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María Elena Walsh Foto: Sara Facio

Dossier María Elena Walsh

El envés del revés

Fuente: Cuatrogatos : libros para niños y jóvenes

Para rendir homenaje a María Elena Walsh no es necesario recurrir a pretextos, pero casualmente este año 2010 tenemos dos a la mano y ambos excelentes. El primero: la gran escritora argentina, nacida en Ramos Mejía, Buenos Aires, el primero de febrero de 1930, cumple 80 años. El segundo: Tutú Marambá, su primer libro para niños, celebra el 50 aniversario de su publicación.

La amplia bibliografía dedicada por Walsh a los lectores infantiles comprende también los poemarios El reino del revés (1965) y Zoo loco (1965); la novela Dailan Kifki (1966); las colecciones de cuentos Cuentopos de Gulubú (1966), Chaucha y Palito (1976), Manuelita ¿dónde vas? (1997), Pocopán (2000) y El diablo inglés (2000); la recopilación Versos tradicionales para cebollitas (1967) y las obras de teatro Doña Disparate y Bambuco (2008) y Canciones para mirar (2008), entre otros títulos. Como autora e intérprete grabó sus canciones y cuentos para niños en discos como Canciones para mirar (1963), El país de No Me Acuerdo (1967) y Cuentopos (1967). Su obra para adultos, igualmente destacada, incluye poesía, novela, crónicas, artículos y canciones.

Este dossier reúne artículos y testimonios de una veintena de admiradores de María Elena. Sus textos, enviados a Cuatrogatos desde Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Estados Unidos, México, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela, hablan de la influencia que tuvieron los cuentos, versos y canciones de la Walsh en la niñez de algunos de estos escritores, y también de su importancia para el desarrollo de la literatura infantil en América Latina. Constituyen, de alguna manera, una exploración del universo Walsh, de su sorprendente reino del revés…

En el dossier hallarán, además, una selección de las ilustraciones realizadas por el dibujante y caricaturista argentino Pedro Vilar para las ediciones de los versos y las narraciones de María Elena Walsh.

Sumario

Tesoro: La primera edición de Tutú Marambá

Sergio Andricaín (Cuba). Un té con Marielena

Susana Itzcovich (Argentina). Armadora de palabras

Antonio Orlando Rodríguez (Cuba). Trangresión y poética del absurdo en María Elena Walsh

María Adelia Díaz Ronner (Argentina). La poética de las nueces

Carlos Rubio (Costa Rica). Un cuento para decir “Domingo Siete” y
Carmen Lyra y María Elena Walsh: dos versiones de una historia

Manuel Peña Muñoz (Chile). María Elena Walsh: recuerdos de una visita a Chile

Istvansch (Argentina). El mundo con María Elena

Georgina Lázaro (Puerto Rico). Antes que a ella conocí a Manuelita

Iliana Prieto (Cuba). Dailan Kifki, mi hija y yo

Martha Sastrías (México). María Elena Walsh: ¿Desde dónde?

Fanuel Hanán Díaz (Venezuela). Porque el idioma de la infancia es un secreto entre los dos…

