El Premio La Aurora de Matanzas, que entrega la Asociación Cubana de Bibliotecarios en Matanzas a personalidades que se destaquen en la labor de promoción de la lectura, fue entregado el 17 de junio a las 2:30 pm en la Sala de Actos de la Biblioteca Antonio Guiteras, al director escénico, actor titiritero, profesor e investigador Rubén Darío Salazar. La premiación contó con una representación del espectáculo Una niña con alas, último estreno del Teatro de Las Estaciones liderado por Salazar, y con las palabras de homenaje del dramaturgo e investigador Ulises Rodríguez Febles, director del Centro de Documentacíón e Investigación de Las Artes Escénicas Israel Moliner Rendón. Por la valía del discurso de salutación escrito por Rodríguez Febles, lo ponemos a su disposición.
RUBEN DARIO SALAZAR y sus muchos defectos
Ulises Rodríguez Febles
Rubén Darío Salazar tiene como siete u ocho defectos, entre ellos, que como todo poeta siempre tiene que tener público, aunque sean rinocerontes – dijo Nietzsche. Otro defecto es que tiene enemigos, como todo el que trabaja, el que tiene ideas, el que es inquieto, el que tiene capacidad de organizar, de crear y de fundar. Es transgresor, y además de refinado y sensible, también es batallador, hasta convertirse en un guerrero que muchos quisieran decapitar. Ciertamente se merece un premio como este, aunque otro de sus defectos, es que los quiere todos, y ciertamente lo consigue. En realidad todo lo que tiene, lo ha logrado trabajando, obsesivamente, diría Zenén Calero, incansablemente, pueden decir otros. Y lo ha ido consiguiendo desde que se graduó del ISA con el memorable Okín, siempre dudando, siempre queriendo hacer más, siempre aprendiendo de todos, reconociendo que la única manera de ser maestro, es ser eterno alumno. Rubén está informado, una palabra que gusta a muchos y no saben lo que significa. Rubén está informado porque simplemente lo ha alcanzado por un camino largo y escabroso, placentero, pero lleno de dudas, que se va sedimentando con la vida y la búsqueda incesante. Está informado porque ha leído, ha viajado, ha visto y ha aprendido, fundamentalmente investigando, lo que pocos hacen. Los libros son una luz a medias. Indagar en los seres humanos, en los documentos contradictorios y polémicos, es la luz completa. Aunque conoce Europa, porque ha estado allí, porque ha visto su teatro, jamás y nunca se declara influenciado por lo europeo, más bien lo reta y le lanza sus desafíos. Incluso lo auténticamente europeo, en su obra es arrasadoramente cubano. Un creador auténtico no es solo erudición. La erudición tampoco es inteligencia, porque esta es iluminación. En él se combinan, raramente. Rubén es león, no cordero que necesita pastor para que le toquen la flauta y le guíen el camino. Los corderos casi siempre se pierden, porque confunden la música y los caminos.
Dramatúrgicamente hablando, estamos ante un personaje polifacético, según Shaeffer, pluridimensional, según Spang. Es decir, de compleja riqueza y heterogeneidad de atributos, en las que solo he intentado sintetizar los rasgos jerárquicamente dominantes que su personalidad me permite. Se merece este premio porque ha promocionado la literatura dramática, la lírica, la épica – estoy hablando de géneros mayores- en cada puesta suya, desde que inició su aventura en 1994. Si lo hace es porque la conoce a profundidad y si no la conoce, llega a dominarla porque tiene la sensibilidad para hacerlo, vocación de conspirador, mestizaje de razas y culturas, capacidad de comunicación innata, una audacia singular basada en el riesgo, fusión de Hernán Cortés (1), con Antonio Maceo y el cacique Guamá y especialmente, es un humanista viviendo en el palpitante corazón de un hombre de teatro. Y ya eso es bastante para una sola persona. Y eso también para muchos es un problema.
1- Hernán Cortés fue el primer alcalde de Santiago de Cuba, es decir, no lo menciono sin tener motivo exacto del porque lo hago. Esto ocurrió el 24 de abril de 1494.



