FINALIZA EL FESTIVAL de Teatro con Virgilio Piñera
Por Ángel Cuadra
Fuente: Diario Las Américas
Fecha de publicación: 07-24-2009
Con la obra Aire frío, del dramaturgo cubano Virgilio Piñera, presentada por Teatro Avante, desde el 22 al 25 de julio, cae el telón final del XXIV Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
Un doble aniversario tiene lugar con la presentación ahora de esta obra: hace 50 años de la fecha en que Aire frío se estrenó en Cuba, y hace 30 años de la fecha en que se fundó Teatro Avante en Miami.
Virgilio Piñera es, sin duda, el dramaturgo más significativo del Siglo XX cubano. Sus obras de singular originalidad, comparable con las más destacadas de la vanguardia europea de su tiempo, han recorrido los escenarios de casi todos los países de habla hispana.
Aire frío es una de sus más destacadas piezas dramáticas, no obstante estar escrita dentro de una estructura dramática más convención. Esta obra presenta la historia de la familia Romaguera durante el período de las dos décadas anteriores al año 1959.
Ángel Romaguera y Ana son los padres de una familia cubana de muy modesta situación económica; tienen cuatro hijos, entre ellos una hembra, Luz Marina. Esta es el sostén económico de la casa, con su arduo trabajo de costurera a domicilio, cuya existencia está atada a su máquina de coser, en agobiante cotidianidad, solterona, y a cuyo cuidado están sus padres, Ángel y Ana, ya sin actitudes para el trabajo, por los achaques y la edad.
Uno de los hermanos reside en la misma ciudad de La Habana, con su esposa e hijos, a los que tiene que mantener. Los otros dos hermanos han emigrado temporalmente; uno, Enrique, a Nueva York; el otro, Luis, poeta y escritor, a Argentina. Pero todos coinciden en la reunión familiar de cada año en los días de la Navidad.
Esta puesta en escena es una versión extractada (la pieza original consta de tres actos, aquí reducida a uno sólo), hecha por Raquel Carrió, residente en Cuba, y adaptadora de varias obras en distintas ediciones anuales de este Festival.
La historia de la familia Romaguera se cuenta también, en esta puesta, en los episodios de la misma que narra Luz Marina. Para ello, en un lugar aparte del escenario, aparecen como visiones retrospectivas, esos breves acontecimientos de silenciados problemas de la familia.
En el hermano que viaja a Argentina hay una cierta referencia autobiográfica de Virgilio Piñera, quien residió en un tiempo en aquel país.
La puesta en escena estuvo bajo la dirección de Mario Ernesto Sánchez (director de Avante y del Festival), con cuyo elenco de actores consigue una buena representación de Aire frío.
Es de destacar la labor de Marilyn Romero en el papel de Luz Marina, eje central de la trama, la que mantiene en todo momento su personaje, con las varias transiciones que tiene el mismo, el cual ella matiza desde la gravedad dramática de la agobiante cotidianidad sin futuro, hasta la comicidad de humor negro y la gracia del juego de la fantasía jovial que realiza con su hermano Oscar.
Gerardo Riverón tiene a su cargo el papel del padre, con su “refunfuño” casi constantemente y los achaques de la vejez en avance, en lo que hace un buen trabajo.
Ana Viña, como la delicada y sufrida Ana, madre del núcleo familiar, un tanto apagada en el inicio, lo que hace atinadamente, pero en el final de la vejez, cuando es más adecuado.
Los tres hermanos están adecuados dentro del nivel de actuación general, que es bueno: Jorge Luis Álvarez como Oscar, Julio Rodríguez como Enrique (y el personaje de Miranda) y Tony Benítez como Luis.
La escenografía es funcional y bueno el juego de las luces. Es de resaltar el aspecto de la música, hecha al efecto por el destacado autor musical Mike Porcel.
Con este epílogo, y sin otra calificación que simplemente bueno en esta jornada anual, cae el telón final de este XXIV Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
El falso Piñera de AVANTE
Por Antonio Orlando Rodríguez
Especial/El Nuevo Herald
Cada nuevo montaje de Aire frío, de Virgilio Piñera, es un acontecimiento para el teatro cubano. Por eso, antes de asistir a su estreno por el grupo Avante, releí ese texto paradigmático, pensando que así podría apreciar mejor la adaptación hecha por Raquel Carrió, profesora de dramaturgia del Instituto Superior de Arte de Cuba y colaboradora habitual de Avante.
