Teatro TILINGO perdió su sede pero sigue en funciones
“La Colmenita” es el nombre que le colocó Gobierno de Distrito Capital al espacio
Anyimar Cova Lugo
El Universal | Caracas, 05/12/2012.
Teatro Tilingo fue el nombre que, durante 45 años, tuvieron las tablas ubicadas en el parque Arístides Rojas de Maripérez. Sin embargo, desde el 1 de abril, tras el desalojo ordenado por el Gobierno de Distrito Capital (GDC), el lugar adquirió nueva identidad: La Colmenita.
El vencimiento del comodato que, primero en 1967 con el Ministerio de Obras Públicas, y luego en 1987 con el Ministerio de Desarrollo Urbano, firmó la dirección del Tilingo fue lo que argumentó el GDC para concretar la medida e instalar en el lugar un núcleo de la Colmenita Bolivariana, un proyecto que busca la “inclusión de niños en situación de riesgo”.
“No acabaron con nosotros. Seguimos funcionando”, asegura María Elena Brunicardi, directora de la compañía teatral quien, junto a su asistente y a las seis personas del elenco actoral, debió abandonar las instalaciones del Arístides Rojas; aunque el personal obrero sí fue absorbido por el GDC .
Detalla Brunicardi que hoy día la sede administrativa del Tilingo es su propia casa y todo el material de escenografía y vestuario fue repartido entre la junta directiva.
“Colegios, parques, plazas y donde nos necesiten nos presentaremos haciendo lo que sabemos hacer: teatro para niños, teatro con títeres”, dice.
No en vano, en julio estrenarán la obra Familia somos todos, y mantendrán en su repertorio las piezas Vamos a la placita con Bolívar, El secreto de la bóveda y Rosita, la niña que quería conocer Venezuela. De igual modo, ofrecerán presentaciones para planes vacacionales. De hecho, los interesados pueden solicitarlas a través de teatrotilingo@gmail.com
En tanto, en la llamada Colmenita, según detalla la programación presentada para este mes por el GDC, habrá obras los fines de semana. Será Meñique la que se presente hoy y mañana a las 2:00 p.m.
Dramaturgo argentino gana PREMIO “El gallo de La Habana” en “Mayo teatral”
EFE / Univisión Noticias
La Habana, 05/07/2012.
El dramaturgo y actor argentino Arístides Vargas ganó hoy el premio “El gallo de La Habana”, que entrega la institución cultural cubana “Casa de las Américas” durante la temporada “Mayo Teatral”, que se desarrolla actualmente en la isla.
El jurado del galardón reconoció en su fallo la contribución del director del grupo de teatro “Malayerba” al “recuperar del olvido una memoria viva que se ha convertido en patrimonio de la región”, según informaron sus promotores.
Vargas escribió los textos de obras como “Jardín de pulpos”, “La edad de la ciruela” y “Pluma y la tempestad”, entre otras.
Este artista es el director de la compañía “Malayerba”, con la que ha trabajado en Ecuador, donde está radicado desde 1977.
Su trabajo con ese colectivo teatral es conocido en México, Nicaragua, Costa Rica, Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba.
El premio “El gallo de La Habana”, una escultura que representa “el movimiento, el color y la batalla solitaria y agónica del teatro”, fue creado en 1966 con el fin de reconocer a grupos, instituciones y hechos significativos que constituyan un aporte al teatro latinoamericano y caribeño.
Gracia de Matanzas: anatomía y fisiología de un TALLER
Omar Valiño
La Jiribilla l La Habana, abril 28 a mayo 4 de 2012.
Paso frente a la Galería El Retablo, en el meridiano de la ciudad de Matanzas, y veo con mis propios ojos que la sala adjunta, recién acondicionada, se nombra Pepe Camejo, el gran titiritero cubano a quien, en buena parte, se debe el movimiento nacional del teatro de figuras, y pienso que a veces, felizmente, las injusticias de humanos y circunstancias las paga con justicia el tiempo.