Carlos Silveyra (Argentina). María Elena Walsh

Graciela Genta (Uruguay). María Elena Walsh y la magia de su poesía

Cristina Rebull (Cuba). En busca del manantial de los disparates buenos

Graciela Perriconi (Argentina). María Elena Walsh: la palabra y el juego

Julia Calzadilla (Cuba). Sobre la obra de María Elena Walsh

Irene Vasco (Colombia). Disparates en todas partes

Gaby Vallejo (Bolivia). La poesía para niños ya no es la misma

Luis Caissés (Cuba). Mi deuda impagable con una generosa prestamista

Lara Ríos (Costa Rica). La escritora que más ha influido en mí

Yanitzia Canetti (Cuba). María Elena Walsh: otro país

Cecilia Pisos (Argentina). Como si María Elena fuera a reconocerme…

Galería: Vilar en el Bosque de Gulubú

Dossier María Elena Walsh

Por Rosa Ileana Boudet
Fuente: Lanzar la flecha bien lejos

El teatro para niños (a pesar de mi incursión titiritera) es quizás la especialidad que me resulta más difícil de analizar pues, concebido casi siempre dentro de la lógica de la fantasía y el juego, todas sus fórmulas tienden a ser lícitas y bien recibidas por un público tan especial. Así que muy pocas veces reseñé o escribí sobre textos “infantiles” o concebidos para el pequeño espectador, creída como estoy, primero, que hay muchos muy dedicados al tema, los niños pueden gustar de obras que no fueron concebidas para ellos y los mejores teatros que recuerdo -como el de Susan Osten- conciben al niño como el adulto que será sin ñoñerías ni infantilismo. Por eso le he dado vueltas y más vueltas a dos obras de Eddy Díaz Souza, premiadas en Venezuela y publicadas por Ediciones Arey, que se integran al universo del teatro para niños creado fuera de la isla, tan vasto como el del teatro adulto pero menos promocionado todavía. Una oruga deja su casa en busca del amor en Alas de primavera y el mundo de los animales -oruga, lagarto, araña- se reúne con una dama de la noche y un señor viento, que hacen pensar en un hermoso retablo, diseños de colores vivos y una posible puesta de actores y muñecos en un mágico teatrino.

La oruga duerme,
está soñando:
anillos de oro
y lirios blancos.

Paso del aire
cortando ramos.
La oruga sueña
lánguidos tallos.

La poesía se reitera en Algo cayó del cielo.. . que como la primera, es también simple y muy tierna.

Ahora resta animar a las escuelas y a los maestros y a los actores a representarla. Pronto llegará la primavera. Y es tiempo para el retablo.

Otras notas y artículos de interés en el blog Lanzar la flecha bien lejos.

Juan David Ferrer, Lian Cenzano y Alexa Kuve. Cortesía de Alberto Sarraín

Por Carlos Espinosa Domínguez
Fuente: Primer Acto : Cuadernos de investigación teatral. Nº 331. Enero / Marzo 2010.

Se puede afirmar que el inicio de lo que, usando un eufemismo, llamaré la temporada teatral de otoño en Miami ha estado dominado por el estreno de Chamaco. Además del montaje mismo, coproducido por La Má Teodora, el Latin Quarter Cultural Center y el Archivo Digital del Teatro Cubano de la Universidad de Miami, las presentaciones estuvieron complementadas por otras actividades como el foro Novísimo Teatro Cubano, en el cual participaron académicos, teatristas y críticos, y el lanzamiento de la edición bilingüe inglés-español del texto.

A Miami Chamaco llegaba con un estupendo aval. Escrita por Abel González Melo (La Habana, 1980) a fines de 2004, al año siguiente recibió el premio del Primer Concurso de Dramaturgia organizado por la Embajada de España en Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Ese mismo año Alberto Sarraín, responsable del montaje que aquí se comenta, realizó una lectura de la obra en La Habana. En el 2006, la compañía habanera Argos Teatro la llevó a escena y su trabajo fue reconocido por la crítica cubana con el Premio Villanueva al mejor espectáculo del año. Además de los montajes de La Habana y Miami, Chamaco se ha estrenado en Estambul. Asimismo cuenta ya con traducciones al inglés, catalán, francés e italiano, así como con ediciones en Cuba (Ediciones Alarcos, 2006), España (Ñaque Editora, 2006) y Estados Unidos (La Má Teodora/ Archivo Digital Cubano, 2009).

¿Qué hace de Chamaco una obra tan altamente valorada? En primer lugar, una escritura teatral moderna y de excelente factura, que denota un exigente trabajo a nivel formal. Eso se hace evidente en el lenguaje seco y despojado de los diálogos, a los que su autor ha despojado de todo lo superfluo, previsible y decorativo. Esa opción estética de atenerse estrictamente al puro hueso de lo que narra lo lleva también a dar la espalda a los elementos costumbristas y previsibles. Ello no significa que González Melo renuncie a abordar la realidad cubana, sino que apuesta por un teatro saludablemente desentendido de todo color local. Su interés, por el contrario, se centra más en auscultar unos personajes llenos de complejidades y de unas contradicciones que los acosan y atormentan.

