TEATRO EL PÚBLICO: Las amargas lágrimas de Petra Von Kant
FUNDARTE presenta a
TEATRO EL PÚBLICO en
Las amargas lágrimas de Petra Von Kant
Funciones: 8 y 9 de julio
Out in the Tropics GLBT Performing Arts Festival
Award-winning GLBT cutting-edge artists
from around the world!…
Colony Theatre in Miami Beach.
Gay, Lesbian, Bisexual and transgender.
Contemporary Performing Art Festival
Reservaciones: (800) 745-3000
Tickets
Algunos fantasmas no conocen el sosiego. Sospecho que el de Rainer Werner Fassbinder se cuente entre los de esa clase. Hombre que devoró su vida, sigue devorando la de otros, sus espectadores, ya sea en el teatro o el cine, a los que legó una galería incómoda, que solo culminó con su muerte repentina (suicidio, dicen algunos) tras el rodaje de Querelle. En un escaso número de años, rodó una impresionante cantidad de filmes, pobló de mujeres y hombres límites un mundo que él mismo imaginó al límite de sus posibilidades. Legó una inconformidad con las actitudes humanas que todavía dialoga con nosotros, nos quita el sueño, nos influye. Somos fantasmas del fantasma de Fassbinder. Fast Fassbinder fax. Las amargas lágrimas de Petra von Kant es uno de los más aclamados montajes de Teatro El Público, una de esas raras ocasiones en que incluso sus detractores más firmes se rinden ante el encanto devorador de lo que se muestra. Anhelo antiguo del director y de varios de sus colaboradores, pudo materializarse durante la Tercera Semana de Teatro Alemán, junto a las figuraciones del Cabaret que, a partir de rostros y herencias de esa cultura, se ha ido alzando en varias ocasiones. Petra, esa mujer al borde de sí misma, ama a Karin con una pasión que ella no puede comprender ni demorar. Karin, una joven oportunista, ama a Petra a su modo, pero no sabe explicarle ni explicarse, exactamente, cuál es su “modo” de entregarse a una fidelidad obsesiva. Sidonie, la amiga, prepara su venganza en la forma de una muñeca desnuda. El verdadero amor, Marlene, carece de palabras. Lo tenemos a la vista y no sabemos reconocerlo, somos tan crueles con lo que no sabemos escuchar que el precio a pagar por ello puede ser la soledad más terrible. Hanna Schygulla entró en una de esas noches que La Habana puede regalarse al Trianón, para ver al personaje que encarnó en el filme de 1973 bajo otro rostro. La Habana, todavía, tiene privilegios como ese. Teatro El Público sabe aprovecharlos.
LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE PETRA VON KANT
Dirección de Carlos Díaz.
Versión y asesoría dramatúrgica: Norge Espinosa.
Diseño de vestuario: Vladimir Cuenca.
Diseño escenográfico e imagen promocional: Roberto Ramos.
Banda sonora: Carlos Díaz
Diseño de luces: Carlos Repilado.
Elenco:
Petra von Kant: Fernando Hechavarría
Sidonie von Grasenabb: Ismercy Salomón
Karim Thimm: Léster Martínez
Marlén: Yanier Palmero
Valeria von Kant: Mónica Guffanti
Gabriela von Kant: Alicia Hechavarría
Pierre: Dayron Díaz
DE LAS NOTAS AL PROGRAMA
Querido Rainer:
Recién acabo de leer tu carta en la pides disculpas por no haber podido asistir a la apertura de mi más reciente exhibición. Filmas, escribes, actúas, quemas tu vida: eso me dices, y comprendo tus pretextos. Yo también quise ser inmortal, quise ser amada a través de mis obras, aunque no fueran más que vestidos para una colección de invierno o verano. No hay nada que disculpar. Así como algunos usan nuestras obras como prendas que ya el próximo año nadie querrá usar, hay otros (y yo pertenezco a esa clase de personas), que conoce y ama la piel de los amigos. Esa es la única vestidura que podemos apreciar.
Tus líneas me hicieron volver a tus películas, a los años de amistad en los que diseñaba para tus obras teatrales, y pasabas horas en mi apartamento, trayendo a esa gente extraña, forasteros y actores, a los cuales te empeñabas en inventarles rostros, historias, de la misma manera en que yo me empeño en inventar un nuevo cuello, una manga inusual, una prenda íntima y seductora. Qué extraño ver de nuevo esos filmes, “los grandes filmes”, leer tus obras de esa Alemania que ya no existe y en la que, sin embargo, vuelvo a mencionarte para comprender la falta de piedad que se esconde en el dolor. Qué egoístas nos hace el dolor, querido Rainer, mi amigo Rainer. El dolor que es la muerte, tras un poco de alcohol y unas pastillas.