Detrás de la sala y la galería nace también el Jardín Pelusín del Monte, en homenaje al títere nacional creado por la matancera Dora Alonso y el propio Camejo. Allí se abrió el 10mo. Taller de Títeres de Matanzas, primera certificación pública para este complejo de espacios entrelazados aún no concluidos; merecido premio a la fortísima labor de Teatro de Las Estaciones, su diseñador Zenén Calero y su líder Rubén Darío Salazar.
El Taller, fundado en 1994 por el maestro René Fernández y su Teatro Papalote, del cual entonces eran miembros Calero y Salazar, se consolidó con rapidez, a lo largo de los 90, como un evento facilitador de un ámbito pedagógico que marcaba una perfecta combinación entre el segmento de espectáculos programados, las acciones de formación, los espacios teóricos y los acontecimientos promocionales.
Con 18 años de andadura y diez ediciones a cuestas, entusiasma comprobar que la anatomía y la fisiología del Taller permanecen intactas, y resultan, cuando menos, tan importantes como en sus primeros tiempos, pues coinciden en dirigirse, esencialmente, a una nueva oleada de jóvenes titiriteros como aquellos a los cuales la convocatoria matancera les resultó decisiva en su aprendizaje.
Ese nuevo rostro, que trata para bien de autorreconocerse lo mismo en una cita en Guantánamo en pequeños talleres y encuentros por todo el país, contrasta con los viejos grupos a cuyo aniversario 50 estuvo dedicado el evento. Medio siglo, y hasta algo más, en los casos de los guiñoles de Pinar del Río, Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Santiago, merecen el profundo respeto por su forja de tradiciones, en algunos casos continuada bajo otros denominativos, pero también la exigencia de una mayor visibilidad en el presente, hija necesariamente de lógicas renovaciones. De algunos de estos colectivos ni siquiera llegaron representantes a Matanzas a participar de su propio festejo, síntoma de sus deseos, más allá de cualquier imponderable.
Por el contrario, esta edición contó con el ánimo impertérrito de Teatro Papalote y del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, signo de que el paso del tiempo no es obligatoria igualdad a pérdida de iniciativa. Alrededor de René y Mercedes Fernández —con más de dos décadas al frente del CPAE—, se juntan los ya mencionados y una pléyade de instituciones y personas cuyo esfuerzo es premiado por la intensidad, el bienestar, la profundidad, el ecumenismo, la calidad y la belleza que caracterizan el Taller Internacional de Títeres, cuyos amplios horizontes marcan la gracia de Matanzas como la capital del arte titiritero insular.
Grupos de seis países participarán en la TEMPORADA “Mayo Teatral” en Cuba
EFE, Univisión Noticias l La Habana, 04/27/2012.
La temporada 2012 de “Mayo Teatral” reunirá a grupos de Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, México y República Dominicana que representarán sus obras en diez ciudades de Cuba, informaron hoy sus organizadores.
El festival que se desarrollará del 3 al 13 de mayo próximo pretende ofrecer una mirada “amplia, diversa y representativa” del teatro latinoamericano y caribeño, resaltó en una rueda de prensa la directora del departamento de teatro de la institución cultural Casa de las Américas, Vivian Martínez.
El grupo argentino ÍntimoTeatroItinerante ofrecerá las historias de Donde comienza el día, obra que propone un diálogo cuerpo a cuerpo entre el espectador y los actores, según adelantaron los promotores del evento.
De Costa Rica llegará el grupo de mujeres de Teatro Abya Yala con la pieza Vacío, que reivindica a las víctimas de la discriminación y el olvido desde el ambiente de un cabaret con la música como hilo conductor.
La compañía chilena Tryo Teatro Banda participará con los espectáculos Buscando a Kay Kay y el interactivo Xeng Xeng Vilu, una puesta que parte del concepto de juglaría.