Al igual que otros dramaturgos contemporáneos suyos, González Melo rechaza presentar una imagen complaciente o edulcorada de su entorno. La doble moral, la familia que se deshace, la migración incontrolada a la capital, la crisis de valores ocasionada por la precariedad, la desorientación y el desarraigo de la juventud, el sexo asumido como forma de sobrevivencia, son temas que en Chamaco aparecen tratados con una densidad dramática cercana a la tragedia. Tal cercanía, sin embargo, queda un tanto atenuada debido al tono sobrio y mesurado con que está escrita la obra y al clima casi gélido con que se presentan los hechos (significativamente su subtítulo es Informe en diez capítulos para representar). O bien se debe a que se trata, como apunta Alberto Sarraín, de una tragedia de la posmodernidad, en la que los conceptos de Hybris y Moira no nos remiten a los dioses, sino a disfunsiones sociales contemporáneas.

Otro de los hallazgos de Chamaco es presentar una imagen cruda y lacerante de una Habana que no aparece en las postales o las guías turísticas, y que raramente ha sido mostrada en el escenario. Sobre ese aspecto, González Melo ha expresado que la actualidad habanera se le reveló “como una de las paradojas sociales más fuertes, más sólidas, capaz de servir de modelo a una estructuración dramática y de esqueleto conceptual, de ejemplo orgánico verificable bajo otras circunstancias en múltiples facetas de la vida en Cuba”. Del mundo marginal de esa ciudad proceden la mayoría de los personajes de la obra: un policía que tiene negocios ilícitos y mantiene relaciones con un travesti, un juez padre de dos hijos que sale de noche en busca de jóvenes, un chico de provincia que se prostituye para sobrevivir, un señor que se aprovecha sexualmente de su sobrino, una joven que aguarda a su hermano para cenar, una guardaparques que cuida la estatua de un héroe. El nexo que los viene a interconectar es el asesinato de un muchacho, cuyo cuerpo es hallado en el Parque Central la madrugada del 24 de diciembre.

González Melo no se acercó a esa realidad con el ánimo de juzgarla o denunciarla, ni tampoco para ofrecer un discurso testimonial o socializador. Su acercamiento, por el contrario, destila ternura y comprensión por esos personajes, que tan similares son a otros que se pueden encontrar en Madrid, Nueva York, Buenos Aires o Londres. Pienso, en fin, que todos esos valores y aciertos estéticos alcanzan a justificar hasta qué punto es merecida la fama que acompaña a Chamaco.

Una puesta encarada con rigor

Lian Cenzano, Natacha Amador y Elvira Valdés. Cortesía de Alberto Sarraín

Resulta, por tanto, fácil comprender que Alberto Sarraín quedase seducido por un texto que, como él ha comentado, lo noqueó desde los primeros bocadillos y lo dejó sin defensas, cuando se lo escuchó leer a su autor en enero de 2005. Haberlo elegido para su retorno a Miami, tras siete años sin dirigir allí, es además coherente con su sostenido y apasionado empeño por dar a conocer al público hispano de esa ciudad obras de autores cubanos residentes en la isla. Eso, unido a su postura ideológica, así como a sus opiniones críticas y, en ocasiones, irreverentes sobre sus compatriotas del exilio, ha hecho de él una figura controversial, admirada por unos y denostada por otros. En todo caso, lo que nadie podrá cuestionar es su valiosa contribución al panorama escénico de Miami, que le debe varios de sus estrenos más significativos.

A esa lista de los buenos trabajos de Sarraín hay que sumar Chamaco. Se trata de un montaje encarado con rigor y tras el cual se advierte la mano directriz de un profesional concienzudo. Como premisas básicas, Sarraín ha partido de una concepción realista y de una respetuosa fidelidad al texto de González Melo. Ambos aspectos, sin embargo, demandan aquí ser precisados. Respecto al primero, aunque resulta evidente la relatividad de la noción de realismo, como ya señaló Roman Jakobson, me refiero a un concepto abierto y moderno de la estética realista, que nada tiene que ver con un naturalismo fotográfico y contenidista, que al aspirar al máximo de verosimilitud se queda en una copia simple, chata y, en definitiva, antiartística. Y en cuanto al segundo, hablo de una fidelidad no dogmática ni restrictiva para la creatividad del director.

