POCA luz sobre la escena: dos textos teatrales en Miami

Marzo 30, 2008

Por Eddy D. Souza 

Ana en el trópico 

Por fin pude ver la tan comentada Ana en el trópico, drama original de Nilo Cruz, quien obtuvo por esta pieza el Premio Pulitzer (2003). Con semejante referencia, y algunos comentarios favorables, me acerqué con muchas espectativas al Teatro 8, donde el Hispanic Theater Guild ofrecía las presentaciones finales de la obra para esta temporada.

La sala del Teatro 8 es pequeña, con un aforo para 110 personas. La primera fila de butacas está tan próxima al escenario que la administración decidió colocar, muy visiblemente, una serie de carteles que invitan a la audiencia a no poner sus pies sobre la tarima. De hecho, se promociona en la web como una sala teatral íntima y acogedora. En mi opinión, esta proximidad e intimidad de la sala propone una comunicación más franca con la platea. Sin embargo, la propuesta escénica de Marcos Casanova para Ana en el trópico, corrió en sentido contrario a esta hipótesis.

La escenografía, compuesta por simples paneles forrados en yute, se complementó con unos pocos elementos de utilería, buscando así recrear las diferentes estancias por las que se movían estos personajes de principios del siglo XX, que van desde las largas naves de la tabaquería hasta las íntimas habitaciones donde se difuminan los encuentros eróticos. Pero, en este caso, la sobriedad no aportó teatralidad; la escenografía se limitó a delimitar espacios, el diseño de vestuario recreó una época (sin mucho entusiasmo) y la utilería, únicamente para ser “útil” a las acciones físicas de los personajes. En síntesis: poca creatividad e imaginación; selección desafortunada de elementos poco expresivos y polisémicos.

En el trabajo actoral no ahondaré. A falta de programa de mano (no se entregaron en esa función) y de familiaridad con los intérpretes, no pude registrar nombres y detalles acerca de sus trabajos. Sin embargo, debo resaltar que el tono “dramático” empleado suscitaba el divorcio entre el marco de representación y el auditorio. A pesar de este divorcio, el texto de Nilo Cruz logró cautivarme. En algún momento perdí el interés por los cuadros estáticos, el ritmo denso y monocorde de la puesta, la escasa imaginación para resolver los cambios de escena y la pobre artesanía de movimientos, y logré concentrarme (fundirme) en el texto de Cruz: líneas poéticas, con cierto color lorquiano, difíciles, a veces, para decir orgánicamente en escena. Y sí, algunos actores lograron salir airosos. Pero la metáfora de Nilo Cruz no tuvo luz en escena.  

Otra opinión muy diferente puede ser consultada en El Nuevo Herald, artículo escrito por Antonio Orlando Rodríguez.  

Lina

El Instituto Cultural René Ariza (ICRA), siguiendo su programa de lecturas dramatizadas, dio paso este jueves 20 de marzo a la lectura de Lina, obra escrita y dirigida por Marcos Miranda.

En el programa de mano puede leerse que “Lina es el reflejo del esplendor de una estrella de la radio, el cine y la televisión en la Cuba del 59, y de la decadencia de su extraordinaria carrera por la manipulación psicológica de su marido, que unida a las garras de la maquinaria política del régimen comunista, destruye no sólo su profesión, sino su alma. Conozca desde lo más profundo del interior de Lina; el final de muchas excelentes actrices cubanas“.

El propósito de la pieza, en cuanto a evidenciar algunas historias de frustradas actrices cubanas, resulta loable y un muy atinado e inteligente enfoque, desde el cual apreciar las resultantes de una política de Estado totalitario; sin embargo, el autor no consigue esta meta. Más bien se aparta de su objetivo para entregarnos finalmente un lamentable libreto de telenovela, un argumento banal y estereotipado que, en efecto, registra apropiadamente esos esquemas de la radionovela de 1940. En un intento por barnizar esta estructura y concepción, el autor recurre a la hipertextualidad, incluyendo en su discurso fragmentos de obras clásicas como Yerma o referencias a obras cumbres de la dramaturgia norteamericana (recuerdo especialmente la analogía con La gata sobre el tejado de zinc caliente, de Tenesse Williams, quien obtuvo con esta obra su segundo Premio Pulitzer en 1955). A pesar de estos aires externos, no logra el autor despegar del melodrama. Una y otra vez su texto se enmaraña en lo anecdótico, en el verbalismo y en temas que resuelve a nivel epidérmico, como la frustración amorosa, la homoxesualidad como prolongación sombría de la mujer y la imposición de lo masculino sobre lo femenino.

