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El cubano Reinaldo Arenas vuelve a RESONAR al publicar en España ‘Necesidad de libertad’

Posted in Caja de Libros, Literatura by Eddy D. Souza on 05/23/2012

 

Reinaldo Arenas en las dunas de Doñana. El autor cubano se suicidó en Nueva York en 1990. (M. Camacho).

20 Minutos.es
EFE l 05/23/2012

El filósofo Todorov dice que, cuando los totalitarismos no tienen enemigo enfrente, van tras la gente que viste o baila de forma diferente. Y eso es lo que destila Necesidad de libertad, el libro que Reinaldo Arenas escribió al llegar a Estados Unidos, y que ahora vuelve a resonar por su publicación en España.

Un libro que es un grito conmovedor lanzado por Arenas una vez alcanzada la libertad tras salir de Cuba, y una denuncia de la dictadura militar y la represión contra los intelectuales.

Necesidad de libertad es un relato emocionante, una pieza de excelente escritura que el autor cubano, al que puso rostro Javier Bardem en la película Antes que anochezca, publicó en Miami en 2001, pero nunca en Europa y concretamente en España, donde llega ahora editado por Point de Lunettes, mientras que en Latinoamérica se podrá conseguir por Internet.

Este sello editorial ya publicó en 2010 Las cartas a Margarita y Jorge Camacho, donde Reinaldo Arenas (Holguín, Cuba-1943) agradecía a esta pareja de amigos que visitó Cuba los esfuerzos por sacar al exterior sus manuscritos, que se convirtieron en el cordón umbilical de Arenas con el mundo.

Miscelánea de géneros

Necesidad de libertad, una miscelánea de géneros, entre ensayo, poesía, cartas o recortes de prensa, ofrece un claro y profundo panorama de Cuba desde 1958, cuando Reinaldo Arenas intentó a los 14 años incorporarse a las guerrillas de Fidel Castro en la provincia de Oriente —”como hijo natural de unos campesinos pobres, nada que perder, excepto la vida”, escribe— a 1983.

En el año (1983) Arenas ya estaba instalado en Nueva York, una etapa de su vida que terminaría con su suicidio en 1990.

Un panorama de la isla que tiene grandes capítulos dedicados a la represión intelectual en Cuba, a todos los escritores que sufrieron la dictadura de Fidel y algunos otros, muy duros, dirigidos a los que se manifestaron a favor del régimen de Castro “libres y fuera de la isla”.

Crítico con Cortázar y Márquez

“Veíamos a escritores verdaderamente libres haciendo también el juego a aquella infamia”, dice Arenas.

“Como ejemplo del cinismo mayor debo mencionar a Julio Cortázar, convertido al castrismo desde los lujosos hoteles cubanos que el Capitalismo había construido y con residencia y status en París; a Ernesto Cardenal, tan mediocre e hipócrita como su supuesta doctrina religiosa, que ni siquiera práctica, a García Márquez, un híbrido entre la demagogia y el folclor…”.

El autor dedica todo un capítulo al autor de Cien años de soledad con el título Gabriel García Márquez, ¿esbirro o es burro?, y en él dice que es totalmente indignante que un escritor como él (Márquez) use la libertad que el mundo libre le brinda “para hacer apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales”.

Dos años en la cárcel

Pero también Reinaldo Arenas, que, desengañado de la revolución a la que apoyó al principio, sufrió persecuciones contantes y estuvo dos años encarcelado por ser considerado “un peligro social” por su disidencia política y por su condición homosexual, habla de su apoyo a los escritores Lezama Lima, Padilla o Virgilio Piñera.

Sentencias judiciales, cartas irónicas —una de las características de este autor de poesía, teatro, novelas, cuentos y ensayos, junto con el juego de palabras—, y el relato completo del viaje de huida en bote desde Mariel (municipio de la provincia cubana de Artemisa) a Nueva York completan este libro.

Destaca la carta que Reinaldo Arenas manda a Alexandra Reccio, una diputada del Partido Comunista Italiano, que le había criticado por hablar mal de Cuba y a la que había conocido en un viaje de ésta a la isla.

Aquí Reinaldo Arenas destila toda su vena crítica y ácida, fruto de los padecimientos y experiencias en su vida, como dice Manuel García, portavoz de la editorial Point de Lunettes.

En esta carta acusa a la diputada de no haber querido ver ni las prisiones, ni la represión, ni las colas, “ni por qué a Virgilio Piñera no se le publicaba ni una cuartilla, ni por qué a Lezama Lima se le censuró su obra en los últimos años…estando en Cuba no vio usted a Cuba ni preguntó por ella…”, espeta el escritor.

El libro está dedicado a “Los diez mil ochocientos cubanos que a riesgo de sus vidas se asilaron en la embajada de Perú en La Habana en 1980, haciendo posible el éxodo de Mariel… la existencia de este libro y la mía”, concluye.

*Consigue un ejemplar de Necesidad de libertad en PopularLibros.

MEDALLA ‘La Avellaneda’ 2012

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 05/21/2012

María Elena Cruz Varela

Centro Cultural Cubano de Nueva York
Nueva York, 05/20/2012

El Centro Cultural Cubano de Nueva York concede la Medalla La Avellaneda a la poeta, novelista, ensayista, investigadora literaria y periodista cubana María Elena Cruz Varela, residente en Madrid, por haber contribuido con su obra a enriquecer el legado literario cubano e hispánico.

La Medalla La Avellaneda es el máximo galardón literario del Centro Cultural Cubano de Nueva York. Lleva el nombre de la gran poeta, novelista y autora teatral de la literatura clásica cubana del siglo XIX, Doña Gertrudis Gómez de Avellaneda. Entre otros ganadores en años anteriores figuran el dramaturgo José Triana y el poeta Manuel Díaz Martínez.