Comienza la representación: frente a su máquina de coser, Luz Marina se queja del calor habanero (una metáfora de su existencia asfixiante). La magia de Piñera empieza a materializarse. Pero, de pronto, el texto original de Aire frío desaparece y es sustituido por otro distinto. Me pellizco. ¿Estaré soñando? Aunque cueste creerlo, los diálogos que dicen los actores no son los que escribió Piñera. ¡Están a años-luz de su imaginación y de su riqueza de connotaciones! ¿Qué pasó? En el escenario están los miembros de la familia Romaguera de siempre, pero al mismo tiempo, no son ellos: son como sus retratos desvaídos.
El espectáculo prosigue. Aquí y allá, de forma ocasional y aislada, capto algún parlamento de Piñera. El resto del material es apócrifo: un falso Piñera, algo que el gran autor nunca escribió. Y así sigue la obra hasta el final.
Al volver a mi casa, marco en mi ejemplar de Aire frío los parlamentos que se dijeron en la función. Confirmo que fueron muy pocos. Fui a ver una supuesta “adaptación” de un clásico del teatro cubano, pero lo que se representó fue otra obra, con diálogos y estructura muy diferentes, y sin la calidad de la anunciada. ¿Por qué se nos aseguró que era el Aire frío de Piñera? Lo justo habría sido ofrecerla como una obra escrita por Raquel Carrió, inspirada en los personajes y las situaciones del texto de Piñera, y ponerle otro título.
Obviamente, partir del universo de ficción urdido por otro autor y utilizarlo para hacer algo disímil es una opción dramatúrgica lícita. El problema surge cuando esa nueva creación se atribuye al autor del texto usado como base. Si Avante prefirió escenificar el Aire frío de Carrió y no el de Piñera, es una decisión respetable. Lo preocupante es que el público salga de la sala creyendo que vio la obra clásica del teatro cubano, cuando no fue así. Se le dio gato por liebre.
La plasmación escénica de esta deslucida paráfrasis de Aire frío tuvo aciertos que bien merecían haber estado al servicio de la verdadera obra de Piñera. La escenografía de Noa y Balmaseda rompe con la tradición realista asociada con la obra y propone un espacio sugestivo, con vitrales y rejas estilizados, y paredes carcomidas que testimonian el derrumbe de los Romaguera. La música de Mike Porcel propicia una atmósfera entre nostálgica y dramática de gran efectividad. La dirección de Mario Ernesto Sánchez resuelve con dignidad los juegos espaciotemporales del material literario y logra delicados destellos poéticos, como la imagen de Oscar en el barco o la iluminación del árbol de Navidad. El elenco, de primera, hizo lo imposible por sacarle partido a un texto que ofrecía limitadas posibilidades, especialmente en los casos de Ana Viña y Gerardo Riverón. Jorge Luis Álvarez compuso un provocativo y vulnerable álter ego de Piñera; Julio Rodríguez logró una estupenda caracterización como Miranda, y Marilyn Romero demostró tener la energía que demanda una buena Luz Marina (sería interesante verla asumir el personaje tal como lo plasmó su creador).
Lo que el público recibió no fue ni una adaptación ni una versión, sino una especie de “sucedáneo” con énfasis en lo expositivo. En un diálogo que anoté durante la función, Oscar le dice a Luz Marina: “Es tan absurdo que parece un chiste”. Y ella replica: “Sí, pero un chiste cruel”. Esa podría ser una buena descripción de este Aire frío despojado del auténtico verbo piñeriano.
El año pasado, una figura del teatro local me comentó su deseo de llevar Aire frío a escena. Ojalá lo haga: Piñera se merece una reparación, y el público de Miami la oportunidad de apreciar, ¡realmente!, su obra maestra.