La obra puede ser resumida, anecdóticamente, en estas líneas: a espaldas de su marido, Lina logra entrevistarse con un funcionario de los Estudios Fílmicos Churubusco y llegan a un acuerdo: ella será contratada como figura para la pantalla grande mexicana. Este hecho, provoca la ruptura de la pareja. El director decide abandonar la casa y se marcha a vivir con su amante, que no es otro que el secretario personal de Lina. Al triunfar la revolución cubana, la actriz encuentra oposición a sus planes. Se cancela su viaje y proyectos en México. El director la contrata para el personaje de Yerma. Durante los ensayos, Lina se enamora de un joven actor. Luego, se van a vivir juntos. Lina pierde su programa en la radio. Deja de hacer televisión. El director le manifiesta su amor al amante de Lina. Éste lo rechaza. El director se suicida. Ella declama fragmentos de Yerma.

He pasado por alto algún que otro suceso, pero no demasiados como para perder el hilo de la trama. Ese es, en síntesis, el argumento. Quién busque en él algún vestigio de teatro psicológico, pierde su tiempo.

Los actores, por su parte, trataron todo el tiempo de resaltar como figuras. El sentido de promover la dramaturgia de autores cubanos en el exilio a partir de la lectura, se desdibuja por instantes ante el empeño del actor por lucirse en escena. Fue así como los actores llegaron a perder líneas, textos, y en más de una ocasión se vio improvisar. Pero, ¿y dónde queda el compromiso de leer justo lo que el autor escribió? Esto ocurrió en varias ocasiones. Y es lamentable. Como lamentable fue también el tono exagerado, a veces declamado, de los lectores (salvo el intérprete del joven actor, algo más natural en su forma de decir); lamentables también los elementos escenográficos, la pérdida de la memoria de la actriz finalizando la obra (o la ausencia del libreto en su mano) y la planta de movimientos diseñada por el autor del melodrama. Lamentable.  

Cosas positivas: el público que colmó la sala, la gente de Teatro en Miami Studio que brindó su espacio y la voluntad y los esfuerzos del Instituto Cultural René Ariza que coadyuvan a la difusión del teatro cubano en el exilio.       

Poca luz, pero menos sombras.


IX CONGRESO ISKO - ESPAÑA: nuevas perspectivas para la organización y difusión del conocimiento

Marzo 28, 2008

ISKO 

El Capítulo Español de ISKO (International Society for Knowledge Organization) anuncia la primera llamada para el envío de contribuciones para el “IX Congreso del Capítulo Español de ISKO” que se celebrará en Valencia los días 11,12 y 13 de Marzo de 2009.

Bajo el lema general “Nuevas perspectivas para la organización y la difusión del conocimiento” se abordarán los siguientes temas:

*    Epistemología del conocimiento

*    Los retos de la gestión del conocimiento en la multiculturalidad

*    La ubicuidad del conocimiento

*    Integración de las ontologías

*    Diseño y sistemas de información mediante ontologías

*    Ciclos de vida del conocimiento: renovación y obsolescencia

*    Ergonomía de la percepción para la mejora del conocimiento

*    Representación del conocimiento: modelado cuantitativo

*    Metadatos multimodales

*    Indexación y recuperación de imágenes, videos y audio mediante buscadores

*    Indexación multimodal

*    Ontologías y mapas semánticos

*    Sistemas de recomendación y de filtrado colectivo

*    Normativas y estándares que contribuyen a la difusión y accesibilidad del conocimiento

*    Las redes sociales y el conocimiento colaborativo

*    Nuevas perspectivas para el conocimiento en la Web.2

*    La accesibilidad al conocimiento

*    La reutilización del conocimiento en la e-administración

*    Tecnologías para la web semántica

*    Personalización y adaptación de contenidos.

