Valle, el tomo tercero de Cuba detrás del telón de Matías Montes Huidobro, el apogeo cultural de la Gallería Zu de Manny Pérez y el auge de los blogs en Internet, algo que pudiera señalarse como el año de los blog… tal vez una respuesta a la crisis.

Selma Sorhegui en MUJERES

Mujeres, un espectáculo de la compañía La quimera de plástico, armado con los textos Una mujer sola y El despertar, de Darío Fo y Franca Rame, bajo la dirección de Tomás Martín, llega a la sala de Teatro en Miami Studio.

De esta producción, escribió Julia Amezúa para el diario ABC:

“…Mujeres se basa en dos monólogos de Darío Fo y Franca Rame, que tratan desde el humor habitual en el Nobel italiano, la tortura de muchas mujeres. Una mujer sola es la historia de una mujer encerrada en su casa por su marido, después de que por las humillaciones de éste, ella tenga una aventura amorosa. Callada y resignada, esta mujer que tiene en su casa de todo (lavadora, freidora, dos niños, un cuñado abusador y un marido que la infla a golpes), parece una muerta en vida, una sombra hacendosa y complaciente en su tumba. El segundo monólogo, El despertar, más ligero y cómico que el primero, plantea el problema que surge con la incorporación de la mujer al mercado laboral. Cuando el marido llega a casa malhumorado y grita a su mujer, que también trabaja fuera además de asumir las tareas del hogar, ella le reprocha que además de trabajar, es su criada y gratis. Lo cierto es que aunque cada vez más hombres y mujeres reparten las tareas del hogar, todavía es una asignatura pendiente. Una prolongada tradición de abusos sigue extendida en nuestra actual sociedad y son muchas las mujeres que deben asumir sin ayuda todas las tareas de la casa, además de tener un trabajo intenso fuera”.

Obra: Mujeres
Agrupación: La Quimera de Plástico, Valladolid, España.
Días: Jueves 17, Viernes 18 Y Sábado 19 de diciembre.
Hora: 8:30 p.m.
Sala: Teatro en Miami Studio – TEMS.
Dirección: 2500 SW 8 ST, Miami.
Teléfono: (305) 551 7473

Arturo Castro. Foto: Erika Rojas

La Asociación de Cronistas del Espectáculo – ACE, radicada en la ciudad de Nueva York, ha dado a conocer la relación de los nominados en la categoría de Teatro para los Premios ACE 2010, que serán entregados la noche del sábado 17 de abril de 2010, en las instalaciones del Kaufman Center, ubicado en la 129 West 67th Street, en Manhattan.

Desde esta página queremos extender un caluroso abrazo y nuestra felicitación especial al actor y estimado colega José Arturo Castro, nominado en la categoría de Mejor Actor de Reparto, por su interpretación en la obra Soldado somos y a la guerra vamos, del dramaturgo Pedro R. Monge Rafuls.

La obra aborda el tema de la represión sexual y la doble moral en el individuo, como consecuencia de la imposición de paradigmas sociales. La puesta en escena contó con la producción de OLLANTAY CENTER FOR THE ARTS, la dirección de Eddy Díaz Souza y las actuaciones de Pablo Galarza y Arturo Castro. Este espectáculo participó en el Primer Festival de Teatro Cubano en un Acto, organizado por la agrupación Teatro Retablo.

Para todos los involucrados en aquel proyecto de OLLANTAY CENTER FOR THE ARTS resulta de gran satisfacción y orgullo esta nominación de Arturo Castro, joven talento guatemalteco con quien tuve la oportunidad de compartir el tiempo artístico y humano. Desde este blog, le deseamos otros tantos éxitos en su carrera profesional.

Obra: El ángel de la culpa
Autor: Marco Antonio de la Parra
Grupo: Minimal Teatro
Función especial
Día: Domingo, 13 de noviembre de 2009
Hora: 6:00 p.m.

La Compañía madrileña Minimal Teatro, ha proyectado esta función especial como parte de su despedida artística de la ciudad de Miami.