Si he aprendido el valor de la soledad, es porque hablamos tanto de ella que creemos dominarla. Tú, a tus personajes. Yo, a mis modelos. Mujeres de rostro impenetrable y perfecto, en las que el amor se hace imposible y abrasador. Así te recuerdo, abrasador e imposible. En una ciudad alemana donde todos se visten según imagino y hablan con los diálogos que tú firmas día a día. Me gustaría diseñarte un último traje. Pero sé que no vendrás y eso también lo comprendo.
Ahora es suficiente. Tengo otras cosas que hacer. Tú, otras películas. Cuando me deprimo, me voy a un cine a ver Lili Marleen. ¿Qué haces tú cuando te sientes de ese modo, cuando ya no puedes más y también el amor por ti mismo te asfixia?
Te quiere y espera siempre
Petra von Kant.
“Fast-Fassbinder-fax”, Norge Espinosa.
DE LA CRÍTICA
PRESENTAN ESPECTÁCULO Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Por Osvaldo Cano
Fuente: Juventud Rebelde.
A estas alturas —y en manos de otro creador— Las amargas lágrimas… pudo haber degenerado en un melodrama sensiblero y cursi. Sin embargo, no ocurre así, aunque es cierto que el texto fabulado por Fassbinder en 1972, tiene como centro una contrariada historia de amor que incluye el ancestral triángulo y el desalentador desenlace. Fassbinder relata con nitidez los avatares de una famosa diseñadora de modas en su plenitud. Madura, arrogante y posesiva, Petra von Kant es arrastrada por una voluptuosa y desenfrenada pasión, que tiene como objeto los encantos de Karin Thimm. La joven, bella y pragmática, Karin —luego de utilizarla para hacer carrera— la abandona provocando el dolor y la humillación de la protagonista, quien solo se recompone cuando consigue tratar con soberbia e indiferencia a su antigua amante.
Con este montaje, Díaz encuentra un modo para hablar de los tormentos que produce el desamor. Esto lo hace con intencionada intermitencia pues, de cuando en cuando, permite que asome un matiz humorístico, detalle que extraña y sorprende al espectador.
Teatralidad de la mejor estirpe, envidiable sentido del ritmo y una poco frecuente capacidad para jugar con los personajes, son algunos de los méritos del elenco. Fernando Hechevarría asume el rol protagónico regalándonos una verdadera lección de histrionismo al encarnar un personaje femenino con una certera mezcla de contención y desenfado. El énfasis puesto en las transiciones, la diáfana denotación de los estados de ánimo, la precisión y limpieza de la gestualidad, entre otras virtudes, contribuyen decisivamente a que su entrega sea una suerte de brújula y rasero.
Uno de los mayores méritos de Léster Martínez radica en el hecho de poder sostener el duelo planteado por Hechevarría. Naturalidad, gracia, atinada utilización del paralenguaje, sorpresivas entradas y salidas del personaje, junto a un excelente trabajo corporal, que va de la estilización al desparpajo, devienen sus mejores argumentos.
Ismercy Salomón dotó a Sidonie de un modo de andar, posturas y tareas escénicas, que explicitan su frivolidad e impertinencia, al tiempo que le imprime un matiz humorístico. Mónica Guffanti labora con su habitual pericia proyectando una imagen coherente de la madre. Organicidad en medio de su silencio, mesura, demostración de su incondicionalidad, e incluso servilismo, a partir de los gestos, los desplazamientos o la labor con el rostro, distinguen la faena de Yanier Palmero. Por su parte, Alicia Hechevarría aporta candidez y frescura, al hacer uso de su bien timbrada voz, su dicción correcta y su natural desenvoltura.
Lágrimas negras derrama la Von Kant en el Trianón para regocijo de los espectadores que acuden al encuentro de este memorable espectáculo. Tal y como suele suceder con el antológico son de Matamoros, es este un genuino fin de fiesta para Carlos Díaz y la tropa de El Público en medio de un 2008 poblado de éxitos.
LA PASIÓN según Petra von Kant
Por Marilyn Garbey
Fuente: Entretelones.
Pocos elementos componen la escenografía. La cama de Petra von Kant es el centro de las miradas, y habrá que preguntarle al director por qué recurre a ese mueble con tanta frecuencia. Entre los colores predominan el blanco y el negro, que pudieran interpretarse como sinónimos de sobriedad. Solo Karin, el objeto del deseo, viste de rojo intenso, como el fuego que devora el alma de Petra von Kant.