IX CONGRESO ISKO - ESPAÑA NUEVAS PERSPECTIVAS PARA LA ORGANIZACIÓN Y DIFUSIÓN DEL CONOCIMIENTO

1. Tipos de contribuciones aceptadas

Serán aceptados para este congreso: artículos científicos, pósters y propuestas para talleres.

Aquellos que estén interesados en presentar una comunicación en el IX Congreso del Capítulo Español de ISKO deberán preparar un resumen que será sometido a revisión y que posteriormente se publicará en una
monografía editada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad Politécnica de Valencia.

2. Revisión de las contribuciones

El comité científico del IX Congreso del Capítulo Español de ISKO revisará y evaluará los resúmenes, para decidir su admisión en función de criterios de relevancia, calidad, claridad y originalidad.

Los autores deben resaltar de forma clara el objetivo central o la hipótesis de la investigación, además de presentar algunos resultados preliminares.

Fechas destacadas

Envío de resúmenes: hasta el 1 de Julio de 2008 a la siguiente dirección: magies@aaa.upv.es

Notificación de la aceptación provisional y solicitud texto completo: 1 de Septiembre de 2008

Entrega de textos completos: hasta el 30 de Octubre de 2008.

Esta será la versión predefinitiva y será sometida a evaluación.

Última revisión y envío de la versión definitiva: hasta el 31 de Diciembre de 2008

Propuestas de comunicaciones

IX CONGRESO ISKO - ESPAÑA NUEVAS PERSPECTIVAS PARA LA ORGANIZACIÓN Y DIFUSIÓN DEL CONOCIMIENTO

3.Guía para el envío de resúmenes

Las lengua de trabajo del congreso serán el castellano, inglés y portugués y los resúmenes deberán tener una extensión de entre 500 y 1000 palabras. La primera página deberá incluir la siguiente información:

IX Congreso del Capítulo Español de ISKO

Valencia,11-13 de Marzo de 2009

Nombres de los Autores:

Afiliación

Información de contacto

Tipo de contribución (Artículo, Póster, Taller)

Título

El resumen debe incluirse en la segunda página (ningún nombre debe aparecer en esta página).

Se recomienda el envío por correo electrónico en Word o RTF (indicando ISKO en el campo del tema) a la siguiente dirección:

magies@aaa.upv.es

Las normas para la presentación de las comunicaciones aceptadas serán enviadas a los autores cuando se les comunique la decisión del Comité Científico.

RECEPCIÓN DE RESÚMENES E INFORMACIÓN

Website: ISKO

Contacto:

Secretaría del Congreso

Grupo de Investigación CALSI.

Instituto de Diseño y Fabricación

Universidad Politécnica de Valencia

Camino de Vera s/n C.P. 46022, Valencia.

Teléfono: 963877000 Ext. 88924


SEARCHme

Marzo 25, 2008
Searchme

Aún no se estrena y ya se percibe el olor del éxito en las autopistas del ciberespacio. Rueda la noticia de blog en blog y pareciera información ya vieja en los titulares de los Twitter. Se trata del buscador Searchme. La iniciativa echó a andar en el 2005 y ha contado con un importante apoyo financiero (31 millones de dólares americanos), fundamentalmente de Sequoia Capital, el mismo grupo que apostó al éxito de Google.

Mientras Google ofrece resultados a partir de enlaces de texto, Searchme intentará mostrar resultados a partir de una sucesión de imágenes o cubiertas, al modo del Cover Flow de los iTunes de Apple. 

Los creadores de esta nueva herramienta de búsqueda, instalados en California, Estados Unidos, dicen de ella:

Searchme te permite ver lo que estás buscando. A medida que vas escribiendo, aparecen categorías relacionadas con tu consulta. Elige una categoría y verás imágenes de las páginas web que responden a tu búsqueda. Puedes revisar estas páginas para encontrar rápidamente la información que requieres, antes de hacer clic“.

EL LIBRO todavía le lleva ventaja a la cultura cibernética

Marzo 23, 2008

La idea servirá de lema para la próxima Feria, que comenzará el 24 de abril

Libros abiertos 

Por Luis Gregorich

La Nación. com. Opinión. Buenos Aires, marzo 14, 2008.

Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=995394

Según se ha informado, el lema de la próxima Feria Internacional del Libro de Buenos Aires será (de modo casi redundante pero siempre justificado): “El espacio del lector”, marco que convocará, además, a un Encuentro Internacional con reconocidos especialistas. Se sabe, al mismo tiempo, que en las mesas de debate de este importante acontecimiento cultural no faltará la discusión, últimamente reiterada, acerca de las cibertecnologías y su relación con la lectura y la escritura.

La edición número 34 de la Feria se desarrollará del 24 de abril al 12 de mayo, en el predio ferial de la Rural, en Palermo.

Ya van dejando de tener vigencia los vertiginosos pronósticos sobre la progresiva desaparición del libro impreso y editado en papel, y su reemplazo por experiencias intertextuales beneficiadas por una (supuesta) mejor interactividad, una (¿para qué?) mayor velocidad de aprehensión y una festiva correspondencia con la civilización de la imagen.

Con todo, debe reconocerse que la multiplicación de los blogs, la facilidad para cruzar links, las bibliotecas online, la enorme disponibilidad de información y las facilidades para la comunicación interpersonal han contribuido, entre otras cosas, a quitarle sacralidad al viejo libro, depositario de la Razón occidental, y a situarlo en una misma línea competitiva con los nuevos artefactos culturales. Sin embargo, todavía lleva una pequeña ventaja.

Una historia de cinco mil años habla, ante todo, de un pasado. El libro, sin duda, lo tiene, sea que incluyamos en él los rollos egipcios, los pergaminos del Asia Menor, los códices romanos y los devocionarios medievales, sea que nos limitemos –lo que sería injusto– a los libros salidos de la imprenta de tipos móviles, que inventó un caballero de Maguncia que se ocultó bajo el nombre de Juan Gutenberg, y a lo que sucedió después de este invento que, por lo demás, ya había sido inventado, como casi todo, por los chinos.

Seamos justos: una historia formidable, que no atesora quizá ninguna otra creación humana. En el comienzo de más de una religión universal, en la génesis de revoluciones políticas y científicas, está invariablemente un libro: la Biblia, el Corán, El Capital, de Marx; la Memoria sobre la teoría de la relatividad, de Einstein; la Interpretación de los sueños, de Freud. Para los que ejercemos, de una u otra forma, el vicio de la literatura, el libro es un inevitable fetiche: qué sería de nosotros sin los Demonios, de Dostoievski; sin De Profundis, de Wilde; sin las Iluminaciones, de Rimbaud; sin Pierre Ménard, Funes el memorioso o el sobrino de Wittgenstein…

Esta enumeración desordenada instala una perplejidad: ¿de qué hablamos cuando hablamos de libro? ¿Del objeto de papel y tinta, impreso y encuadernado, o de un singular producto cultural, cuyo valor y especificidad son más simbólicos que materiales? ¿Qué es un libro? ¿Un vehículo como tantos otros en el que se depositan, para desplegarse y transmitirse, la inteligencia y la emoción humanas? ¿Una mercancía o una reliquia? No resolvemos la cuestión, si decimos que es todo eso a la vez.

Un objeto que, en todo caso, requiere a un sujeto para su realización plena, sin el cual sería ganga inerte, materia sobrante sin destino. Objeto/sujeto, libros/lectores: densa proliferación de la intersubjetividad que, por ahora, sólo pálidamente pueden imitar las escrituras electrónicas y sus consumidores, aunque nada les prohíbe esmerarse en el futuro.

El espacio de los sujetos, es decir, de los lectores (quisiera decir, ante todo, de los lectores de libros), nos instala en otro mundo de problemas y de exigencias.

Una reflexión puramente descriptiva no es suficiente, y se extiende ahora a las políticas públicas y a las decisiones sociales. La educación de los más jóvenes se ha visto gravemente vulnerada por enseñanzas sin libros, y por la preeminencia de la improvisación y la facilidad frente a las complejidades de la lectura. A menudo, se ha ensalzado el brinco hacia las nuevas tecnologías sin haber tenido tiempo ni recursos para ejercitarse en las tradicionales, que están lejos de haberse marchitado.