La historia cuenta sobre un detective que, al llegar al lugar donde se ha cometido un asesinato, se encuentra con un muchacho, al que convence  de que la filosofía y el crimen no tienen límites, involucrándolo así en lo que no es más que un trabajo sucio.

Esta puesta obtuvo el Mérito Artístico Visita Teatral, 2007, concedido por la periodista Norma Niurka (El Nuevo Herald), quien afirmó en su momento que:

“Miguel Ponce logra, sin recurrir a murumacas, mantener al público pendiente de cada gesto, cada palabra, cada movimiento. Lo hace con una técnica diáfana que subyuga al espectador, una actuación que posee una carga feroz. Conmueve descubrir en su personaje libidinoso rastros de un ser que quiso ‘ver el otro lado de la luna”’.

Para reservas:
Teatro en Miami Studio
2500 SW 8 ST.
Teléfono: 305 551 7473

La Asociación Civil, Cultural y Artística “Grupo Fénix, que despliega su actividad teatral fundamentalmente en Guarenas (perteneciente al estado venezolano de Miranda), presenta por estas fechas un volumen  titulado Gestación de tres dramaturgos, en el que se recogen las obras Cenizas, Entre ratas, Mis primeros asesinatos, Una manzana color tic tac y La obsesión de Laura, creaciones de los dramaturgos Noreida Flores, Fernando Nieves y Eduardo Espinoza.

Sirva la introducción, a cargo de Pedro Monge Rafuls,  para asomarnos brevemente a los contenidos de esta publicación y a la producción dramatúrgica de la Venezuela actual.

Teatro venezolano del siglo XXI

Por Pedro R. Monge Rafuls

La cantidad de dramaturgos, puestas en escena y publicaciones del teatro venezolano de la segunda parte del siglo XX, presentan una variedad de estilos y técnicas que dejan constancia de su riqueza. Los últimos años del siglo pasado fueron testigos de manifestaciones de búsquedas artísticas específicas del escritor, director y actores que lograron efectividad y claridad lúcida.

Hoy en día muchos autores jóvenes se enfrentan al hecho teatral pensando que lo están renovando y creyendo ilusamente que se enfrentan a las técnicas de escritura dramática, que por años han probado ser efectivas a pesar de los distintos acercamientos a que se han visto sometidas. Hemos oído hablar negativamente del teatro sin dramaturgos, del drama sin conflicto, y tantas otras nimiedades que en lugar de infundir temor provocan pena. Hoy en día las adaptaciones de novelas, cuentos y otras narraciones parecen ser un logro para muchos; y escenificar la vida de un actor o actriz (performance) a cargo del mismo actor que la escribió, es creer que compiten con importantes obras. En esta primera década del siglo XXI, cuando agoniza el teatro de creación colectiva latinoamericano, negándose, lamentablemente, a morir, es interesante encontrar a tres creadores que localizan su forma de expresión a través del verdadero teatro, el que ni ha muerto ni ha dejado de ser perdurable. El teatro, que sin importar en qué estilo o cómo, logra enfocar todas las artes que se dan cita, presentación tras presentación, en ese instante mágico que es el teatro. Entre diálogos, acción y público, nos demuestran que tienen su autonomía y estatuto dramatúrgico personal. Estos dramaturgos venezolanos, en estos tiempos, nos están diciendo de la permanencia de técnicas, formas y estructuras dramáticas, tal como ha venido sucediendo desde que los griegos nos dejaron aquellas magníficas obras o que los pre-hispánicos escribieron Ollantay, la única (e ignorada) pieza que sobrevivió a la destrucción de la rica cultura del Nuevo Mundo por los colonizadores.