María Elena Cruz Varela, oriunda de Matanzas, Cuba, ha ganado otros premios tan prestigiosos como el Alfonso X de novela histórica (2003), el Mariano de Cavia de Prensa Española (1995), el Poetry International Award de los Países Bajos (1992) y el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal (Cuba, 1989). Ha sido candidata al Premio Nobel de la Paz y a los Premios Príncipe de Asturias de las Letras y de la Concordia. La escritora cubana, reconocida por su trayectoria intelectual —tanto en el campo de la creación literaria como en la difusión de la cultura y el patrimonio literario cubano en el exterior— también se ha distinguido por su íntegra conducta en defensa de los derechos humanos en Cuba, por lo que en 1992 recibiera el premio internacional Libertad otorgado por la Internacional Liberal. Ese mismo año fue merecedora, además, del premio Dashiell Hammett y Lillian Hellman por la Libertad de Expresión.

Se hará entrega de la Medalla La Avellaneda el 23 de junio de 2012 durante la celebración del XI Congreso Anual del Centro Cultural Cubano de Nueva York en el Barnard College de la Universidad de Columbia, cuyo tema este año es el legado histórico, social y cultural de la mujer cubana y el papel trascendental que ha desempeñado en la sociedad cubana.

Para más información, visite: www.cubanculturalcenter.org

NOVELAR en femenino

Posted in Caja de Libros, Literatura by Eddy D. Souza on 03/08/2012

Carlos Espinosa Domínguez.
Cubaencuentro l 03/02/2012.

UNO

En la breve nota de la contraportada, se dice que Isla después del diluvio (Ediciones Malecón, Barcelona-Miami, 2010, 72 páginas) es “una novela corta esencialmente para divertirse, el mejor relato para entretener es el que leemos rápido y que nos deja un sabor del que quisiéramos probar más”. En efecto, la más reciente obra narrativa de Chely Lima (La Habana, 1957) no posee la ambición ni el grosor de otros títulos suyos, lo cual, me apresuro a aclararlo, no lleva implícito un juicio peyorativo. Sencillamente su autora ha preferido escribir una obra breve, en la cual opta por la anécdota en su sentido tradicional y privilegia el valor comunicativo de la literatura.

Sus personajes principales son dos hermanas gemelas idénticas. Cambiaban de nombre cada cierto tiempo y al comenzar la novela, han elegido los de Ágata y Celeste. La historia se inicia cuando ambas arribaron al aeropuerto de Rancho Boyeros, una mañana de diciembre. Viajaban con un equipaje tan abundante, “que varios meses después de que hubieran abandonado un lugar continuaban pasando por el sitio oleadas de enormes cajas de madera, bultos y baúles”. Su vestuario contaba con más de dos mil piezas, “muchas de las cuales copiaban hasta en el menor detalle ropas de las que aparecen en los cuadros, los frescos y los tapices de épocas pretéritas”. Acompañaba a las hermanas su Preceptor, un personaje desconcertante en cuya espalda, “cuando no estaba expuesto a una luz potente, eran perceptibles un par de alas de plumaje abundante, entre el blanco, el rojizo y el castaño claro, que por lo común permanecían plegadas. La fuerza de la ilusión era tal que algunos no podían aguantarse y, disimuladamente, alargaban la mano para palpar lo que no era al tacto sino aire y claroscuro”.

De la lectura de las líneas anteriores, resulta fácil deducir que la fantasía constituye un aspecto cardinal en la novela de Chely Lima. También poseen un peso importante el ingrediente erótico y el misticismo, que al igual que el despliegue imaginativo, estaban presentes en sus libros anteriores. Es desde esa perspectiva que la autora recrea las aventuras que viven en La Habana las dos hermanas, aunque a partir de cierto momento Celeste pasa a ocupar un mayor protagonismo. Sin embargo, lo que comienza como uno más de los viajes que las habían llevado a recorrer el globo, resulta ser un regreso al punto de partida. Allí averiguarán quiénes son, de dónde vinieron, a dónde van.

La Habana que encuentran Celeste y Ágata es una ciudad que continuaba viva, a pesar de estar debilitada por la miseria y el tiempo. En sus calles y barrios abundan las cuarterías con cuerdas cargadas de ropa y bidones para almacenar agua, los famélicos cazadores de turistas, los funcionarios que se derriten a la vista de los dólares. Asimismo cualquier gestión oficial consume años, y las personas que limpian la casa que ellas han alquilado estaban empleadas por el Ministerio del Interior: diariamente informaban, con pelos y señales, de los movimientos de aquellos extranjeros desconcertantes, que “en vez de elegir el ancho mundo, preferían soterrarse en una islita de mierda”.

Pero sobre todo, lo que más sorprende a Celeste son las mil y una escenas de sexo presenciadas por ella. ¡Cómo se templaba en aquella ciudad! Piensa que era lógico que lo hicieran con tal ahínco, pues la mayoría de las personas que transitaban por las calles poseían algún tipo de encanto. Comprende además que se trataba de un ritual terriblemente subversivo. “Los curas y los tiranos, se dijo, tenían toda la razón: Un hombre al que le están haciendo ver el cielo cuando le chupan el extremo de la virilidad, o al que lo están dejando cavar frenéticamente con la punta mejor concebida de su anatomía, o al que lo están rellenando de dicha por su abertura trasera; un hombre en esas circunstancias es capaz de renunciar a cualquier poder, es capaz de traicionar a sus amos y no ceder nunca al deseo de matar. Y no hablemos ya de las mujeres, que están hechas de un arcilla incendiaria, aunque bien que hay muchas que lo saben esconder”.