LA PASIÓN ESCÉNICA en dos obras del VI Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo
Por Pedro R. Monge Rafuls
El VI Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo 2009, ya es parte de la historia teatral de América Latina. Dedicado a Maricusa Ornes, declamadora y formadora teatral dominicana, y a Eduardo Di Mauro, titiritero argentino-venezolano, el festival presentó teatro argentino, boliviano, canadiense, colombiano, cubano, ecuatoriano, español, venezolano, y claro, dominicano. Ese último teatro, fue mi interés y, además, el de los directores del festival, que me pidieron que viera solamente obras dominicanas. Sobre todo, dos obras llamaron mi atención. Una, del dramaturgo Reynaldo Disla, presentada por la Compañía La Empresa Humana, de Argentina, y otra, escrita, dirigida y actuada por la actriz dominicana Mariluz Acosta, residente en Nueva York.
En Dos pasos de paz, dos pasos de guerra de Reynaldo Disla, nos enfrentamos a una mirada poética del conflicto que surge cuando un personaje enfrenta sus ideales socio-políticos a la realidad de la vida. Una obra escrita hace más de veinte años que continúa vigente actualmente. Lo cual nos deja claro tres importantes realidades: la primera, la obra tiene suficiente fuerza para transitar por la prueba del tiempo y repercutir en el espacio teatral. Logro al que aspira todo dramaturgo con su trabajo. Lo segundo, es que puesta por un grupo argentino, demuestra que va más allá de la frontera local y trasciende, logrando un lugar universal. La tercera abarca la intención socio-política para la cual fue escrita y nos dice que las condiciones de ambivalencia continúan presentes hoy, como lo fue ayer, cuando Disla escribió su obra.
Por su lado, Mujeres al desnudo de Acosta, compuesta por diez monólogos que cuentan la historia de mujeres de diferentes clases sociales y razas, maltratadas y marginadas por el machismo de nuestras sociedades, logra trasmitir un mensaje que nos llega intensamente porque nos molesta, un mensaje con el que Acosta nos obliga a identificarnos, nos guste o no.
En ambas obras la voracidad de las escenas se suceden ininterrumpidamente en una especie de vorágine que a manera de remolino las irán sacudiendo y proyectando al medio del escenario. Impresiona el trabajo de los actores, en particular su afinadísimo entrenamiento para poder sostener la exigente dinámica durante las rigurosas dos puestas en escena. El trabajo de Ercilia Agostinelli, Daniel Abecasis y Ezequiel Molina, en el caso de los argentinos y de Mariluz Acosta en la obra de su autoría, complementa la pasión de los actores por la percepción del director.
La plasticidad y el teatro apuestan a lo multiarte en Dos pasos de paz… En una dinámica puesta se complementa lo visual y lo teatral, incitando al espectador a cuestionarse la concepción de lo humano hacia una visión de “lo otro humano”. En Mujeres al desnudo, la rigurosa presencia de la dramaturga-directora-actriz en distintas mujeres de historias, que de cierta manera, le resultan propias, hace de la consagración de las situaciones humanas un verdadero prodigio. La sexualidad representada y las crueles situaciones a que esa mal entendida sexualidad lleva a las mujeres-personajes a creerse amadas y soportar la realidad, se conciben constante y fuertemente en todo el momento y el espacio teatral de la obra.
Los directores de estas dos obras se adentraron en sus lenguajes, un nuevo lenguaje para ellos y para los actores (en el caso de Acosta su mismo lenguaje), que pudo ser o no, nuevos para la audiencia, pero que logró que en ambas obras, nosotros, los espectadores, encaráramos el hecho teatral representado por la certera transmisión no sólo en el espacio físico, sino en el entorno, que ambos directores hicieron latir en el escenario.
Pedro R. Monge Rafuls, es un dramaturgo cubano, residente en Nueva York, donde dirige el OLLANTAY Center for the Arts y la revista del mismo nombre. Es el único latino ganador del Premio Especial de las Artes del Kennedy Arts Center en Washington. Dictó un taller durante el VI Festival Internacional de Teatro.
‘La pipa de la paz’, risa fácil con mensaje pacifista
Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: Revista Aplausos, El Nuevo Herald
Fecha de publicación: 07/23/2009
En la temporada que concluye, Hispanic Theater Guild apostó al humor. Pero su cartelera nos recuerda aquello de “una de cal y otra de arena”, ya que a un estreno refrescante, bien escrito e interpretado, como fue El inconveniente, ha seguido otro de menor envergadura: La pipa de la paz, de la argentina Alicia Muñoz.