Dentro de un mecanismo dramático particular, pues no los podemos encasillar dentro de ningún grupo o movimiento artístico de la dramaturgia venezolana, Noreida Flores, Fernando Nieves y Eduardo Espinoza, nos enfrentan a un teatro que va más allá del regionalismo, con unas características sociales especiales, que sin hacer concesiones, nos muestran nuestra particular y rica idiosincrasia latinoamericana, donde parecen disfrutar al espiritualizar todas y cada una de nuestras grotescas cataduras humanas. Son dramaturgos que forman el último núcleo de creadores del teatro venezolano/latinoamericano, y que se encuentran buscando su propia poética, dentro y/o alrededor de diferentes formas de expresión escénicas, lo cual hacen a través de la temática o de la búsqueda de una positiva técnica de la escritura, tratando de salirse de la tradición temática que hasta ahora encontramos en la dramaturgia venezolana.

Las escenas en las cinco obras antologadas en este volumen son autónomas y operan en forma de golpe, de rebotes, para adentrarnos en los sucesos humanos existencialistas, que sufren un ejercicio artístico, al ser presentados como ya sucedidos, logrando un efectivo funcionamiento teatral a través de referentes culturales y sociales conocidos por los espectadores. El factor sorpresa conduce a tensiones y vivencias tramposas que apresan toda la capacidad de raciocinio de ese espectador, que siempre parece ser el fin último de estos tres dramaturgos.

Las obras de Noreida Flores nos llevan a un escenario de angustia y confrontación existencial. En el trastornado humor negro de Cenizas, aparecen los personajes esperpénticos en un primer plano con una contundencia tan locuaz como sórdida. Marionetas de una situación macabra movidas por perversas y enfermizas emociones familiares. El final es sorpresivo por cuanto puede ser hasta incomprendido, debido al rápido cambio de sentimientos y acciones humanas.

Entre ratas, otra obra de Noreida Flores que vi nacer en un taller de dramaturgia que dicté en Guanare, estado Portuguesa. El hombre-rata, animal metafísico, al tratar de hacer el bien a su amigo paradójicamente hace el mal al condenarlo a una existencia cruel, no deseada para ningún hombre. Entre ratas es un estudio psicológico de las relaciones humanas donde la ternura y el amor se entremezclan con las más bajas pasiones. El poder —incluso sexual— que Daniel logra ejercer sobre Eduardo, su compañero de celda, puede ser un ejemplo existencial espeluznante de/en la sociedad que nos ha tocado vivir. Pero, antes que nada, Entre ratas, al igual que Cenizas, es una obra de teatro escrita para lucirse en los escenarios frente a una audiencia que pudiera incluso hasta rechazarla por su acercamiento a la misma.

Mis primeros asesinatos, de Fernando Nieves, nos sorprende al principio por el vuelco que ocurre entre lo que esperamos y lo que sucede. La obra comienza con una detallada descripción escénica de un rancho debajo de un puente, que nos hace pensar en un camino de acción dramatúrgico que, de un golpe, deriva en un problema psicológico de persecución. La conversación de Nicolás con una silla, la entrada intempestiva de Josefina, que resulta su esposa adultera; luego, como una figura etérea, entra Juan, su amigo, el hombre con quien se escapó Josefina. La repetición de la venganza bajo distintas circunstancias, que en realidad son las mismas, nos ofrece la oportunidad de penetrar en el mundo mentalmente confuso del marido abandonado. El autor nos instala una y otra vez en un constante ciclo brutal, que lanza al personaje en medio de la violencia, el sexo y el miedo.

En Una manzana color tic tac, la otra obra de Fernando Nieves, el texto vuelve a plantear enigmas temáticos y técnicos: el adulterio, el desdoblamiento de los personajes y la memoria que se repite, y la tortura del personaje engañador, víctima del engañado. Se despliega el maridaje muy latinoamericano entre los lenguajes del naturalismo y la vanguardia con el criollismo. Pero hay más: esta obra nos enfrenta a la concepción actual del teatro moral, en un momento de transición nacional que, no obstante, no altera las relaciones de poder. Nos hace analizar cómo retoma motivos el abandono del deber por el marido-policía; enfrentándonos al emblema del macho en su compleja —pero, en este caso, complementaria— relación homosexual con la figura del otro macho. La obra comienza en el más allá y, al final de la misma, nos confronta con una pregunta clave: ¿pagaron los personajes con su muerte el pecado que cada uno vivió?