Quienes hayan visto otros trabajos de Sarraín, saben que su respetuoso tratamiento de los textos en modo alguno implica que se limite a hacer de ellos una prudente “puesta en pie”. Servidor sí; criado no, bien pudiera ser la divisa que resume su idea del trabajo del director. En Chamaco eso se pone de manifiesto, ante todo, en un concepto preciso y concentrado en los elementos esenciales, que no se apoya en lo externo ni en ingredientes espectaculares. De eso, pienso yo, ha dependido el buen nivel estético alcanzado por su puesta en escena, pues el desborde y la estridencia hubiesen resultado contraproducentes para plasmar una escritura tan austera y seca.

La mano de Sarraín se evidencia también en su peculiar forma de pulimentar el montaje, en la inteligencia para potenciar subtextos y trabajar atmósferas y, en resumen, en su capacidad para transformar los signos textuales en acción e imágenes escénicas con entidad propia. Mérito suyo es también el haber dado coherencia interna a la puesta en escena e integrar al conjunto las luces, la música y la escenografía. Esta última, diseñada por Carlos Repilado, está compuesta por unos paneles con persianas desprovistos de cualquier componente naturalista, y cumple eficazmente al aportar la acotación neutra y los espacios donde se inscriben las realidades dramáticas. Sarraín, sin embargo, prefiere que su dirección no se note y entrega a los actores el verdadero sostén de la obra.

El elenco lo integraron ocho actores de edades, formación y experiencia muy diferentes. El solo hecho de mover, hoy por hoy, esa cantidad de personas en un escenario de Miami significa un reto que exige profesionalismo y talento. Sarraín lo ha asumido y el balance es satisfactorio. Ante todo, logró unificar los registros interpretativos y escuelas, y aunque respetó su diversidad consiguió que no hubiera disonancias notorias. A destacar, en primer término, la buena labor desarrollada por Juan David Ferrer y Adrián Más, en quienes recayeron los dos papeles principales. El primero proyectó admirablemente toda la dolorida interioridad de ese padre que lleva una doble vida, mediante un trabajo concentrado y austero. Algo similar hizo Más, al realizar una sincera y sobria concepción de su personaje que le permitió esencializar su profundo sedimento trágico. Un notable crecimiento como actriz demostró Alexa Kuve, quien en su monólogo expresó, con controlada intensidad, la frustración y el sufrimiento de esa chica veinteañera que no estaba preparada para ver a su hermano muerto. Asimismo Rolando Casín reveló las motivaciones y matices del papel del tío del joven protagonista al incorporar registros que lo llevaron de lo farsesco a lo patético. E incluso los mucho más novicios Lian Cenzano y Lyduán González realizaron un ingente esfuerzo por hacer creíbles sus personajes.

Orlando Casín y Adrián Más. Cortesía de Alberto Sarraín

Además de la hermana del joven asesinado, en Chamaco intervienen otros dos personajes femeninos, si así puede decirse. Uno es la guardaparques y otro La Paco, un travesti que vende flores, interpretados, respectivamente, por Natacha Amador y Elvira Valdés. Ambos centraron los dos señalamientos críticos principales que ha recibido el montaje. Uno tiene que ver con el hecho de que el papel del travesti fuera asignado a una actriz. Como comentó Antonio Orlando Rodríguez en su reseña en El Nuevo Herald, esa extraña decisión atentó contra la “realidad teatral” del montaje, e hizo que las escenas de La Paco con el policía no tuvieran la resonancia que habría producido la dinámica entre dos actores.

El otro error, en mi opinión, mucho más serio, fue que para este montaje González Melo redactó, a petición de Sarraín, unos versos que pasó a cantar Natacha Amador, y que supuestamente iban a servir como nexo para enlazar un cuadro con el siguiente. En realidad, resulta un agregado innecesario, que además afectó la fluidez de la obra. “El relato se detiene”, se dice en uno de los versos. Y eso es exactamente lo que ocurría: la acción se empantanaba a causa de esos añadidos superfluos que nada aportaban a la comprensión y, por el contrario, entorpecían el progreso dramático.