Los colectivos mexicanos Carretera 45 Teatro A.C y Teatro El Milagro se unirán para narrar en escena los efectos de la violencia en los jóvenes, a través de las obras Mara o de la noche sin sueño y Los asesinos.
Otra de las piezas que integrarán el programa de 79 funciones del evento será Las tres viejas, de la compañía brasileña Teatro Pandega.
Los colectivos de Cuba como Argos Teatro, Teatro de la Luna y El Público tienen programado un ciclo en homenaje al dramaturgo cubano Virgilio Piñera (1912-1979) por la celebración de su centenario, con cinco de sus piezas.
En total, los artistas cubanos escenificarán once trabajos en Mayo Teatral.
El teatro cubano gana nuevo ESPACIO en La Habana
Prensa Latina l La Habana, 04/13/2012.
Un nuevo espacio de las artes escénicas en Cuba abrirá sus puertas el venidero 21 de abril en el céntrico barrio capitalino del Vedado, con la inauguración del Centro Cultural Raquel Revuelta (1925-2004).
La nueva institución, que honra la memoria de una de las grandes actrices cubanas de todos los tiempos, fue remozada en el antiguo cine Olimpic, y comenzará a tener vida útil antes de su apertura oficial, con la IX Semana de Lecturas Dramatizadas de Teatro Alemán Contemporáneo.
Este encuentro, a realizarse la próxima semana, contempla piezas como Hartos, de Marianna Salzmann; Peggy Pickit en el rostro de dios, de Roland Schimmelpfennig; Sigue latiendo, corazón mío, de Juliane Kann, y Animal, del austriaco Ewald Palmetschofer.
La cita, auspiciada por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Instituto Goethe de Cultura Alemana, permitirá apreciar la calidad de las propuestas de autores que actualmente ocupan un lugar relevante en la escena germana, y que pueden enriquecer el repertorio de las compañías y los referentes estéticos del público cubano.
Bajo la dirección del actor y director Julio César Ramírez, el Centro Cultural Raquel Revuelta también recordará la obra imperecedera de otra figura imprescindible de las tablas cubanas, Héctor Quintero, quien por largos años luchó por la existencia de esa entidad.
En sus predios, no sólo encontrarán cabida todas las manifestaciones teatrales y danzarias, sino que también radicará la Editorial Tablas Alarcos, encargada de la publicación de libros y de la revista dedicada a las artes escénicas, además de promover la realización de actividades y encuentros de reflexión.
Junto a su hermano, el recién fallecido dramaturgo Vicente Revuelta, Raquel fundó en 1958 Teatro Estudio, una de las compañías más importantes en la escena cubana, y en la cual ella se mantuvo hasta el final de sus días desarrollando una meritoria labor como actriz y directora general por más de 38 años.
Durante su larga y fructifica carrera, Raquel interpretó obras de los más famosos autores nacionales y extranjeros, tanto en teatro como en cine y televisión, además de presidir el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral de Cuba, una institución cultural de promoción e investigación artística que agrupa a numerosos teatristas de Iberoamérica.
Bolivia presenta un HAMLET marginal y alcohólico

Ofelia está trabajada en función de Hamlet, es como su espejo, explica Guimaraes, quien hace referencia al agua como elemento simbólico. Cortesía FITC.
Ángel Ricardo Gómez.
El Universal | 03/31/2012.
En Bolivia, un “aparapita” es una persona que va del campo a la ciudad en busca de una mejor calidad de vida y termina dedicada a trabajos forzados. El dinero ganado lo gasta en alcohol. Mientras el Hamlet de Shakespeare es el príncipe de Dinamarca, que viene de realizar estudios en Inglaterra; el Hamlet de Teatro de los Andes es un “aparapita” del altiplano, marginal y alcohólico, que se plantea el dilema del ser o no ser, a raíz de la muerte de su padre.