Si el único criterio para valorar una comedia fueran las risas que genera, esta merecería grandes elogios, pues el público habitual del Teatro 8 la recibe con frecuentes carcajadas. Sin embargo, esta obra sobre lo difícil que puede ser la coexistencia pacífica en el ámbito familiar resulta cuestionable por su limitado vuelo dramatúrgico y por dar un traspié en el plano actoral.
Los personajes responden a tipos fácilmente reconocibles y los diálogos son fluidos, pero el texto adolece de reiteraciones y lugares comunes (como dirigirse al retrato de un difunto para justificar los soliloquios) que lo lastran. La situación que se plantea en los primeros minutos es prometedora, pero a continuación se echan de menos sucesos fuertes, que alimenten el conflicto e impulsen la acción. La pipa de la paz avanza entre chistes (unos ingeniosos, otros previsibles), hasta concluir con una precipitada y poco convincente solución.
La adaptación de Marcos Casanova acierta al trasladar la acción a Miami, y de hecho algunos de los mejores chispazos humorísticos son alusiones a la vida local. Como director, logra un ritmo sostenido y un correcto uso del espacio, pero falla en la concepción del personaje de Felisa, a cargo de una actriz tan experimentada y competente como Marta Velasco. Que la protagonista tenga matices farsescos no es objetable; el problema es que, tras un uso inicial dosificado de ese recurso, a medida que transcurre la obra Felisa se va convirtiendo en una caricatura hecha con trazos cada vez más gruesos, hasta terminar pareciendo un desconcertante dibujo animado. El momento que mejor ejemplifica esa transformación es cuando la madre se dirige a su hijo, deseosa de conocer cuáles son sus problemas.
¿Eran necesarios esos excesos? En este caso, el fin (hacer reír al auditorio) no justifica los medios (esquematizar el personaje y distorsionarlo). El desempeño de Velasco es meritorio en las primeras escenas, en las que entrega un retrato burlesco, pero moderado, de la anciana. Si moviéndose en ese registro su personaje funciona y divierte, ¿por qué el director y la actriz lo trasladan, sin justificación, a un registro cercano a la astracanada, con innecesarios subrayados y concesiones?
El trabajo de Ariel Texidó en el rol de Daniel, el hijo que trabaja como mediador de conflictos en Naciones Unidas y trata de conseguir un armisticio en el seno de su familia, es muy satisfactorio. Texidó despliega una sutileza y una contención que dicen mucho de su creciente madurez interpretativa. Las reacciones de Daniel ante las actitudes de su progenitora están desarrolladas con una moderación y una picardía efectivas, que preparan el terreno para la catarsis del clímax. Lo mejor: este actor en ningún momento se propone hacer reír. Simplemente, propicia que la risa surja de una réplica, de un gag o de la confrontación de los caracteres. La interacción de Texidó y Velasco resulta productiva al inicio, pero se resiente progresivamente a causa del disímil tratamiento dado a sus personajes.
Ligero y sin muchas pretensiones, este sainete “con mensaje” busca la risa fácil con ingredientes no muy creativos, pero de indudable eficacia comunicativa. Quizás al terminar la función, después de haber visto en el escenario a esta señora conflictiva y experta en chantajes sentimentales, a alguien le venga a la mente el famoso refrán “Madre hay una sola”. Y de inmediato se diga: “¡Por suerte!”.
La pipa de la paz, viernes y sábados, 8:30 p.m.; domingos, 5 p.m. Hasta el 16 de agosto. Teatro 8, 2101 SW Calle Ocho. (305) 541-4841.