Ese es el marco donde se desarrolla la trama, en la cual abundan los elementos fantásticos. Por ejemplo, hay un personaje llamado el Seductor, que parece escapado de una novela gótica. Es una especie de vampiro que convierte a Ágata en su esclava sexual. Luego la emplea como señuelo para traer a la casa hombres a los que sorbe el cerebro por un agujerito hecho con la punta de su acerada lengua, mientras fornicaban con la gemela. Por su parte, Celeste vive varias aventuras en las que aparecen, entre otros personajes, Hermes Trimegisto, Olokun, Oshún, un joven que no sabe quién es y una santera que durante toda su vida había aguardado a que la gemela y el Preceptor llegaran. Está presente así nuestro sincretismo religioso, al cual la autora adiciona otro aspecto, al sugerir que bajo la Isla pueden hallarse los restos de la desaparecida Atlántida, que como herencia dejó a los cubanos su difícil karma.

Tras varios años sin publicar narrativa, Chely Lima lo hace con un relato ágil, delicioso y envolvente, que más allá de la sencilla apariencia de su estructura permite otros accesos al lector. La escritura se sustenta en un sólido y esmerado trabajo de elaboración literaria, así como en un vocabulario refinado de cuño neobarroco. Es de señalar asimismo el eficaz empleo del humor, a través de pinceladas suaves, pero certeras. En uno de los breves capítulos, Celeste está muy apesadumbrada y se pone a cantar las endechas con que la dormía el Preceptor, a quien cree moribundo. Este abre entonces los ojos, parpadea y le dice: “Por tu madre, criatura, sí que eres desafinada”.

Foto: LaPitu.

Foto: LaPitu.

“Cuando Valentina Morera nació el paraíso no estaba en el cielo, sino en otra parte muy concreta y distante: en Rusia. El infierno estaba ubicable en dirección al norte, a solo noventa millas. Con infierno y paraíso ubicados en el mapa murieron también las cortes de ángeles y de demonios. Todo estaba en su sitio. Todo tenía una explicación, un aquí y un ahora”.

El párrafo anterior pertenece al inicio del Libro de la derrota (Azud Ediciones, Argentina, 2010, 240 páginas). Su autora es María Elena Hernández Caballero (La Habana, 1967) y constituye su estreno en la prosa de ficción. Hasta su publicación, era conocida como poeta, género en el cual tiene editado tres títulos: Donde se dice que el mundo es una esfera que Dios hace bailar sobre un pingüino ebrio (1989, Premio David), Elogio de la sal (1996) y Electroshock-Palabras (2001). A partir de 1994 vivió durante varios años en Chile y en la actualidad reside en Argentina.

En los primeros capítulos del Libro de la derrota nos enteramos de que Valentina Morera tiene treinta años y pese a la rigurosa educación marxista con la que su padre la atormentó desde la cuna, lisa y llanamente no es comunista. Se dedica a criar en la azotea doce pichones de palomas, a pesar de que lo considera una labor difícil, inútil, sucia y rara. En ella eso respondía a una causa pensada largamente y calculada paso por paso. “Era la historia de una venganza. La historia de un odio. De un odio, si esto fuera posible, visceral. Odiaba desde que tenía conciencia”.

En las páginas siguientes son presentados los demás personajes que van a intervenir en el entramado novelesco. Mosca Blanca es un señor jubilado que ahora dedica su tiempo a espiar a los vecinos y a ir a informar sobre ellos en la estación de policía. Durante su vida laboral recibió numerosas medallas, a las que considera sus compañeras, sus cómplices. Es albino y tiene terror a la luz, razón por la cual usa gafas oscuras. Desde hace años no tiene una erección y mucho menos una eyaculación. Sus pequeñas satisfacciones son de carácter ideológico. Un negro le vendió unos binoculares, que él usa para vigilar a los demás residentes (“Ahora sí los llevaría a todos a juicio, a la cárcel y los expulsaría del edificio. Con buena suerte los expulsaría incluso del país”.). Es justamente mientras realiza esa labor como él descubre su sexualidad.

Al igual que Mosca Blanca, Carmita es una revolucionaria de la vieja guardia. Pese a su edad, está enamorada. El objeto de su deseo es el sargento Retamar, quien piensa que ella y su amiga se escaparon de un famoso cuadro de Antonia Eiriz, que fue la causa de que él abandonara los estudios de pintura e ingresara en la escuela de policía. Otro personaje de la novela es Daniel Urrutia, un joven a quien la cleptomanía lleva a robar madera. Hasta altas horas de la noche se le escucha clavar y clavar. Sin embargo, ninguno de los vecinos sabe qué construye, pues nadie ha logrado entrar a su casa. Completa ese peculiar retablo Celia, una paloma camuflada de rojo que secretamente es entrenada por Valentina Morera para cumplir una arriesgada misión: hacerle un atentado al Comandante.

Aunque posee un núcleo profundamente trágico, la novela de Hernández Caballero está narrada con mucho humor. O dicho de otro modo, es una tragedia contada con estilo humorístico. Asimismo no es tanto que las situaciones sean cómicas, sino que se acercan al absurdo. Se trata además de un humor transgresor, vitriólico, que tiene como fin caricaturizar una realidad que en sí misma es un enorme disparate.

Ese fondo trágico se hace evidente sobre todo en las páginas que siguen al fallido atentado al Comandante. El hecho desencadena una ola represiva a consecuencia de la cual van a dar a la cárcel algunos personajes, incluido el colombófilo que vendió las palomas a Valentina Morera. Por orden expresa del Comandante se inició además una batida para matar a todas las palomas, fueran del color que fuesen. Las calles se llenaron así de cadáveres y por las noches pasaban los camiones de basura para limpiarlas. Los basureros recogían con palas las aves muertas y luego las tiraban en los ríos para que la corriente se las llevase, antes de que llegaran las auras tiñosas.

Por otro lado, hay felicitaciones y reconocimientos para aquellos que supieron cumplir con su deber como revolucionarios y cederistas. Carmita, que informó a la policía sobre los peligrosos y extraños movimientos de Valentina Morera y Celia, la paloma asesina, es condecorada con la medalla Heroína de la Patria, que le entrega el propio Comandante. “Cualquier enemigo diría que esta compañera estaba loca, delirante, dijo. Pero a ella no le había importado, había hecho lo que todos debían hacer”. Pero tanto Carmita como Mosca Blanca no dejan de ser también víctimas de ese mismo régimen al que sirven fielmente. Son personajes desamparados, tristes, que sobreviven como pueden, aunque se equivocan al elegir el modo para lograrlo.