Una de las más distinguidas expertas en lectura y escritura, la argentina Emilia Ferreiro, ha resumido así el problema: “El real desafío es el de la creciente desigualdad: el abismo que ya separaba a los no alfabetizados se ha ensanchado aún más. Algunos ni siquiera llegaron a los periódicos, los libros y las bibliotecas, mientras otros corren detrás de hipertextos, correos electrónicos y páginas virtuales de libros inexistentes. ¿Seremos capaces de darnos una política del acceso al libro, que incida sobre la superación de esta creciente desigualdad? ¿O nos dejaremos llevar por la vorágine de la competitividad y la rentabilidad, aunque la idea misma de democracia participativa perezca en el intento?”.

Una computadora por alumno. Una pequeña biblioteca (¿quién elige los títulos?) en cada vivienda social que se construya. El paternalismo iluminista es muy loable, siempre y cuando sus promesas se cumplan y formen parte de un auténtico proyecto educativo de inclusión. En caso contrario, esas computadoras podrían rápidamente dejar de funcionar por falta de mantenimiento, y esos libros terminar en la mesa de saldos o abandonados en un cajón, vírgenes de lecturas. Si los libros no se leen, tanto da que estén en una casa humilde o en la mansión de un nuevo rico, como es el caso del protagonista de El gran Gatsby, la clásica novela de Francis Scott Fitzgerald, que se luce con sus estantes llenos de libros “auténticos”, no meras maquetas de cartón, pero a los que, discretamente, jamás ha leído ni ha llegado a separar sus páginas.

La historia de la lectura, transitada durante siglos por minorías privilegiadas, desemboca en la democrática epopeya de la alfabetización masiva, materia que aún se adeuda en muchos lugares del mundo, y cuyos efectos benéficos suelen verse restringidos por la aparición de la figura del analfabeto funcional, que incluso entre nosotros, orgullosa patria del legado sarmientino y la ley 1420, ha crecido en las últimas décadas.

Es obvio que el libro, el viejo libro, tiene aún un papel que desempeñar en esta crisis, y que reclama una política articulada entre el Estado y la industria editorial, que no se limite a la simple compra masiva de libros, tan apreciada por los editores, pero tan alejada de toda estrategia de futuro.

La creación de institutos del libro nacionales y provinciales, el impulso a una legislación de protección y fomento, el apoyo activo al autor nacional, son sólo algunos de los mojones de un largo camino en que deberían colaborar la decisión estatal y el ingenio privado.

Se ha mencionado una palabra algo desprestigiada en los recientes estudios socioculturales: autor.

Estos artesanos de la palabra, llámense poetas, novelistas, ensayistas, historiadores, dramaturgos, historiadores, filósofos, científicos, o, sencillamente, cualquier audaz ciudadano que se consagró a escribir un libro, han atravesado también los siglos con una cambiante mochila de jerarquías, desde el trabajo esclavo del escriba egipcio y la sufriente dedicación de los monjes medievales hasta la celebración de los actuales campeones del best seller.

Ellos también son lectores, situados en una red, que los vincula a través del tiempo, en sus propias lenguas y tradiciones. Algunos lo son de modo natural, otros de manera profundamente autoconsciente, como nuestro Jorge Luis Borges, que se consideró a sí mismo antes un lector que un autor, y cuyos mejores textos demuestran que era ambas cosas en grado superlativo.

Hay muchos textos literarios que se refieren a las consecuencias (pedagógicas y emocionales) de la lectura. Elegimos, para cerrar con un buen ejemplo, uno escrito hace un siglo, por O. Henry, el padre del moderno cuento norteamericano.

El relato se llama “El manual del himeneo” (hay una muy buena versión en nuestro idioma por Virginia Erhart) y trata de dos amigos, Sanderson Pratt e Idaho Green, más bien rústicos e incultos, que quedan cercados por la nieve en una cabaña, “más allá de la frontera de Montana”, durante varios meses. Afortunadamente, tienen provisiones y encuentran en la cabaña dos –nada más que dos– libros. Cada uno elige el suyo y lo lee y relee devotamente, puesto que no hay mucho por hacer.