‘AIRE FRÍO’, la permanencia de un clásico
Por Sarah Moreno
Fuente: Revista Aplausos, El Nuevo Herald
Fecha de publicación: 07/23/2009
En 1978, unos meses antes de que en mayo de 1979 se incorporara oficialmente como organización cultural sin fines de lucro, Teatro Avante llevó a escena Electra Garrigó, la primera obra de teatro escrita por Virgilio Piñera, en 1941. Después de representar en Miami a lo largo de varias décadas cinco piezas del dramaturgo cubano –entre ellas el estreno mundial de Una caja de zapatos vacía– Mario Ernesto Sánchez, director de Teatro Avante, pensó que no había mejor manera de celebrar el 30 aniversario de la compañía que con la puesta de Aire Frío. Este clásico del teatro cubano se presentará desde hoy hasta el domingo en el Carnival Studio del Arsht Center durante el XXIV Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
“Lo más significativo de la obra es que todavía sigue vigente. Los gobiernos son corruptos, hay hambre y desesperanza; los pueblos retroceden, no hay empleo, abundan los apagones. La gente puede compararla con la actualidad, y eso es lo que hemos tratado de hacer, que vean la brillantez de Piñera”, destaca Sánchez, que ha tenido “una experiencia positiva y fructífera” al volver a una de sus pasiones: la dirección teatral, después de 10 años dedicado a labores administrativas y burocráticas para conseguir fondos para Avante y el Festival, que también preside.
Para resumir los numerosos personajes y tres actos originales de Aire frío, que narra la vida de la familia Romaguera entre 1940 y 1958, Sánchez pidió a la dramaturga Raquel Carrió una adaptación con un carácter más universal, en la que se han eliminado las referencias a fechas y lugares de la geografía cubana.
“Hemos respetado la idea y el mensaje, pero buscando una obra atemporal. Todo está visto desde la memoria de Luz Marina”, informa Sánchez, que sitúa como punto de partida de los recuerdos de la protagonista la celebración del 50 aniversario del matrimonio de los padres, Ana y Ángel. “Por la foto de esa boda ella comienza a recordar los pasajes y cuadros que quedaron en la adaptación”, añade.
Sánchez se propuso además obviar el realismo de Aire frío y darle un giro “moderno y único”. “Estoy tratando que el público sienta que está en una obra de teatro, y que los actores consigan que el espectador crea que está sentado en un sillón hablando con el viejo [Ángel]”, precisa Sánchez, que dice contar para ello con un “elenco privilegiado”.
Gerardo Riverón representa a Ángel, que al comienzo de la obra se siente más joven, con energías para discutir y enamorarse de su sobrina, Beba, y al final aparece frágil y ciego.
“Todo el tiempo estamos en el escenario; no puedes salir a ponerte maquillaje ni canas. Todos [los cambios] hay que conseguirlos con la actitud corporal y la voz”, dice el experimentado actor, que hace más de 20 años representó en una versión de Aire frío para la televisión cubana a Oscar, el hermano menor, que es poeta, hoy a cargo de Jorge Luis Álvarez.
“Oscar es un personaje fascinante y difícil por su forma de mirar el mundo y enfrentar la vida. Tiene que luchar contra todo lo establecido, ya sea socialmente o dentro del núcleo familiar”, adelanta Álvarez del personaje que tiene muchos puntos en común con la biografía de Piñera y que es percibido como un símbolo del artista en general.
‘EL EVANGELIO SEGÚN CLARK’, una farsa políticamente incorrecta
Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: Revista Aplausos, El Nuevo Herald
Fecha de publicación: 07/23/2009
La época de los superhéroes voladores ha quedado atrás: fueron borrados de la faz de la Tierra por las grandes compañías telefónicas, para evitar que entorpecieran sus señales. Sólo uno de ellos, el legendario Superman, ha logrado sobrevivir y sigue adelante con su interminable misión de salvar a la humanidad de las fuerzas del mal. Sin embargo, su encarnizado enemigo Lex Luthor está empeñado en destruirlo y finalmente lo logra disparándole un misil con nariz de kriptonita. Con este preámbulo, que explicita su cariz paródico y satírico, comienza El evangelio según Clark, obra escrita y dirigida por Richard Viqueira, que el grupo mexicano Kraken Teatro presentó como parte del XXIV Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
La escritura de evangelios apócrifos pareciera ser una tentación para muchos creadores contemporáneos (hasta Saramago sucumbió a ella con El evangelio según Jesucristo). Viqueira utiliza ese recurso como uno de los elementos clave de esta sátira donde la vida y milagros de Jesús son abordados desde una perspectiva transgresora. El reportero Clark, álter ego de Superman, es quien relata los acontecimientos, imprimiéndoles un tono sensacionalista. Si hemos de dar crédito a su versión de los hechos, Superman estuvo presente en los últimos días de El Mesías y manipuló los sucesos para convertir su muerte en una leyenda imborrable, en uno de los pilares de la civilización occidental. “Falsifiqué el milagro de la resurrección”, se pavonea el superhéroe. “Yo hice a Occidente”.