Lo primero a resaltar en Libro de la derrota es que, pese a ser la primera incursión de su autora en la narrativa, el balance literario es, en términos generales, satisfactorio. En su salto al otro género no se notan indicios que delaten sus orígenes poéticos. Hernández Caballero ha optado por un deliberado despojo de ornamentos y complejidades en el lenguaje, y emplea una prosa más directa, sencilla y funcional. Prueba ser el vehículo apropiado para lograr la fluidez de una novela que da prioridad al relato de los hechos que conforman el núcleo argumental.

¿Por qué la autora dio a su obra ese título? En las primeras páginas se reproduce una cita de Cioran que arroja alguna luz. En ella el filósofo rumano se refiere a los atractivos de la debilidad y apunta: “Cuando los débiles son legión, os encantan, os aplastan: Cómo luchar contra un continente de abúlicos?”. Y concluye así esas líneas: “No se abdica de un día para otro: es preciso una atmósfera de retroceso cuidadosamente fomentada, una leyenda de derrota”.

Mucho más clara es al respecto María Elena Hernández Caballero, quien en una entrevista expresó: “Hace tiempo que sabemos que las utopías agonizan. Sin embargo muchos, especialmente en América Latina, se empeñan en ponerle sueros, inyecciones y todo tipo de energizantes a la revolución cubana. Están negados a aceptar que tienen delante un cadáver. Pero nosotros que nacimos y crecimos dentro del proceso revolucionario, que le entregamos lo mejor, nosotros la hemos visto deteriorarse, traicionarnos, corromperse. Este proceso nos amargó, nos dividió, nos expulsó y todavía nos lacera. Para nosotros no puede ser otra cosa que una desilusión, una derrota”.

TRES

“Si perdiera el sentido de la visión, con tan solo una dádiva de la memoria recorrería sin perderme por el trayecto que hicimos juntos millones de veces. Cómo no. Pero algunos de esos recuerdos pueden llegar a ser casi insoportables”. (Leer fragmento del libro.)

Las líneas anteriores corresponden a Gertrudis, uno de los personajes de la novela Sangra por la herida (Ediciones Unión-Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010, 220 páginas). Y en efecto, los recuerdos a los cuales alude resultan dolorosamente insoportables para un grupo de personas que en la década de los 60 eran muy jóvenes. Entonces estaban llenos de planes e ilusiones y muchos de ellos estudiaban en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana.

Como Gertrudis comenta, eran los años de estudiar hasta el amanecer, los helados en Coppelia, las fiestas del sábado por la noche, las guardias, la asistencia a las proyecciones en la Cinemateca de Cuba y el Cine Club Varona, las reuniones de la FEU, los círculos políticos, las funciones de teatro en la sala Tespis, las escapadas al hotel Flamingo para escuchar a Meme Solís, las lecturas de poesía en el Parque de los Cabezones, las peñas y tertulias. Pero aquella no fue solo una etapa de efervescencia cultural, optimismo y sueños luminosos. Fue también la de las depuraciones en la universidad, las prohibiciones más absurdas, la intolerancia, la rigidez ideológica, las delaciones y muchas otras cosas que, como la propia Gertrudis señala, obligaban al disimulo, la doblez y la astucia para sobrevivir.

En Sangra por la herida, Mirta Yáñez (La Habana, 1947) ha realizado una valiente y dolorosa indagación en la memoria de una generación que hoy peina canas. Incorpora así una visión desmitificadora del pasado inmediato que hasta ahora la narrativa cubana había esquivado. Para muchos de los caracteres de la novela, se trata además de un pasado que dejó marcas, una herida sin cicatrizar que aún sangra. Por otro lado, esa etapa aparece vista desde el presente, concretamente los años finales del siglo pasado. Eso da pie para que los personajes repasen los empeños, quimeras e ilusiones de entonces para hacer balance de qué pasó con ellos.

Con ese estilo que mantiene en todas sus intervenciones, Gertrudis discrepa con quienes tratan de glorificar los años 60 como una etapa dorada, destacando los logros y las transformaciones que se hicieron, pero obviando su cara negativa. “Díganmelo a mí. Como si todo aquel tiempo hubiera sido pura diversión, la gente se pone a cantar Imagine y aquí no ha pasado nada. Se están haciendo los bobos, los chivos locos, los suecos, ¿o qué?// Óiganme, ¿nadie se acuerda o no se quieren acordar?”.

A lo largo de la novela se van dibujando las circunstancias y oscilaciones del contexto político y social que fueron desbaratando los sueños de muchos de los que entonces eran jóvenes. Un estudiante de matemáticas amigo de Tristán, otro de los personajes de Sangra la herida, desapareció un día sin que nadie supiese qué le había sucedido. Apareció varias semanas después, flaco, rapado al cero, con una herida larga y profunda en la pierna. Confesó a Tristán que lo recogieron cuando se hallaba en L y 23 y lo llevaron a una granja de trabajos forzados en Ciego de Ávila. Allí cortaba caña de sol a sol junto con unos 100 reclusos, mientras eran vigilados por soldados con armas. Los prisioneros eran, en su mayoría, jóvenes melenudos (“enfermitos”, según el término de la época), así como algunos testigos de Jehová y miembros del Bando de Gedeón. El incidente afectó mucho al joven, que terminó pegándose un tiro.

Con mucho más detalles se cuenta la historia de Herminia, una joven de costumbres un tanto hippies que era algo así como la hermana melliza de Tristán. Trabajaba en el Instituto Cubano de Radiodifusión y desde el inicio pasó a ser vista como una apestada. El simple hecho de estudiar inglés, fumar con boquilla y llevar el pelo corto, fue suficiente para que la tacharan de desviada y extravagante. Fue llamada a contar por haber mencionado en un guión el horóscopo (“El horóscopo, ¡qué es eso!, no se podía tolerar ese rezago del pasado, semejante superchería, peligrosísima.”).