La obsesión de Laura de Eduardo Espinoza es decididamente una obra violenta dentro de esta antología, que se caracteriza por introducirnos en un mundo teatral sórdido. La trama es complicada por su sexualidad que el autor logra entremezclar con actos brutales, consecuencias de la más sofisticada concepción humana en busca de venganza, donde se plantean muy bien los antecedentes y los motivos sicológicos que nos llevan a excusar los hechos cometidos por Laura.

Cinco breves y logradas obras que se asoman y hurgan en los conflictos de la existencia humana, planteadas con mucho acierto y pulso crítico por nuestros tres autores. Un logro para la dramaturgia latinoamericana.

Concedido al dramaturgo y director artístico René Fernández Santana, será entregado en ceremonia oficial el próximo miércoles 16 en la Sala Teatro Papalote a las 4:00 pm.

Por vez primera será entregado en Matanzas el Premio Brene de Artes Escénicas, creado para reconocer la obra artística de toda una vida a personalidades que hayan desarrollado su labor en los predios de la llamada Atenas de Cuba. El auspicio de este galardón está a cargo de la sección de escénicos de la UNEAC provincial, el Centro de Documentación e Investigación Teatral Israel Moliner Rendón y el Consejo Provincial de Artes Escénicas de la provincia yumurina,

José Ramón Brene, nacido en Cárdenas en 1927 y fallecido en La Habana en 1990, es uno de los más importantes dramaturgos del teatro cubano. Su paso por el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional en los años sesenta, descubrió a un hombre lleno de gracia e ingenio popular, dotado con posibilidades para contar historias del pasado y el presente. Piezas suyas como Santa Camila de la Habana Vieja y Pasado a la criolla, forman parte de las puestas más exitosas estrenadas en las tablas de la Isla. En 1970 obtuvo el Premio José Antonio Ramos, de la UNEAC, con Fray Sabino. Gente de pueblo, desprejuiciado, espontáneo, de carácter fácil, Brene es un autor poseedor de una extensa obra que todavía permanece inédita. El Premio Brene que se convoca en su provincia natal, quiere además de tributar el merecido honor a quienes lo obtengan, llamar la atención y la memoria sobre el legado de un escritor imprescindible en nuestro panorama escénico.

El jurado conformado por la bailarina y coreógrafa Liliam Padrón, Ulises Rodríguez Febles, dramaturgo e investigador y Rubén Darío Salazar, actor, titiritero y director artístico, decidió otorgar el galardón en esta primera edición del Premio Brene a René Fernández Santana, personalidad con una rica e intensa trayectoria teatral, tanto como escritor de textos, diseñador, profesor y director de escena. Compañero de Brene en el mencionado Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, es autor de importantes obras del teatro para niños y de títeres. Desde su Teatro Papalote ha tendido un puente con el mundo al ser invitado tanto a festivales internacionales de figuras como a dirigir espectáculos, en representación de los retablos criollos. Sus piezas dramáticas han sido publicadas y galardonadas en Cuba y allende los mares. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Teatro y recientemente el Premio Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz, entre otros prestigiosos reconocimientos de instituciones y concursos especializados en la nación.

La ceremonia de entrega del Premio Brene de Artes Escénicas, que consta de una dotación en metálico y obra original del diseñador Zenén Calero, tendrá lugar el miércoles 16 de diciembre a la 4 de la tarde, en la Sala Papalote, y contará con la presencia de Maité Vera, destacada escritora, quien fuera compañera de José Ramón Brene y Verónica Lynn, reconocida actriz del teatro y la televisión, que estrenara en 1962 el personaje de Santa Camila de la Habana Vieja en el teatro Mella. El elenco artístico lo completan el Coro de Cámara de Matanzas, la Compañía Danza Espiral, el Teatro Papalote, Teatro de Las Estaciones y una representación de la Brigada de Instructores de Arte José Martí de la provincia de Matanzas.