Con el fin de evitar la muerte de su amada Luisa, Súper decide hacer que el tiempo dé marcha atrás. Sólo que se le va la mano y termina cayendo en un templo de Jerusalén hace algo más de dos milenios, justo en el momento en que “Chuy” está desalojando a los vendedores. Empieza entonces una confrontación entre dos personajes ideológicamente antagónicos, que rivalizan por la fama y el poder, y se disputan el título de Salvador de la Humanidad.
La puesta en escena –vinculada a elementos del teatro popular mexicano de tandas y carpas– tiene una concepción acrobática y un ritmo dinámico, y convierte el columpio en el eje de la puesta en escena. A través de las relaciones que establecen con ese objeto, los actores lo transforman, creativamente, en máquina de escribir, embarcación, mesa de la Ultima Cena, ring de boxeo, cama o cruz del Gólgota. El trabajo de Mauricio E. Galaz, Marco Aurelio Nava, Carlos Valencia y el propio Viqueira pone de relieve no sólo sus dotes para la farsa y el humorismo, sino un impresionante entrenamiento físico.
Definido por su autor como un “juguete político”, El evangelio según Clark hace recordar en alguna medida –sobre todo por su contenido– el teatro satírico y social que hizo furor en América Latina durante la década de 1970. Unos tijeretazos aquí y allá habrían condensado de forma saludable un discurso dramatúrgico que, por momentos, resulta reiterativo; echa mano a gags y chistes verbales previsibles, y prolonga excesivamente algunos pasajes (en especial, la secuencia de table dance con Magdalena).
Viqueira y su troupe se divierten jugando a parecer irreverentes y contestatarios, y desacralizando las instituciones de poder. Su zigzagueante parábola, escenificada con una apreciable coherencia estética y actuaciones muy profesionales, logró conectar con buena parte del público de Miami gracias a su espíritu provocador y a una comicidad que tiene su fundamento, por una parte, en el cuestionamiento a las posturas ideológicas radicales y en el desacato a lo “politically correct”, y por otra en lo caricaturesco y el lenguaje de los cómics.
A LA DIESTRA de Dios Padre
Miami Dade College North Campus
Actors Arena
presentan
A la diestra de Dios Padre
Mojiganga dedicada a la Humildad y la Caridad, basada en la obra de Enrique Buenaventura
Puesta en escena de Max Ferrá
F U N C I O N E S
Viernes: 17 y 24 de julio
Hora: 8:00 p.m.
Sábados: 18 y 25 de julio
Hora: 8:00 p.m.
Domingos: 19 y 26 de julio
Hora: 5:00 p.m.
Sala: Lehman Theater
Miami Dade College, North Campus
Dirección: 11380 NW 27 Avenue, Miami, Fl 33167
Admisión gratis
REFLEXIONES SOBRE EL TEATRO en el XXIX Congreso Cultural de Verano
El Círculo de Cultura Panamericano realiza numerosas actividades todos los años, organizadas por la Junta Directiva Nacional y/o sus capítulos regionales.
Entre ellas se destacan los dos congresos anuales de la institución, donde hispanistas de orígenes diversos comparten sus investigaciones y puntos de vista a través de la presentación de ponencias seleccionadas rigurosamente por las comisiones organizadoras de cada evento.
El Programa del XXIX Congreso Cultural de Verano (2009) incluye la exposición de pintura, a cargo de Delio LLebrez Sánchez, y una diversa muestra de ponencias que ponen de relieve aspectos importantes de la literatura hispánica.
Este jueves 22 de julio, los ponentes tocarán temas relacionados con el teatro. Luis González Cruz (Profesor Emérito.Penn State University) presentará su investigación: Mi vida en el teatro: realidad y quimera en las memorias de María Julia Casanova; Esther Sánchez-Grey Alba (de la Academia Uruguaya de Letras), hablará sobre Éxodo sin Moisés de Alberto Baeza Flores, denuncia de la tragedia cubana en un contexto universal, mientras Efraín E. Garza (por la University of Northern Colorado) expondrá En la ardiente oscuridad. Confrontación de ideologías y negación de la realidad. Este panel iniciará a las 8:00 pm.