Luego descubrieron que mantenía correspondencia con sus padres, establecidos en Estados Unidos. Eso aumentó la desconfianza hacia ella y motivó que la pusieran bajo vigilancia. Siguieron otras censuras de sus libretos, y a partir de cierto momento todos sus proyectos fueron rechazados sin darle explicaciones. Le asignaban tareas áridas y aburridas, le ponían los horarios más incómodos y en compañía de los colegas más tontos. Finalmente, la eliminaron del puesto. Quedó así en la calle, con el cartelito de “conflictiva”. En un cuaderno había anotado sus planes para el futuro que no pudo materializar: estudiar ruso, hacer una exposición de pintura, dirigir una película, aprender guitarra, escribir un libro sobre arte cubano.

Pero entre todos los casos que se recogen en la novela, el que seguramente más impresiona es de la joven a la que los demás personajes llaman La Difunta. Fue el centro de un oscuro suceso del pasado con el cual todos tienen una atadura. En buena medida, aquel incidente constituye el hilo conductor del desgarrador y necesario exorcismo que es Sangra la herida. En torno a esa estudiante de la Escuela de Letras se montó un siniestro engranaje, cuyo propósito era, según quienes lo orquestaron, “ayudarla”. La apostasía y la delación estaban entonces a la orden del día, y no faltaron compañeros de estudio que se prestaran a la infame tarea de acercarse a ella para luego proporcionar la información con que tenían pensado expulsarla de la universidad.

Los recuerdos de aquellos años se superponen en la novela a la existencia en los años 90 de esa docena de personajes. ¿Qué ha sido de ellos? Unos terminaron en la soledad, la decrepitud o el alcoholismo. Otros, como Martín, se despiertan cada día con una desazón que interpretan como la secuela de su permanente estado de frustración. Tristán optó por tomar el camino del exilio. Y algunos, en fin, ya están muertos. Irónicamente, quien único ha logrado triunfar es la persona que delató a La Difunta. Ahora es funcionaria en una agencia de turismo en Londres. Ha recibido un fax de su esposo y de acuerdo al mismo debe regresar de inmediato a Cuba. Pero la última vez que estuvo en La Habana todo le pareció ajeno, despintado, mugroso, oscuro. De manera que no, no pensaba regresar.

Por otro lado, La Habana no es ya la que conocieron aquellas personas. El deterioro del espacio urbanístico, el jineterismo, la corrupción, el empobrecimiento del lenguaje a un nivel carcelario, la marginalidad que se ha apropiado del ámbito público, son los síntomas más visibles de su decadencia. A manera de sombrías metáforas, esa Habana aparece recreada en las breves viñetas de la Mujer que habla sola en el parque. Una de las expresiones más patéticas y elocuentes está dada a través de la Doctora Carvajal, quien años atrás fue profesora de Gramática en la universidad. Dedicó toda su vida al trabajo y ahora sobrevive, jubilada y soltera. Antes de que falleciera, todas las mañanas se sentaba en una esquina con una cajetilla de cigarros entre las piernas. “No decía palabra ni ofrecía nada, solo permanecía allí, sin moverse, petrificada de vergüenza, hasta que se acercaba un transeúnte y le compraba un cigarrillo que la Doctora Carvajal vendía a peso para poder reforzar el magro retiro que ni le alcanzaba para comer”.

Para plasmar literariamente este doloroso y lúcido retablo generacional, Mirta Yáñez escogió una estructura coral de sólido y perfecto engranaje. Está armado a partir de un contrapunto de voces que responden a diversas edades, experiencias y naturalezas, y que van tejiendo el denso entramado de la novela. Eso permite abordar la historia desde varios puntos de vista, en su mayoría femeninos. En ese sentido, Sangra la herida constituye una especie de modelo para armar, aunque la autora proporciona los elementos necesarios para que el lector pueda recomponerlo. Hay además un elaborado tratamiento del lenguaje, que posibilita a la autora recrear e incorporar registros de la oralidad sin caer en la reproducción naturalista.

Galardonada con toda justicia con uno de los Premios de la Crítica correspondientes a 2010, Sangra la herida es una propuesta narrativa que admira no solo por su ambición, sino además por la solvencia y la madurez con que Mirta Yáñez ha sido capaz de materializarla. Debemos agradecerles, pues, por esta novela que nos ilumina con su honestidad, su desolación y su verdad.

¿Robó el AMANTE uruguayo de Lorca su cádaver?

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 02/21/2012
Enrique Amorín y Federico García Lorca.

Carmen Sigüenza
El Mundo.es l 02/14/2012

La leyenda de Federico García Lorca y su muerte no tiene fin; todavía no se sabe donde están sus restos, y ahora el redescubrimiento, por parte del escritor Santiago Roncagliolo, de Enrique Amorín, un millonario que fue amante del poeta cuando estuvo en Uruguay, deja en el aire si éste pudo robar su cadáver.

Una apasionante historia que el peruano Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ha plasmado en ‘El amante uruguayo. Una historia real’, publicado por editorial Alcalá; una monumental investigación por el Buenos Aires de los años treinta, la guerra civil española y el París de posguerra, y por la historia de los máximos creadores del siglo XX, como Picasso, Chaplin, Neruda o Borges.

Y una investigación que empezó con el interrogante de saber si sería verdad que Enrique Amorín, un escritor seductor, comunista, homosexual casado, y uruguayo y argentino a partes iguales, había robado el cadáver de Lorca, como él mismo dijo tras haber hecho un homenaje en 1953 en Salto, a orillas del río que separa Uruguay de Argentina ante multitud de gente, para enterrar una caja blanca -que se supone que contenía sus huesos- y levantar un monumento al poeta.