Estrenada en enero en el festival Santiago a Mil de Chile, esta versión libre del clásico de Shakespeare es otra de las opciones que ofrece el Festival Internacional de Teatro de Caracas. El Teatro de los Andes ya había visitado Venezuela, en 1999, 2002, 2009.
“En Hamlet nosotros hemos identificado cosas de las que nos interesaba hablar: ese conflicto de una cultura ancestral, con toda una cultura de modernidad, de globalización y tecnología, que vivimos en el mundo de hoy en día. En América Latina tenemos esta confrontación de un mundo moderno, nuevo, pero que todavía tiene cosas culturales, tradicionales, muy fuertes, en su cotidianidad”, comentó Alice Guimaraes, actriz brasileña que forma parte de la compañía desde hace 17 años, el mismo tiempo que tiene viviendo en Bolivia.
La artista agrega que el hecho de que Hamlet esté en un momento de transición le permite hacer el link con la situación actual de muchos pueblos latinoamericanos. “Él viene del mundo medieval y se encuentra con la llegada del Renacimiento, del hombre nuevo, de la ciencia. Él estudiaba en Inglaterra y no puede creer en fantasmas, pero él ve el fantasma de su padre (cuya muerte quiere vengar)”, comenta. “En nuestra obra planteamos el conflicto entre lo viejo que ya no quiero, que considero muerto, el antiguo régimen político, las antiguas costumbres y, al mismo tiempo, lo nuevo que no está como yo quiero. Entonces me pregunto ¿dónde estoy yo?”.
El Teatro de los Andes es una comunidad creada en 1991, en el pueblo de Yotala, localidad cercana a Sucre. Actualmente el grupo lo integran Giampaolo Nalli, Lucas Achirico, Gonzalo Callejas y Alice Guimaraes. Este Hamlet es dirigido por el invitado Diego Aramburo, calificado como uno de los artistas más influyentes de la cultura boliviana.
Primera Bacanal del Teatro de TÍTERES para Adultos: Un suceso fundacional
Esther Suárez Durán, La Habana.
La jiribilla, No. 568 l marzo, 24-30 de 2012.
Fotos: Arneldy Cejas, Ransés Ruiz Soto, Erduyn Maza y archivo de Teatro La Proa
La Primera Bacanal del Teatro de Títeres para Adultos surge como un conjuro ante la ausencia —ya por demasiado tiempo— en nuestro paisaje artístico del teatro de figuras en diálogo estricto con el público adulto.
En los tempranos 60, la información cultural y la preparación técnica de Carucha y Pepe Camejo (los hermanos Camejo) y Pepe Carril, junto con el talento desbordante y la intuición sensible, los condujeron a inaugurar la vertiente del teatro de títeres para los adultos dentro del Teatro Nacional de Guiñol que lideraban.
La calidad de los espectáculos, su originalidad y audacia estética, la fiesta de los sentidos que experimentaba el espectador en cada una de sus puestas, conquistaron finalmente a ese público que en los inicios se había mostrado remiso y suspicaz y la sala del Edificio Focsa se incluyó por derecho propio entre los referentes escénicos de la época al lado del Teatro García Lorca, la sala Hubert de Blanck, el teatro Amadeo Roldán.
Lorca, Giradoux, Tagore, Brene, Valle Inclán, Lydia Cabrera, Jarry, Aristófanes, Zorrilla, De Rojas, Maiacosvki subieron a escena de la mano de Pepe, Carucha y Carril, recreados por los músicos Antonio Balboa, Juan Márquez, Héctor Angulo; los coreógrafos Iván Tenorio y Julio Medina; los artistas plásticos José Luis Posada, Rafael Mirabal, Raúl Martínez, junto con el propio Camejo, Armando Morales y Carlos Pérez Peña, miembros estos últimos de la compañía, y ya para 1966 el Don Juan Tenorio compartía honores con La noche de los asesinos en la sexta edición del Festival de Teatro Latinoamericano convocado en La Habana por la Casa de las Américas 1.