‘Asalto’ una suerte de ‘pelea de boxeo’

Por Arturo Arias Polo
Fuente: El Nuevo Herald

Asalto llega a la escena de Teatro en Miami Studio en una puesta de Minimal Teatro, el proyecto que desde hace años conduce el actor y pedagogo español Miguel Ponce. Para su estreno en Madrid, el teatrista contó con la participación de su colega Eugenio Mercado. Pero al surgir la posiblidad de presentar la obra por primera vez en Miami, y llevarla de gira a Nueva York, San Franciso y Bogotá, el teatrista escogió al cubano Lian Cenzano, a quien recientemente vimos en la tragedia Chamaco.

La historia, original del brasileño José Vicente, en versión al castellano de Federico Castillo, describe el enfrentamiento entre un banquero y un empleado de limpieza en la época actual. “Lo que más me atrajo fue el doble significado que encierra el título de esta obra. Ya que lo mismo se puede referir al ‘asalto’ de un banco que al ataque psicológico entre dos personajes”, reveló Ponce poco antes de iniciar un ensayo.

Pero el director no sólo vislumbró la posibilidades escénicas de un buen texto. El hecho de parodiar una suerte de “pelea de boxeo” donde al final se descubre quién es el verdadero asaltante, lo animó a interpretar al banquero y armar una puesta centrada en el actor.

“La fuerza de este trabajo radica en las actuaciones, algo que resulta un desafío para cualquier artista”, subrayó.

Ponce recurrió a Cenzano, un “viejo” conocido de facebook, cuando decidió buscar a su oponente. “Me llamó la atención cómo Lian se preocupaba por promover Chamaco. Luego pedí referencias a Alberto Sarraín, el director de esa obra, y en lo adelante comenzamos a comunicarnos a través de skype (video conferencia)”, recordó. Y cuando finalmente pudieron iniciar los ensayos hace un par de semanas, el teatrista asegura que el joven actor es mucho más que una promesa.

“De Lian me gusta su frescura. No tiene vicios y posee un registro actoral muy grande. Además, se preocupa por su trabajo y la producción en general. Tiene un gran futuro”, aseveró.

Cenzano vive hace cuatro años en Miami. Aquí se dio a conocer en el programa La cosa nostra. Sin embargo, su trayectoria no se reduce a sus intervenciones en el desaparecido espacio de AméricaTevé. En la isla, el joven se graduó en la Escuela Nacional de Arte, fue conductor de televisión y formó parte de los grupos Teatro de La Luna y El Público, donde interpretó obras de Lorca, Chéjov y otros autores consagrados.

“Lo más atractivo de mi personaje es su dualidad, todo lo que esconde, algo que puede sorprender al espectador”, expresó el actor de 24 años, quien no teme repetirse por volver a aparecer desnudo en escena, tal como lo hizo en Chamaco. “Si es necesario desnudarse, no tengo prejuicios. Siempre que las circunstancias lo ameriten”, enfatizó.

Tanto a él como a Ponce les fascina el ritmo trepidante de la obra. Un elemento que contribuye a que durante 70 minutos ininterrumpidos el público no imagine cuál será el desenlace.

Asalto tiene el ritmo de la música de Brasil, que siempre va hacia delante hasta que explota y sorprende”, concluyó el director.

Asalto en
Teatro en Miami Studio
2500 SW Calle 8.
Diciembre 3, 4, 5, 10, 11, 12 a las 8:30 p.m.
Información: (305) 551-7473

Sobre EL PRÍNCIPE Y EL MAR

PrincipeyMar

Dibujo de Walter Ventosilla.

Por Luis F. González-Cruz
Fuente: OLLANTAY Theater Magazine, volumen XVI, números 31-32. pp. 126-128.