“Cuarenta y ocho años después, el monumento y su misterioso contenido siguen ahí, intactos”, dice a Efe Roncagliolo, “pero nadie quiere decir ni una palabra sobre si es verdad o no”.

Cierta o no, la historia le pareció fascinante al escritor peruano porque, a raíz de la misma, descubrió que detrás existía un personaje de novela total, y se puso en marcha para investigar todo su legado.

“Amorín era un escritor, bueno, más personaje que escritor -dice el autor-, con 40 libros escritos pero con poca memoria de ellos, que se sabía todos los secretos de los artistas del siglo XX. Su vida era su mejor obra. Sabía mucho y no lo podía contar, porque en los 50 no se podía hablar de la homosexualidad de Lorca o de Jacinto Benavente, o de los dudosos manejos del partido comunista, en el que él mismo militó”, argumenta el autor de “Abril rojo”.

Y es que Roncagliolo cree que Amorín, al que todos los artistas le pedían dinero, entre ellos Picasso, aunque luego se lo cobraba caro, dejó un vasto material para que alguien escribiese su vida. “Y me tocó a mí -reconoce el escritor-, aunque en realidad su vida está llena de enigmas”.

“Si los restos de Lorca están donde dice él que los dejó, es un hecho histórico; pero, si no, es su última burla del mundo intelectual que nunca le tomó en serio”, subraya.

El escritor uruguayo, Enrique Amorín, con el poeta español, Federico García Lorca, en una imagen de 1930. | Efe

Amor y reuniones secretas

El libro, que se lee de forma trepidante y está plagado de anécdotas y descubrimientos, cuenta que Amorín y Lorca fueron amantes este último estuvo en Argentina y en Uruguay, y un tiempo en Madrid, con cartas que hablan de una relación muy cómplice y muy pícara.

“Es difícil saber cómo fue de íntima esa relación -explica Roncagliolo-. Gibson cuenta que Lorca tenía mucha gente que se enamoraba de él y a la que olvidaba rápidamente, pero yo creo que Amorín llegó a creer que su amor fue mucho más intenso, incluso pensaba que a Lorca lo mataron por su culpa, por haberles pillado una conversación en la calle en la que ellos admitían sus filias y sus fobias políticas”.

Todo un material, con cartas, fotos, documentos, que el autor de ‘Tan cerca de la vida’ ha rescatado, en gran parte, de la biblioteca de Amorín en Uruguay, que su mujer custodió durante años, y del libro de sus memorias.

Cartas con momentos memorables como el que recoge el libro sobre la reunión secreta que tuvieron Chaplin y Picasso. “Chaplin no quería que se supiera que había habido esa reunión porque le perseguían en Estados Unidos por comunista y Picasso era un reconocido comunista. Se encontraron en secreto y Amorín estaba allí”, comenta el autor.

“Pero Chaplin no menciona que Amorín estuviera allí, solo dice que estaban Picasso, él y Jean-Paul Sartre, y la descripción que hace de Sartre es la de Amorín, y es que Amorín se hizo pasar por Sartre. Me encantó. Me dije ¿pero qué personaje es éste?”.

El resultado de este libro no es saber si nos podemos fiar o no de Amorín. Para el autor, “en cualquier caso, nos ha dejado un retrato del siglo XX, el de alguien que estuvo en todo y con todos, pero que no estuvo en la foto”, concluye Santiago Roncagliolo.

Muere en Miami la POETA Elena Tamargo

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 11/20/2011
ElenaTamargo. Foto: Elsa Roberto.

Sarah Moreno
smoreno@elnuevoherald.com
El Nuevo Herald l 11/20/2011

La escritora cubana Elena Tamargo falleció hoy al amanecer en Miami. Tamargo, de 54 años, había luchado durante varios años contra el cáncer a la vez que se mantenía activa en la vida cultural de la ciudad, y seguía escribiendo poesía además de crítica de teatro para El Nuevo Herald.
“Elena simboliza para nosotros la belleza y la fe en la poesía”, dijo la profesora universitaria y crítica literaria Madeline Cámara, quien recuerda la fidelidad de Tamargo con sus amigos y su habilidad para mantenerlos unidos.
“Elena le daba cohesión a la generación de poetas cubanos de los 80, a la que pertenecía. En sus últimos libros, escritos en Miami, le rindió culto a su ciudad, La Habana”, añadió Cámara.
Nacida en el puerto de Cabañas, cercano al Mariel, en la provincia de La Habana, Tamargo se mudó a la capital en los años 70 para estudiar en la Universidad la carrera de Lengua y Literatura Alemana. Según apuntó Cámara, su labor como profesora de alemán era muy importante para Tamargo, que también enseñó en universidades mexicanas cuando se estableció allí a partir de 1992 con su esposo, el poeta Osvaldo Navarro. El fallecimiento de Navarro en el 2008 motivó que Tamargo se mudara definitivamente a Miami para estar cerca de su hijo Nazim Navarro.
Con Navarro también compartió Elena una estancia en Rusia, donde presenció el fin del sistema comunista y la caída del muro de Berlín. Fue su fructífera estancia en México, sin embargo, la que le permitió trabajar como crítica y editora de la obra de grandes poetas latinoamericanos como Juan Gelman y Gonzalo Rojas y colaborar con la Fundación Octavio Paz.
“Elena era una mujer llena de bondad, que en varias ocasiones me dijo que quería que la recordaran como una persona buena”, expresó su amigo, el escritor y promotor cultural Manny López, quien compartía mucho tiempo con ella y pudo comprobar como su profesionalismo se mantuvo hasta el final.
“Me decía que quería trabajar y ser útil, su mayor preocupación era cumplir con sus críticas de teatro, incluso aunque a veces sintiera los efectos de la enfermad”, contó López, recordando que “siempre me recordaba que la poesía estaba en todas partes y que sólo teníamos que notarla y después escribir”.
López leerá esta tarde a las 4 p.m. en el salón 6100 del Recinto Wolfson en la Feria del Libro en la sesión que Tamargo estaba programa para presentarse, donde compartiría con los poetas Ena Columbié y Leo Selis. López ha elegido para su lectura poemas inéditos de Tamargo que se publicarán en el libro Dias ya vacíos, un volumen recopilatorio de su obra poética que editará Bluebird.
“Voy a recordar a Elena de muchas formas, sobre todo por su deseo de vivir y por su incesante trabajo, porque aún enferma le decía que sí a sus amigos para escribirles un prólogo o un comentario para un libro. También estábamos organizando una presentación en Miami de la poeta guatemalteca Maya Cu, que ella admiraba mucho”, contó López, que considera que los planes de Elena le dieron energías para luchar contra la enfermedad.
A Tamargo la sobreviven su hijo Nazim, su nuera Dani y sus tres nietos, además de su hermano José Francisco Tamargo y su familia.
Sus restos serán cremados y no habrá servicios funerarios.
A manera de homenaje, el grupo de teatro Akuara ofrecerá una función gratuita de la última obra a la que Elena asistió, Traficantes de pasión, el sábado 26 a las 8:30 p.m. en la sala Akuara, localizada en 4599 SW 75 Ave.