En breve, el tratamiento coherente y magnífico del mundo farsesco de Aristófanes, del Perlimplín de Lorca, el amor comerciado de Rojas fue calificado de inmoral 2, mientras no faltaba quien tildara de elitista a la trouppe que bajo la supervisión exigente de sus mentores hacía de su arte un coto vedado a la mediocridad espiritual y la falta de rigor artístico.
A inicios de los 70, el Teatro Nacional de Guiñol fue devastado por el leviatán que significó el llamado quinquenio gris. Las fantásticas figuras de sus espectáculos desaparecieron —hay quien afirma haberlas visto arder entre las llamas—, fueron dispersadas, tal y como se hace en los predios políticos públicos con una manifestación indeseada; distribuidas sin orden ni concierto por diversos grupos teatrales. La institución dejó de ser un auténtico proyecto artístico para tornarse, como buena parte de las agrupaciones teatrales del país durante las décadas de los 70 y los 80, en una entidad empleadora donde concomitaban muy diversas tendencias y credos estéticos, sin que en ello interviniese propósito o visión sistémica.
Son los años 90 el ámbito en que se anuncia la recuperación del arte titiritero en la Isla sobre la base de la acción sostenida y el magisterio cotidiano y discreto, sin pompas ni vanagloria, de algunos de sus principales cultores y a partir del aliento que les brindan artistas de nuevas generaciones. Es también el momento del descubrimiento y la revaloración del legado de los Camejo y Carril por estos jóvenes creadores. Sin embargo, el títere queda reducido al intercambio con el público infantil y cuando toma en cuenta al espectador adulto lo hace en tanto individuo que acompaña a los infantes y que media en el consumo de esta oferta artística. No obstante, determinadas agrupaciones cuentan en sus repertorios (a veces en su repertorio histórico, no en el activo) algunas producciones memorables destinadas al espectador adulto, tal es el caso del Guiñol de Camagüey, el Guiñol de Santiago de Cuba, de Los Cuenteros, Teatro Papalote, Teatro de Las Estaciones, Hilos Mágicos, El Trujamán a las que se añaden algunas propuestas unipersonales o de muy pequeño formato (dos actores), de Armando Morales, uno de los fundadores del Teatro Nacional de Guiñol y su director general desde el año 2000, quien ha permanecido en sus filas durante todas estas décadas.
De este modo, la escena titiritera para adultos se anuncia, pero no logra establecerse; no consigue dar continuidad a esa imprescindible expresión teatral que en su momento constituyó parte fundamental del teatro cubano y acerca de la cual recibimos la memoria que desgranan nuestros mayores y que transmuta el hecho artístico de antaño en sustancia mítica, la experiencia en leyenda y los dota de una extraña cualidad de fijeza cual si se tratara de algo inalcanzable; un acontecimiento, un pathos irrepetibles.
Para romper el hechizo, para poder apropiarnos en realidad del patrimonio indiscutible y tornarlo memoria activa, fluyente, fecunda; para entrar en verdadero diálogo con los maestros primigenios y con los actuales surgió la idea de celebrar una fiesta titiritera para el público adulto. Solo así sería posible restablecer en su real espacio —su espacio total— a tal modalidad de la escena.
Le llamamos Bacanal en alusión a los festejos que se realizaban en honor del dios Baco, referente indispensable para el estudio de los orígenes del arte teatral y la comprensión de su esencia, y nos regocijamos en la connotación del término, que funciona como provocación, activa la curiosidad y se abre a las asociaciones y nos permite, además, subrayar ciertas características del teatro de figuras como la absoluta libertad creadora que lo acompaña —que no reconoce límites ni siquiera materiales, físicos—, su vocación transdisciplinaria, a la par que posibilita anunciar el tono de esta celebración que deseamos reafirme el carácter festivo y espectacular del teatro y consiga la participación activa, gozosa del público.