A Sanderson le toca el Manual de Herkimer, una especie de guía sobre datos curiosos y primeros auxilios: desde cuántos dientes tiene un camello hasta la manera de revivir a un ahogado o un insolado. A Idaho le toca nada menos que las Rubaiyat, de Omar Khayyam, cumbre de la poesía persa. La opinión que los dos se forman acerca de sus respectivos tesoros, y el debate sobre cuál es mejor, alimentan sus jornadas solitarias.

Ya fuera de la cabaña, recalan en un pueblito, y allí intentan enamorar a la misma mujer, una viuda atractiva, cada uno con el bagaje adquirido en sus respectivas lecturas. La simpática viuda se espanta ante “las francachelas de la Rubia Yat”, y se conmueve oyendo las estadísticas de las minas de carbón, y las maneras de aplicar el torniquete en una herida. Gana el Manual de Herkimer y pierde la poesía persa. ¿Qué libro es más válido? ¿Y qué lectura es mejor?

La respuesta podría ser que un libro es pura magia, aunque sea un manual de primeros auxilios, y que la lectura es un espacio de libertad, siempre dispuesto a recibirnos y a rescatarnos, si hiciera falta, de otras tristezas cotidianas.


APUNTES sobre la historia de la lectura en Occidente

Marzo 22, 2008

Por Eddy D. Souza

Lector con perro

 

 

Fue la urgencia, evidentemente imperativa, de registrar los acontecimientos más notables, los saberes acumulados por generaciones, los progresos en materia científica, la historia, la cultura, el comercio, entre otros, lo que motivó al hombre a diseñar caracteres, herramientas y soportes con la finalidad de preservar esta memoria, para uso de los hombres y mujeres de su tiempo y, por supuesto, como patrimonio de generaciones venideras. Según las indagaciones del bibliotecólogo Fernando Báez, los primeros textos de los que se tenga noticia provienen de la ciudad de Uruk y datan de los años 4100 o 3300 a.C.[1] 

 

 

 

Para escribir, en un comienzo, fue necesario contar con escribanos, desarrollar a su vez los instrumentos y materiales cuya superficie (y composición) permitieran la escritura (y su permanencia). Pero la escritura requirió también de un lector; es decir, precisó de un individuo con capacidad para decodificar, comprender y comunicar aquella organizada estructura sintáctica y semántica.

Como apunta Georges Jean, entre otros escritores, el arte y técnica de la escritura y la lectura estuvo reservada —en un principio y por largo tiempo— a las castas y elites en ejercicio del poder.

 Escribir y leer la escritura cuneiforme no era cosa fácil para los antiguos mesopotámicos. Este arte estaba en manos de los que sabían trazar los signos, conocían su pronunciación y las diferencias de sentido en función del contexto (…) los escribas, maestros de la escritura, constituían una casta aristocrática más poderosa a veces que la de los cortesanos “analfabetos” o incluso que el propio soberano (…) Saber escribir y leer era ya entonces un poder, y también un privilegio.[2] 

Este mismo autor advierte que, años más tarde, la utilización del pergamino como soporte para la escritura modificará a fondo las herramientas, procesos y métodos para escribir y leer. Otro tanto ocurrirá, evidentemente, con la invención de la imprenta en 1450. Analizando estos hechos, puede entonces inferirse que las transformaciones producidas en las tecnologías de la escritura y la lectura inciden drásticamente en los procesos y capacidades de aprendizaje y en el desarrollo de la humanidad. Tales cambios y consecuencias pueden ser analizados desde nuestra perspectiva contemporánea donde, precisamente, la innovación tecnológica ha impuesto brechas, mientras conviven la lectura en medios impresos y la lectura en redes informáticas.