David Lago, POETA y bloguero de la disidencia cubana

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 10/21/2011

El escritor vivía exiliado en Madrid desde hace casi tres décadas

Roger Salas
El País / 10.21.2011

El poeta y escritor David Lago González murió el martes 18 en un hospital madrileño. Había nacido en Camagüey (Cuba) el 21 de mayo de 1950. Emigró con su madre, ya viuda, a Madrid en 1982 y tuvo en exilio repleto de penalidades. En sus escritos contó repetidas veces su larga etapa como friegaplatos de un restaurante chino. Era un poeta poseedor de un estilo desgarrado con el que labró su obra casi en silencio. Ante la indiferencia, acudió desde muy pronto a la autoedición, convencido de que debía dejar impreso el corpus principal de su trabajo.
Desde su adolescencia estuvo vinculado a un grupo de artistas y escritores jóvenes de Camagüey que fue muy perseguido por la Seguridad del Estado cubano; pasó por largas detenciones e interrogatorios y fue finalmente relegado a trabajos que en la práctica eran un castigo hasta su salida del país, una vez que fracasó su primer intento en 1980 con la emigración masiva de El Mariel; su casa camagüeyana se convirtió entonces en refugio de artistas perseguidos.
Ya en Madrid, logró recuperar parte de su obra abandonada en la isla, y ordenó y reescribió las suyas y se esmeró en la conservación de las de sus compañeros de generación, entre ellos, Carlos Victoria, también prematuramente desaparecido. Con la llegada de Internet, David Lago se centró en tres blogs que mantenía muy activos y a la vez: El Penthouse de Heriberto, Indicios de desorden y Strawberry fields forever, desde donde mantenía a sus lectores informados de sus quehaceres con la materia poética, a la vez que sostuvo una ejemplar y vertical postura de oposición a la dictadura comunista que padece Cuba. En sus últimas voluntades dejó expresamente dicho que sus cenizas nunca debían volver a la isla y que su obra no se publicara allí mientras no hubiera un firme cambio democrático y desapareciera la égida de los hermanos Castro.
Lanzó unas peculiares ediciones propias, de carácter artesanal, que el propio Lago calificaba de “semiclandestinas”: la Colección Timbalito, donde Lago publicaba su obra y la de otros cubanos, tanto del exilio como de la isla. En Madrid sacó dos libros en la editorial Betania: Los hilos del tapiz y La resaca del absurdo. Sus últimas tres obras fueron Los sonidos del silencio (ensayo poético sobre la represión y el ostracismo); Memorias del Este y Old spice (estos dos de poesía), todos en la editorial Hoy No He Visto el Paraíso. Los manuscritos, libros, fotografías y otros materiales literarios de David Lago serán custodiados en la Cuban Collection Heritage de la Universidad de Miami.

El dueño de la SENSIBILIDAD. Manuel A. López

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 10/18/2011

Elena Tamargo
De La Habana al cielo / 10.12.2011.

El anhelo de armonía es el primer axioma de la estética de Manny López, y así lo expresa en Yo, el arquero aquel, donde prima el deseo de abrazar el mundo, pues para él la realidad no es el conjunto de cosas que hay sino el fruto de un encuentro con ellas. Y es que la realidad, para el poeta se anticipa y se presenta, pero no de un modo cortés. Y Manny, cuando se encuentra en algún oscuro desierto de la vida, acelerará su paso para buscar refugio en el arte, especialmente en la poesía. De esto y del amor habla su libro; a veces habrá momentos en los que la llama se libera de la leña y victoriosa se eleva agitándose sobre las cenizas, pero cuando llegan esos otros momentos en los que la llama se eleva y cae y se quiebra hasta que se consume, entonces de Manny López sale el guerrero a humear la llama, pelea y la apaga. Manny se siente llamado, como alguien que ha hecho de su vocación la esencia de su vida. Yo, el arquero aquel parece un libro de amor pero es eso y más, es la saga de un guerrero luchando con su alma; es el primer libro de Manny, un libro cuidado y bien escrito, donde las situaciones, los objetos al alcance de la mano, son interrogados por un escritor perceptivo que le devuelve a las cosas inanimadas y a las escenas anónimas su modesta singularidad, su discreto heroísmo. Creo que Manny, como el poeta Bertold Brecht podría decir “me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo como era su casa”.

* * * * * * * * * * *

Yo, el arquero aquel (Editorial Velámenes) se presentará en Akuara Teatro, el jueves, 20 de octubre, de 7pm a 10 pm. Presentación a cargo de la escritora Elena Tamargo y apertura de la exposición Nuevos ámbitos, de Cándida Rodríguez, quien ilustró la portada del libro.