Mariano, el príncipe, es el personaje central de esta obra; el mar, el motor que impulsa y motiva al primero. Casi desde el comienzo comprendemos que el príncipe no es tal cosa, y, al final, que el mar es un elemento inalcanzable, lo cual nos lleva a la conclusión de que la creación se mueve en planos de imaginarias presencias escénicas que existen tan sólo en la fantasía de los propios personajes, por buscar un modo llano de explicar la compleja naturaleza de la pieza. La madre, Petra, imagina ser la reina de un país fantástico; el padre, Eutimio, imagina ser el rey. Mariano, el hijo de ambos, habrá de ser, consecuentemente, el príncipe, pero él es un niño asmático que se convierte en el centro y motivo de todas las acciones, preocupaciones y terrores del rey y la reina. La abuela, Ángela, quien viene del mundo exterior, aparece en la segunda escena y es el ente que amenaza destruir el equilibrio del ficticio orbe que los padres han ideado para la protección (desmesurada y enfermiza) del hijo. Es la abuela, precisamente, la que introduce la noción del mar como algo maravilloso que puede dar al chico paz y felicidad. Pero en la mente de los padres, que buscan cualquier pretexto, por absurdo que parezca, para que el príncipe no abandone su encierro, aún la proximidad del mar (algo de afuera) se torna nocivo. Cuando la abuela y el niño insisten en que los dejen ir a la casita junto a la playa que ella ha alquilado para pasar una temporada, Petra replica: “Quisiera complacerte, Mariano, qué más quisiera yo; pero tu abuela es la personificación del descuido y el mar es muy peligroso. Al menor desliz, te arrastra una ola y ella ni se da por enterada”. Y luego: “¡No insistas, mamá! Los pulmones de Mariano no resistirían el aire del mar”, cuando es bien sabido que los aires marinos, libres de polen, tienen efectos curativos para muchos asmáticos cuyo mal se agrava tierra adentro.

Al niño se le convence a partir de amenazas; en el mundo que los padres han fundado rigen los chantajes, las intimidaciones y el miedo. Petra, cuando no puede salirse con sus deseos, amenaza a los otros con morirse. Eutimio y ella se hacen reproches: él le dice: “El niño no come porque no sabes cocinar”; y ella a él: “El niño se aburre porque no sabes jugar”. En un momento deciden navegar y la cama se convierte en navío; en dicha embarcación ilusoria, el pánico de los padres domina la travesía, y por miedo de que al niño le ocurra algo, no lo dejan ni pescar (porque podría ensartar un tiburón), ni darse un chapuzón (porque el agua está fría), ni mojarse los pies (porque le dará gripe), ni siquiera jugar con la espuma (porque tiene bacterias). Cuando aparece un barco pirata, Petra se muere del miedo. Cuando el teléfono suena a una hora poco común, a Petra le da miedo. Cuando Ángela comienza su historia en la escena final y se ve interrumpida, antes de continuar, Petra dice: “El suspenso me causa terror”. Hay, también, alguien a quien se llama simplemente “el culpable”, que los espanta y se le tilda de “ladrón, vampiro, mentiroso y traga-sueños”. En el cuento que hace la abuela, el príncipe de la historia muere, y Mariano al oírlo confiesa: “Tuve un poco de miedo, es todo”. En este verdadero reino de terror, el niño, contagiado por el pánico circundante, llega a experimentar el miedo que ha ido aprendiendo de los mayores. Por otra parte, puesto que los niños imitan a los padres, se ha de suponer que las enseñanzas de ellos lo convertirán en un ser semejante, a menos que logre alejarse de allí. Y esto es, precisamente, lo que ocurre. La mano del autor, como veremos, pone sabio remedio a esta situación (sabio, porque se atiene a las reglas de la gran fantasía que maneja y el final queda perfectamente justificado por su coherencia en los hermosos cuadros plásticos con que concluye la pieza).

Mariano reacciona y trata de escapar del mundo absurdo que han creado Petra y Eutimio. En este juego que presenciamos, ideado por los padres, la antagónica abuela se convierte en el medio o instrumento que le permitiría al niño alcanzar otra realidad menos opresiva. Mariano, después de tomar a la fuerza dos cucharadas de sopa, cuando Petra dice “El rey y la reina buscarán al culpable”, le pregunta a su madre: “¿Otra vez?” Ella afirma que es necesario y el niño, harto de la repetición interminable de lo que allí ocurre exclama: “Todos los días es igual. Ese juego ya me aburre”, de modo que todos saben que están jugando, aunque el juego para los padres es una opción y para el hijo una obligación que tiene que sufrir día tras día, hora tras hora. La abuela es, pues, para él, la única esperanza de salir de allí, de encontrar el mar, que se hace símbolo de libertad. La abuela representa, en fin, el vínculo con una realidad externa, tal vez utópica, que nada tiene que ver con el juego y que le permitiría a Mariano desarrollarse fuera de éste con normalidad.