Lector de tabaquer�a

 

 

Para Alberto Manguel, sin embargo, existen dos momentos en la historia de la lectura, y no precisamente determinados por cambios tecnológicos. Señala Manguel, con su poético modo de pasearse por los caminos de la lectura, que un primer período sería aquel en el que prevaleció la lectura en voz alta y un segundo momento, cuando se inicia la lectura silenciosa. Es, en este caso, la técnica de la lectura y no la tecnología la causa de los cambios. Según Julián Jaynes, hacia “el tercer milenio a.C. la lectura pudo haber sido (…) una cuestión de oír la escritura cuneiforme, es decir, imaginar las palabras habladas al mirar sus símbolos pictóricos, en lugar de la lectura visual de sílabas en el sentido en que nosotros la entendemos”.[3] Otros autores reconocerán la estabilización de la práctica de la lectura silenciosa para el siglo X. No obstante, Manguel recuerda que ya para el siglo IV, San Agustín manifestaba su arrobamiento ante el modo de leer de San Ambrosio:

Cuando leía, sus ojos recorrían las páginas y su corazón penetraba el sentido; mas su voz y su lengua descansaban. Muchas veces, estando yo presente, pues el ingreso a nadie estaba vedado ni había costumbre en su casa de anunciar al visitante, así le vi leer en silencio y jamás de otro modo.[4] 

Alfaro López, Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, coinciden en sus apreciaciones sobre la conformación de tres etapas en la historia de la lectura, desde la Edad Media hasta nuestros días:

“…la primera revolución señala el tránsito de la lectura oral a la lectura silenciosa, la cual es incluso anterior a la revolución sufrida por el libro; la segunda revolución, que aconteció con anterioridad a la industrialización en la fabricación de lo impreso, transita de la lectura intensiva a la lectura extensiva; y la tercera es la más radical de tales revoluciones (…) la transmisión electrónica de los textos (…) porque, desde luego, leer en una pantalla no es lo mismo que leer en un códice…[5] 

Manguel advierte que a partir del siglo VI las prácticas de lectura oral, de lectura pública, se van haciendo cada vez menos usuales; tal vez para dar paso a un estilo de lectura íntima… Durante los siglos XIV y XV se registra un nuevo interés por la oralización pública de textos, tanto laicos como religiosos. Pero será, definitivamente en el siglo XIX cuando alcance su máximo esplendor la lectura pública de poemas y narraciones en la voz de sus propios autores. Charles Dickens, por ejemplo, dominará los escenarios y salones ingleses, mientras que poetas cubanos declamarán sus versos en las tertulias de Domingo María del Monte, ilustre cubano nacido en la ciudad de Maracaibo en 1804. Tan célebres fueron las tertulias de Domingo Del Monte como las lecturas realizadas para las multitudes de obreros de las tabaquerías cubanas.

Luego, la tercera revolución: el texto electrónico. Cavallo y Chartier consideran que las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) modifican las anteriores experiencias y hábitos lectores, al introducir el texto en un nuevo contexto, texto o artefacto textual que se presenta en una amplia gama de formatos, con múltiples enlaces, referentes e imágenes, texto que puede ser transformado y recuperado en cualquier momento y desde cualquier punto del globo terráqueo —eso sí—, teniendo la tecnología adecuada que le permita acceder a la red.

La historia de la lectura puede ser edificada e interpretada desde disímiles aristas. Todas conservarán la impronta de quien la escribe; pero, sobre todo, mostrarán las relaciones entre las formas de gobierno, las políticas, las tecnologías, las sociedades y la lectura.



Notas:

[1] Fernando Báez. Historia universal de la destrucción de los libros : de las tablillas sumerias a la guerra de Irak. Caracas: Debate, 2004. p. 29.

[2] Georges Jean. La escritura : memoria de la humanidad. Barcelona, España: Ediciones Grupo Zeta, 1998. p. 20-21.

[3] Citado por: Alberto Manguel. Una historia de la lectura. Madrid: Alianza editorial, 2001. p. 74-75.

[4] San Agustín. “Confessions”. Citado por: Alberto Manguel. Una historia de la lectura. Madrid: Alianza editorial, 2001. p. 81.

[5] Héctor Guillermo Alfaro López. Tiempo líquido : la crisis del libro y la lectura [en línea]. Investigación Bibliotecológica. Vol. 14, n° 28. México: Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, 2000 [citado septiembre 20, 2006]. Disponible en: <http://www.ejournal.unam.mx/iibiblio/vol14-28/IBI02804.pdf> p. 58.