Teatro Akuara
4599 SW 75th Ave
Miami, Fl 33155

Para más información
786-443-5872

Presencia negra: TEATRO cubano de la diáspora (Antología Crítica), de Armando González-Pérez

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 09/28/2011

Betania, editorial hispanoamerica, ha confirmado esta semana que el libro más vendido en el pasado mes de agosto ha sido la antología crítica Presencia negra: teatro cubano de la diáspora, del profesor cubano Armando González-Pérez.

Con prólogo del investigador José A. Escarpanter (1933 – 2011) y prefacio de Kenya C. Dworkin y Méndez, la antología incluye una documentada introducción del antólogo y los textos completos de las obras de ocho dramaturgos cubanos exiliados. A saber:

La navaja de Olofé, de Matías Montes Huidobro.
Otra historia, de Pedro R. Monge Rafuls.
Las hetairas habaneras, de José Corrales / Manuel Pereiras García.
Los hijos de Ochún, de Raúl Cárdenas.
La eterna noche de Juan Francisco Manzano, de Héctor Santiago.
Rita and Bessie, de Manuel Martín, Jr.
Trash, de Pedro R. Monge Rafuls.
E-Motions/E-Mociones, de Leandro Soto.

Las obras seleccionadas por el profesor González-Pérez constituyen una muestra valiosa del teatro cubano de la diáspora y sitúa al lector frente al tema negro.

En la portada se reproduce la obra plástica Las palomas de Obatalá (1996) de Leandro Soto, mientras que los dibujos interiores son del pintor cubano, fallecido en el exilio, Domingo Poublé.

Presencia negra: teatro cubano de la diáspora (Antología crítica)
De Armando González-Pérez.
Prólogo de José A. Escarpanter.
Prefacio de Kenya C. Dworkin y Méndez.
320 pp., 1999. Colección ANTOLOGÍAS.
ISBN: 84-8017-111-1.

PV: 15,00 euros ($20.00).

Pedidos directamente a Betania: ebetania@terra.es

Distribuidores:
En España (MAIDHISA): ismaroto@hotmail.com
En EE. UU. (UNIVERSAL): jms@pedidos.com

La mujer del coronel: SEXO, verdades y cintas del G-2

Posted in Literatura by Eddy D. Souza on 08/31/2011

Por Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO

Ni dos días me he tardado en beberme este libro que, a pesar del desenlace –que por supuesto no revelaré– me ha dejado tan buen sabor de boca, como si hubiera paladeado un licor exquisito o un manjar romano como los que Valerio Martinelli/El Sultán describe tan prolijamente a Nuria/ Sherezada en esta sorprendente novela del señor Carlos Alberto Montaner, y digo así: ¡sorprendente! –y mucho–, porque no me imaginaba que este hombre, autor de agudos análisis políticos y sociales, con el que me encuentro a menudo en eventos culturales e intercambio saludos, tuviera un conocimiento tan cabal, completo, desprejuiciado y detallado sobre la sexualidad humana, tanto de su propio género como del opuesto, y que fuera capaz, además, de hilvanar una historia tan bien escrita, sin didactismos pedantes o tediosos, y sin caer tampoco en las vulgaridades ni en los lugares comunes del llamado “realismo sucio” que ha signado cierta literatura cubana de los últimos tiempos.

La mujer del coronel es también una muy eficaz “Piedra Rossetta” para que los cubanos que no lo vivieron y los extranjeros puedan “descifrar” los códigos del Partido Comunista de Cuba y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (F.A.R.) –sobre todo durante el período de las llamadas “misiones internacionalistas” a Angola y a Etiopía– en cuanto al tratamiento de las infidelidades de las esposas de sus cuadros en misión se refiere–, y una especie de “mapa” además para poder entender la compleja sicología de una sociedad donde todo el mundo tiene que desconfiar de todo el mundo, esconder sus verdaderos pensamientos políticos y que, durante una larga y sombría etapa, tuvo hasta que romper con los familiares “desafectos” a la Revolución, como hizo Nuria con sus padres y hermana; hechos que hoy pudieran parecer inverosímiles para los que no los sufrieron en carne propia, pero que constituyeron el pan de la exigua cuota de cada día durante demasiado tiempo para los que sí vivimos esa pesadilla totalitaria.

Mapa sico-sociológico del Castrismo, Piedra Rossetta para descifrar sus aberraciones partidistas y militares, y manual de sexualidad desprejuiciada y elegante a la vez; todo eso es La mujer del coronel, donde me vuelve a asombrar la capacidad de su autor para recrear atmósferas que no vivió pero que su compromiso con la tierra donde nació le han permitido “adivinar” con total precisión, como cuando narra la “escapada” de Nuria a las tiendas romanas para resarcirse de las penurias estéticas del no consumismo fidelista, y la estrecha vigilancia fílmica del G-2 a propios y extraños para nutrir los archivos del régimen y poder chantajear después a sus víctimas si fuera necesario, así como esa erudición que pone en boca de Martinelli para la consumación de su –nunca mejor dicho– “sexo ilustrado”.

Y por si fuera poco todo esto, Montaner se da el lujo de ponerse en los zapatos de cada personaje principal –como Kurosawa en Rashomón– para brindarnos una introspección en primera persona tan honesta y humana que nos desarma a la hora de tomar partido, porque todos poseen una “verdad” que defender, y todos al final resultan víctimas de sus circunstancias, aún el abyecto capitán Aramís Monreal, el instrumento del G-2.

Si Un ciervo herido, de Félix Luis Viera, es para muchos el mejor libro sobre la oprobiosa UMAP que se ha escrito en Cuba, La mujer del coronel es para mí la novela que recomiendo sin ambages a todos los que quieran saber más sobre la invasión de la Seguridad del Estado castrista en la vida sexual de los cubanos, “internacionalistas” o no, durante las guerras en África donde tantos de nuestros compatriotas sirvieron de carne de cañón.

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