Lo que caracteriza esta obra es su auténtico monismo lúdico; en ella la única realidad fundamental (carente de pluralismos) es el Juego (con mayúscula). A esto habrá que añadir otros niveles metalúdicos, que sobrepasan el juego básico y se entrecruzan. De tal manera, no sólo Petra, Eutimio y Mariano son la reina, el rey y el príncipe en el plano más obvio o directo de este juego (perdónesenos la repetición inevitable de este término), sino que encuentran otro hábitat (igualmente irreal y juguetón) en el universo de los títeres (manipulados por Petra, Eutimio y Ángela) que hacen su aparición en la escena IV. Las marionetas ilustran la historia que se va contando hasta que en ella el príncipe muere. Es tal vez este final catastrófico o el miedo de que la historia de los títeres sea profética y su hijo también muera, lo que logra mover las voluntades de los padres y hace que Petra le dé a Mariano las llaves que abren los candados de la puerta que los encierra a todos. Es también ella la que hace la insólita proposición que el niño escucha incrédulo: “Mañana mismo nos vamos a la playa”. No obstante, la fantasía ha de dominar siempre, a fin de cuentas, en esta creación. Una niña desconocida aparece al final y acompaña a Mariano en su exploración marina entre las olas, símbolo de la liberación del niño. Independiente de sus padres, Mariano va a ser acogido por un mundo en que los mayores no tienen cabida, puesto que no han sabido ganarse la confianza y el amor que con sus despropósitos han malogrado. A manera de contrapunto, la abuela representa el polo opuesto de lo que personifican los padres.

Nótese que la obra tiene abundantes elementos del absurdo, tanto en su diálogo, como en la visión repetitiva del juego. Influido, sin duda, por el teatro infantil que tanto ha interesado a Díaz Souza (recuérdese su fundación de la revista CentroMolinos, dedicada al género), el autor ha empleado técnicas —entre ellas el uso de títeres— que, a primera vista, podrían hacer creer que el drama ha sido pensado en función de una audiencia menuda, pero no es así. Lo que encontramos aquí es teatro reflexivo (aunque eminentemente ameno, a ratos poético y de gran riqueza visual) sin intención aleccionadora; si hay alguna lección no es ciertamente para los niños, sino para los padres. Los horrores del medio que rodea al príncipe, mostrados en la obra, sólo lograrían atemorizar a una audiencia infantil y darle un mal ejemplo. Lo que aprendería el niño espectador en esta representación es que lo aceptable y común para conseguir en la vida lo que uno se propone son las amenazas, los chantajes, las intimidaciones, el engaño y el miedo constante a que nos hemos referido. Por último, se debe destacar que más que simple “teatro dentro del teatro”, este drama es una inteligente mise en abîme, en la cual se pasa del primer nivel de la representación (o tal vez segundo, porque los personajes, de entrada, están actuando sus papeles y dependiendo del libreto) al otro esencial de realidad dramática (el juego), de éste a otro (los títeres), para escalar entonces otro más distante aún (la historia que a través de los títeres se cuenta); finalmente, se propone un nivel ulterior que queda abierto a la imaginación: el del niño que cruza las fronteras de su última realidad para perderse en el mundo de los sueños sin frontera. Dicha multiplicidad de planos, que a cada instante ofrece una nueva sorpresa, enriquece esta original obra y amplía, sin duda, la experiencia del espectador o del lector.

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Luis F. González-Cruz
Doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Pittsburgh y profesor Emérito de Penn State University, es autor de varios libros que incluyen crítica literaria, poesía, novela y ediciones críticas. Su obra literaria ha recibido premios y reconocimientos en Estados Unidos y Latinoamérica.

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