Esas objeciones hicieron que el montaje no alcanzara a ser un trabajo redondo o plenamente logrado, pero en modo alguno deben inducir a minusvalorar sus muchos aciertos. Así parece haberlo comprendido la reducida feligresía que totaliza el público de teatro de Miami. Entre esos espectadores, Chamaco dio bastante que hablar y tuvo, en general, una recepción favorable. Eso a pesar de tratarse de una obra dura, lacerante y, por eso mismo, difícil de digerir. Su eco, no obstante, podría haber sido mucho más amplio de no haberse visto condenada a una ridícula temporada de ¡cinco funciones! Ante esa muestra de insensibilidad y desprecio por el esfuerzo, el talento y los afanes que hicieron posible el estreno de Chamaco, sólo se me ocurre repetir lo que hace más de un siglo expresó Mariano José de Larra: “¡Después de todo eso, haga usted teatro!”.

José Antonio Ramos

Convocatoria Al Coloquio Internacional “José Antonio Ramos, conciencia intelectual de la primera república”

El Instituto de Literatura y Lingüística «José Antonio Portuondo Valdor», con sede en la ciudad de La Habana, Cuba, conjuntamente con la Universidad Mount Allison, de Canadá, y el Consejo Canadiense para las Humanidades y las Ciencias Sociales convocan al Coloquio “José Antonio Ramos, conciencia intelectual de la primera república”, con motivo del 125 aniversario del natalicio de esta significativa figura de la vida cultural cubana. Dicho evento se celebrará en la capital habanera, en la sede del mencionado instituto, sito en Avenida Salvador Allende 710 entre Soledad y Castillejo, Centro Habana, en los días comprendidos entre el 14 y el 16 de abril de 2010.

Dado el amplio espectro profesional en el que José Antonio Ramos (1885-1946) desarrolló su obra, a saber: dramaturgo, ensayista, narrador, bibliotecario y diplomático, en el encuentro podrán participar críticos, investigadores, profesores, especialistas en información científica y técnica y otros que de un modo u otro se interesen en el quehacer de esta figura.

Las áreas temáticas son las siguientes:
1.- La obra literaria de José Antonio Ramos (teatro, narrativa y ensayo).
2.- La labor periodística de Ramos.
3.- La carrera diplomática de Ramos.
4.- Ramos y la bibliotecología en Cuba.
5.- Ramos y sus contemporáneos ( personalidades de la cultura que se vincularon a él de una u otra forma).
6.- Ramos y su contexto histórico-cultural.

REQUISITOS para la participación:

1.- Hasta el día 15 de febreo de 2010 se aceptarán los resúmenes, que no deben exceder una cuartilla, los cuales deben resaltar los aportes de las ponencias.
2.- La comisión organizadora tendrá a su cargo la revisión de dichos resúmenes y se reserva el derecho de solicitar aquellos trabajos que, según se refleje en dichos resúmenes, reúnan las condiciones requeridas para ser presentados como ponencias. Se enviará una comunicación de aceptación a los seleccionados en la última semana del mes de febrero del 2010.
3.- Las ponencias, con una extensión no mayor de 20 cuartillas, se recibirán en la sede de la institución hasta el día 15 de marzo de 2010.
4.- La acreditación tendrá un valor de 50.00 pesos (M.N) para los participantes cubanos y de 50.00 CUC para los extranjeros, sean ponentes u observadores.

DATOS SOLICITADOS en la Boleta de Inscripción

Nombre y apellidos:
Especialidad:
Ocupación:
Participación como: Ponente__ Observador__
Título del trabajo:
Dirección:
País:
Fax:
e-mail:
Teléfono:

Adjuntar breve síntesis del trabajo y currículum junto a esta boleta por correo electrónico o correo ordinario a:

ramos_coloquio@ill.cu
jweiss@mta.ca
ill@ceniai.inf.cu
literatura@ill.cu

Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor”
Salvador Allende 710
entre Soledad Castillejo.
Ciudad de La Habana, Cuba.

El Centro Cultural Español y Teatro en Miami Studio presentan:

Retornado

de Tito Estrada

Retornado es una pieza teatral unipersonal sobre la problemática del migrante retornado. Con tres líneas argumentales no narra una historia, sino que profundiza en los efectos del retorno en los personajes, que han entrado en el círculo del eterno retorno de lo mismo. La acción se inicia cuando un actor “retorna” al escenario después de mucho tiempo de haberse retirado y se encuentra con los vestuarios, las máscaras y los elementos escenográficos con los que nuevamente recreará el drama. El actor, el migrante y el ciudadano son los personajes de un collage dramático que pretende evocar poéticamente el impacto social, cultural y personal de la migración en Honduras.