Al talento desmesurado (y probado) del director, a la exquisitez de Vladimir Cuenca, al profesionalismo de Carlos Repilado, se suman los desempeños actorales. Para Fernando Hechavarría vayan los más largos aplausos. Si bien el director retoma una de las pautas de su estética, el travestismo, aquí ese hecho se torna algo natural por la manera en que el intérprete lo asume. El espectador sabe que un hombre encarna el rol de una mujer y esa información la procesa inmediatamente. Hechavarría traza con tanta nitidez los estragos de la pasión que poco importa el sexo de quien sufre, es un ser humano que padece el desamor y eso es lo que importa. Para Léster Martínez, Ysmercy Salomón y Yanier Palmero también habrá que batir palmas. Estos jóvenes actores van dando pasos certeros sobre los escenarios, de la mano de Carlos Díaz. Martínez recibió recientemente el premio de Actuación en las Jornadas Villanueva y en este montaje que me ocupa es la otra parte del hilo, es Karin Thimm, arribista y desvergonzada, procaz y sincera hasta el delirio. El actor emplea a fondo sus posibilidades corporales y expresivas para transmitir el credo moral de su personaje. Salomón, una actriz de fuerte temperamento, es capaz de captar hasta el último matiz de su rol. Dueña de una voz poderosa y de una imponente presencia física, puede llevar su personaje secundario a un plano estelar en el conjunto de la puesta en escena. Palmero quizás tenga, esta vez, el personaje más complejo de su aún breve trayectoria pues no le es permitido pronunciar parlamento alguno; solo puede acudir al gesto para expresarse. Y el actor sale airoso en esta prueba y hasta arranca aplausos cuando “interpreta” una canción junto a Marta Strada.
Los espectadores pueden escoger el sitio desde donde observarán los hechos, puede ser en el lunetario o puede ser en el escenario. Como juez dispuesto a juzgar, o como actor del drama. No faltan los guiños de complicidad de Carlos Díaz: el joven que se pasea casi desnudo por la pasarela, o el regalo que trae la abuela recién llegada de Miami a la nieta (una camiseta con la imagen de Barack Obama), o las frases callejeras que los actores incorporan certeramente al lenguaje de los personajes, como esa que Petra von Kant profiere sobre Karin: “estoy muerta con ella”.
CUÉNTAME TU VIDA, o las dulces venganzas del director
Por Yoimel González
Fuente: La Gaceta de Cuba.
Carlos Díaz ha optado por colocar esta fábula en un ambiente caracterizado por la apariencia y la pose forzada del espectáculo y la pasarela. La escena parece un gran set de filmación cinematográfica, un guiño evidente con Fassbinder y la historia por la que ha transitado el texto. La fragmentación del espacio en pequeños centros (la cama, el ropero, el lugar para diseñar, la coqueta para maquillarse) le brinda una apertura al sugerido espacio íntimo del cuarto de Petra. Los actores le dan vida a estos rincones a través de sus movimientos. El centro del espacio es ocupado por una enorme cama vestida de blanco. En su versión de Fedra, Carlos Díaz utilizó este mismo objeto como símbolo del trono disputado por los personajes en pugna, aunque ninguno de ellos lograba sentarse en él por mucho tiempo. En esta ocasión este espacio es continuamente ocupado por los personajes. El lecho blanco y profanado es, quizás, el lugar en el que estas mujeres se liberan o se frustran sentimentalmente, es un símbolo de los cuerpos usados y los espíritus revueltos de los personajes.
Lo que podría ser un espacio íntimo, privado, donde las féminas discuten de amores y se esconden tras los “trucos de circo” que las hacen aptas para ser mostradas, Carlos Díaz lo convierte en un lugar de paso, una gran plaza a la cual se accede a través de una extensa pasarela que parte de la platea y termina justo allí, entre ellas, muy cerca. Por esa rampa, recurso utilizado anteriormente por el director en otros espectáculos, se accede al escenario. Recorriéndola, los personajes muestran sus vestuarios, desfilan como en una competencia en la que ganará quien sea más fuerte ante el sufrimiento y la desilusión. El público, a modo de voyeur colectivo, es obligado a inmiscuirse en esta historia ocupando parte del escenario y las butacas de la sala, y como en un desfile de modas queda sorprendido ante la belleza de los vestuarios y las poses de quienes los portan.
Las luces también dan un aire cinematográfico a la puesta en escena. Grandes reflectores iluminan los sets en los que se divide el espacio y la utilización de la luz blanca “desnuda” a los actores frente al público.
PREMIOS
Premio Villanueva de la Crítica a los mejores espectáculos del año.
Premio Caricato a Carlos Díaz por la mejor puesta en escena.
Premio Caricato a Fernando Hechavarría por su actuación protagónica.
Premio Caricato a Léster Martínez por su actuación en el rol de Karin.
Premio Caricato a Ysmercy Salomón a la mejor actuación secundaria.
Premio Adolfo Llauradó a Yanier Palmero en el rol de Marlene.






Me fascina ese espectaculo nunca lo he visto pero me han dicho que es fabuloso como todo lo que hace carlos díaz