Recuerde
Actividad: XXIX Congreso Cultural de Verano (2009).
Inicio: jueves 23 de julio.
Hora: 5:00 pm.
Lugar: Koubek Memorial Center.
Dirección: 2705 SW 3rd Street Miami, FL 33135-1301.
Teléfono: (305) 284-60 01
Active este enlace para leer sobre el Programa del XXIX Congreso Cultural de Verano, 2009.
CLÁSICOS ESPAÑOLES: del lirismo al vodevil
Por Antonio Orlando Rodríguez
Fuente: El Nuevo Herald.
Fecha de publicación: 07/22/2009.
Si el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami concediera premios a las mejores interpretaciones, probablemente uno de los “actores” de Clásicos españoles, del grupo español Los Claveles, estaría entre los candidatos con más posibilidades para obtener uno. Me refiero al intérprete que tuvo a su cargo el papel del Enamorado. Su nombre no aparece reflejado en el programa de mano y, pensándolo bien, quizás ni siquiera tenga uno, pues no se trata de un ser humano, sino de un títere de espuma de goma y cartón piedra. No, no es una broma. Su “actuación” tuvo una intensidad dramática y una plasticidad admirables, y nos recordó que un muñeco es capaz de transmitir un amplio registro de emociones.
Lamentablemente, las obras de títeres para adultos suelen ser excepciones en la programación de las muestras internacionales de teatro. Por eso se agradece la presencia en Miami de los murcianos Paca García y Aniceto Roca con un espectáculo que se aproxima, con diferentes técnicas, enfoques y vuelo artístico, a tres conocidos textos de la literatura española.
Los mayores logros están en el primer cuadro: El Enamorado y la Muerte, recreación de un hermoso romance anónimo (“Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía…”). A través de una gasa somos testigos, primero, del sueño del caballero, de su respiración acompasada, y luego de su tránsito al plano onírico. El montaje sortea los tópicos tradicionales en la representación de la figura de la Muerte (aquí, una elegante y etérea dama vestida de blanco) y consigue una atmósfera lírica y un tempo ralentizado muy efectivos.
El tratamiento electrónico dado a la voz que desgrana los versos, con ecos y reverberaciones, contribuye a acentuar la carga reflexiva y poética de esta parábola sobre lo efímero de la existencia humana y la inexorabilidad de la muerte. Sin embargo, hay momentos de esta delicada miniatura en que la “coreografía” concebida para el Enamorado se entorpece a causa de detalles en su cadena de acciones que deberían estar resueltos con mayor limpieza.
El segundo cuadro nos remite al universo narrativo de Cervantes. La escena de los molinos de Don Quijote ha sido concebida como un divertimento con juguetes de madera y comienza como un “ballet” con música de Falla y títeres planos de caballeros andantes y dragones. La propuesta del móvil-sol es atractiva, pero poco funcional, por lo que obstaculiza el ritmo de la escenificación. El diseño geométrico del Quijote (lanza en ristre y cabalgando sobre un original Rocinante) y de su escudero aciertan al conjugar líneas rectas y formas volumétricas redondeadas. La atrevida concepción de Sancho hace evocar las esculturas de la etapa inicial de Henry Moore y Barbara Hepworth. Un acierto poético la arena que se derrama, como sintética metáfora del paisaje manchego, sobre la mesa donde se mueven los muñecos.
El breve espectáculo concluye con un acercamiento de carácter vodevilesco, gracioso pero un tanto irrelevante, a la escena del sofá del Don Juan de José Zorrilla. La interpretación hace énfasis en lo paródico (las canciones en la voz de Lucho Gatica) y en el doble sentido sexual.
Clásicos españoles ganaría si sus creadores lograran resolver algunos problemas técnicos e imbricar las piezas del tríptico, que resultan muy independientes. Objeciones aparte, García y Roca son dos actores-titiriteros que conocen su oficio y que se entregan a él con una fruición que contagia. Los Claveles fue una grata alternativa en el Festival.













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