Tito Estrada: Actor y Director de Teatro, investigador y dramaturgo. Realizó estudios en la Academia Nacional de Arte Dramático de Honduras y Theatre Program de New York University. Graduado de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Colombia. Participante de la International School of Theatre Anthropology Teatral ISTA (Alemania 2000). Actualmente es profesor del Departamento de Arte de la UNAH. Director del Teatro Laboratorio de Honduras TELAH. Presidente de la Asociación Nacional para el Arte y la Cultura CONARTE. Coordinador en Honduras del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral CELCIT. Miembro del Comité Ejecutivo del Proyecto de Capacitación del Sector Teatro en Centroamérica EL CARROMATO. Afiliado a la Comunidad Hondureña de Teatristas COMHTE.

Proyecto Migraciones Mirando al Sur
Obra: Retornado
Autor: Tito Estrada
Funciones: Viernes 19 y sábado 20 de febrero de 2010
Hora: 8:00 pm.
Sala: Teatro en Miami Studio
Dirección: 2500 SW 8th Street. Miami, FL 33135
Teléfono: (305) 551-7473
Mapa

Entrada General: $10
Gratuito para socios del CCEMiami

Habrá también un Taller de actuación gratis
Día: Sábado 20 de febrero
Horario: de 10:00 am. a 1:00 pm.
Lugar: Teatro en Miami Studio.

AVISO: Las personas que tengan entradas para Retornado desde septiembre 2009, tienen que llamar al CCEMiami 305-448-9677 para confirmar su asistencia.
No se aceptará la entrada de las personas que no confirmen por teléfono.

Teléfono de contacto: 305 448 9677

Foto: Gastón de Cárdenas / Miami Herald

Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald
Fecha de publicación: febrero 02 de 2010

Después de presentarse en Boston y Pittsburgh, la compañía Bambalina viajó a Miami, gracias al Centro Cultural Español, para brindar en la sala Prometeo una única función de Kraft. Dos años atrás, este grupo de teatro de muñecos con sede en Valencia, España, nos había visitado con su memorable lectura del Quijote.

Kraft, con guión y dirección artística de Jaume Policarpo, es un divertimento que explora creativamente los vínculos del juego y la representación y, al mismo tiempo, reflexiona –evitando los peligros de lo didáctico y lo panfletario– sobre el tema del ambientalismo, una asignatura pendiente para la mayoría de los estados contemporáneos.

Kraft es, también, una suerte de homenaje lúdico al resistente papel, usualmente utilizado para labores de embalaje, que da título al montaje. Tres actores devenidos niños –Merce Tienda, Oscar Jareño y el propio Policarpo– se divierten y revelan las insospechadas posibilidades expresivas de un material que, por lo general, se mira con desdén. La exploración de las texturas, las formas, los movimientos e incluso los sonidos del papel sirven de fundamento a la dinámica puesta en escena.

Los intérpretes son de primera: bien entrenados, creativos y, sobre todo, muy desinhibidos. Tienda y Policarpo integran un efectivo dúo de clowns y el hilarante antagonismo entre ellos está matizado con detalles sutiles y felices, que evidencian una cuidadosa observación del universo de la infancia. Jareño asume su pintoresco personaje –testigo y cómplice de las travesuras de los otros dos– con un buen manejo de la voz y una peculiar vis cómica.

La música del espectáculo, que interpretan los actores recurriendo a sus voces y a poco tradicionales “instrumentos” de percusión y de viento (dedales, pitos, tiras de cinta adhesiva y casi cualquier cosa capaz de emitir sonidos), incluye desde desenfadadas corales polifónicas y arias operáticas hasta un simpático “rap ecológico” que nos alerta de que “el verde se quema,/ el aire se gasta/ (…) la tierra de vergüenza enloquece”.

“Todo es animable, cualquier objeto puede tener vida”, parece ser la premisa de esta propuesta de Bambalina. Para demostrarlo, un pliego de papel puede metamorfosearse, en un abrir y cerrar de ojos, en trineo, espada o pañuelo (en alegórica exhortación al reciclaje). Los estilizados títeres, inspirados libremente en la técnica del bunraku, resultan un hallazgo por su sencillez y elocuencia. Para destacar, la diva operática, el acróbata en zancos, la expresiva “bailaora” de flamenco y el japonés que hace gala de sus habilidades tanto para las artes marciales como para los tambores kodo.

Los creadores de Kraft saben bien que, como expresó el antropólogo Johan Huizinga en Homo ludens (1938), no hay verdadero juego sin libertad (ni verdadera libertad sin juego, cabría añadir); por eso, la cuidadosa partitura escénica deja un refrescante margen para la espontaneidad que el ensemble usa discreta pero eficazmente. Las jitanjáforas y onomatopeyas que permiten que los diálogos sean “entendidos” por públicos de distintos idiomas, el trabajo limpio y sincrónico en la manipulación y, sobre todo, el humorismo, la poesía y la capacidad de sugerencia que lo recorren de principio a fin, hacen de Kraft un espectáculo ingenioso y lleno de sorpresas.

Jorge Ovies y Vivian Ruiz. Foto: Luis de la Paz

Por Eddy Díaz Souza

El Instituto Cultural René Ariza (ICRA) inició este 21 de enero —el tercer jueves del mes— su quinta jornada de lecturas dramatizadas; un esfuerzo más que materializa esta institución con el propósito de compartir y difundir la obra dramatúrgica de los escritores cubanos en el exilio. La obra seleccionada para esta ocasión, Los días del milagro, fue escrita por Mario Martín en 1993. También es autor de Resurrección en abril, Me voy para Cuba y Mi hijo no es lo que parece, entre otras. Por su amplia y sólida trayectoria como actor, guionista y dramaturgo recibió el Premio René Ariza, en su edición 2009.

Los días del milagro es un ejercicio dramatúrgico, configurado a partir de la hipótesis de la caída del régimen totalitarista de La Habana y la repercusión de este suceso en la Isla y en Miami. Martín centra el conflicto en una típica familia cubana de los noventa, escindida por la política y ubicada en dos escenarios: el Vedado (cerca del restaurant El Carmelo) y Coral Gables. La obra comienza con uno de esos frecuentes apagones en la capital cubana y un diálogo entre Sagrada, viuda y enferma, y su hija Librada, esposa de Primitivo, que es un terco seguidor de los Castro. Entre mujeres, ventilan asuntos familiares y el rumor, cada vez más creciente, de la caída y fuga de personajes del gobierno. Juan Luz, hijo de Librada y Primitivo, vendrá luego a confirmar la noticia de la estampida y la agitación en las calles, rebosadas de euforia y venganza.

A 90 millas al norte, en Miami, la noticia es recibida con entusiasmo por el exilio cubano. Y mientras la mayoría de ellos preparan lanchas y viajes aéreos para regresar a la Isla, Libertad, la hermana de Librada, hace un balance de su vida, de sus logros, frustraciones y fracasos. Se pregunta, qué giro darle a su vida ante la nueva realidad. Intenta, por otro lado y sin mayor éxito, establecer comunicación telefónica con La Habana. El autor se apresura entonces a añadir sucesos sobre un fondo febril y turbio, en el que unos buscan la reconciliación y el encuentro con familiares, mientras otros emprenden la (re)conquista de espacios y alimentan su instinto revanchista. Sobre este telón, se inscriben algunas escenas cuyos conflictos se resuelven precipitadamente, como la ruptura de la joven pareja (Jean-Bárbara), tras la determinación del novio de embarcarse con sus padres en la aventura del retorno; la solución al tema del aborto introducido por Bárbara, la novia abandonada; el súbito romance entre Juan Luz y Olvido; la muerte de esta joven y la pasión —otra vez repentina— entre Juan y su prima Bárbara.

Aunque la obra se vale de elementos simbólicos para comunicar en varios niveles, no siempre éstos contribuyen satisfactoriamente a la resolución de los sucesos expuestos. Tampoco resulta convincente —ni conveniente— la opción reiterada del recurso discursivo. El perdón, es la palabra y el gesto que antepone Martín en esta comedia, con tintes de melodrama, para producir el milagro de la reconciliación.

La lectura tuvo lugar en la sala de Teatro en Miami Studio y subió a escena bajo la dirección de Rolando Moreno, quien logró una propuesta sobria, plasmada en dos planos, y con una atractiva banda sonora. El equipo de actores estuvo conformado por Joel Sotolongo, lector de las didascalias, de apariencia y dicción impecables; los jóvenes Jean Michel Fernández y María Karla Rivero Veloz, algo inseguros y con poco entrenamiento vocal; Jorge Ovies, en una doble caracterización plausible, aunque con algunos contratiempos con la luz y el manejo de objetos; finalmente, Vivian Ruiz y Daisy Fontao, quienes impusieron el ritmo y aportaron la vitalidad que exigía cada momento.

Los seguidores de las lecturas dramatizadas del ICRA, deberán tomar en cuenta el valor del boleto (7 dólares) y las lecturas programadas para los meses venideros, todas el tercer jueves de cada mes (excepto la lectura de la obra infantil), a las 8:00 p.m., en Teatro en Miami Studio, 2500 SW 8 Calle:

18 de febrero: Parapetados, de José Abreu Felippe
18 de marzo: Ángeles por la calle, de Normas Rojas.
15 de abril: La sal de los muertos, de Matías Montes Huidobro.
20 de mayo: El hueco en la pared, de Jorge Carrigan.
17 de junio: No son todos los que están, de Iván Acosta.

Lectura dramatizada de Teatro para niños y jóvenes
Martes 1 de junio: El príncipe y el mar, de Eddy Díaz Souza

Daisy Fontao y Vivian Ruiz. Foto: Luis de la Paz

Por Olga Connor
Fuente: El Nuevo Herald
Fecha de publicación: enero 26 de 2010.

El Instituto Cultural René Ariza (ICRA) inició el jueves su ciclo de presentaciones del 2010 con la lectura dramatizada de Los días del milagro, del escritor y actor cubano Mario Martín, en el Teatro en Miami Studio (2500 SW 8 St.), que dirigen Sandra y Ernesto García.

Una idea fundamental en los primeros años de la década de 1990 era que se caería el gobierno comunista en Cuba, a raíz de la caída del imperio soviético. Ante ese hecho histórico todos los exiliados creíamos que había que hacer planes. Mi peluquera pensaba poner una peluquería en Cuba; la agencia de bienes raíces decía que muchos clientes pensaban construir, comprar o reclamar propiedades en la isla, y muchos soñábamos con ir a cooperar con lo que fuera necesario. Pero la primera intención era de orden familiar, atar de nuevo los lazos familiares que se habían dislocado durante tantos años.

Con esas premisas, Mario Martín, un ilusionado de la vida, un optimista inveterado, armó en ese entonces una obra que tiene que ver con la decepción y la esperanza y sigue vigente en el 2010. Rolando Moreno le montó la lectura a Los días del milagro, con actores de lo mejor del patio, Vivian Ruiz y Daisy Fontao a la cabeza y Jorge Ovies, María Karla Rivero Veloz, Joel Sotolongo y Jean Michel Fernández. Por lo que como casi siempre ocurre en el ICRA, la obra parece el preludio a una puesta completa. En este caso, el tempo para el humor que Mario Martín incluye en sus textos quedó un poco en suspenso, ya que la lectura no permite ese ritmo tan necesario para que provoque la risa. Pero aun así se intuía. Otro segmento que se debiera revisar en una escenificación definitiva es el de los amores jóvenes, que se resuelven aquí de manera relámpago, sin preparar al público para la reacción natural o fluida entre los personajes. Pero en total fue una vivencia muy fuerte para los cubanos allí reunidos que sintieron el impacto de toda la gama de emociones que podrían surgir cuando haya plena libertad en Cuba.

Luis de la Paz, del ICRA, invitó a reunirse todos los terceros jueves de cada mes en ese mismo espacio para próximas lecturas de otras obras de autores cubanos.

Para ampliar la información sobre las lecturas dramatizadas, visite el weblog del ICRA.

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