La presencia de las agrupaciones titiriteras de todas las regiones de la Isla era el primer requisito para lograr la continuidad de esta imprescindible expresión escénica. El festejo en sí serviría como estímulo a dramaturgos, diseñadores y realizadores de figuras, músicos, intérpretes titiriteros, directores artísticos, críticos y estudiosos, docentes y estudiantes de las especialidades teatrales y funcionaría como acto cohesivo de intereses y voluntades.
Para precisar su completo diseño y llevarla a cabo se conformó un equipo gestor de unos pocos integrantes, todos artistas, que hizo su trabajo a partir de una estructura horizontal y un espíritu de cooperación, compromiso y armonía, en lugar de asumir la verticalidad jerárquica al uso y al cual cada quien brindó sus particulares talentos, capacidades, saberes, relaciones y posibilidades, prefigurando el pathos del evento, que en su carácter abierto, inclusivo tuvo a bien convocar a todos los colectivos artísticos interesados en esta modalidad teatral, contasen o no con una trayectoria previa dentro de la especialidad, y en asumir propuestas de cualquier tipo de formato mientras reconocía como sus objetivos centrales la promoción y el intercambio y dejaba fuera cualquier afán de competencia.
La respuesta de los colegas no se hizo esperar. De inmediato entidades artísticas de La Habana, Matanzas, Guantánamo y Sancti Spíritus inscribieron sus espectáculos mientras otros tantos creadores mostraban su respaldo. Y para sorpresa de todos, comenzaron a llegar solicitudes de admisión de diversas zonas del mundo, a pesar de haber sido pensada esta edición del cónclave con un alcance nacional dada su naturaleza fundacional.
Finalmente la programación de espectáculos contó con diez producciones a cargo de ocho instituciones procedentes de las cuatro provincias antes referidas y de una compañía extranjera: Siesta Teatro, del director, actor y diseñador Luis Z. Boy, artista que goza de un prestigio internacional en el teatro de figuras.
En dicho programa, destacaban tres estrenos: El mal paso, por el Teatro Nacional de Guiñol; Punch en Guantánamo, coproducción del Guiñol Guantánamo y el Teatro de Títeres Nueva Línea, y La dama de las camelias, de la Compañía Teatro Océano. Este último revestido de particular significación al tratarse de la versión que para el Teatro Nacional de Guiñol había realizado en 1971 el maestro Abelardo Estorino sobre la conocida novela de Alexandre Dumas (hijo) y que no pudo en aquella ocasión arribar a la escena ante la desarticulación de la compañía titiritera con el inicio del quinquenio gris.
Otros títulos de particular relevancia eran Por el monte carulé (2009), la exitosa y original creación escénica de Teatro de Las Estaciones; Andariegos (2010), del Teatro Papalote, que conduce el Maestro René Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro, y El traje del emperador, de Siesta Teatro, un espectáculo de 2011 con respaldo de crítica y público en diversos festivales internacionales que muestra un diálogo exquisito entre lenguajes audiovisuales de diversas épocas y diferente índole. A los que se sumó La república del caballo muerto (1992), un clásico en el repertorio del Maestro Armando Morales y en la historia más reciente de la escena de figuras para el espectador adulto.
La cartelera teatral que se desarrollaba en la sala Llauradó en horario vespertino y en la sala del Teatro Nacional de Guiñol en la noche estuvo acompañada por otras actividades y otros ámbitos.
El Museo-Biblioteca Servando Cabrera acogió una muestra de piezas titiriteras y fotografías de algunos de los títulos más sobresalientes en el repertorio para adultos del Teatro Nacional de Guiñol durante los 60. Los antológicos títeres integran la colección que con esmero y celo ha integrado y preserva la Galería El Retablo, de Matanzas. Las fotos forman parte del extraordinario patrimonio fotográfico que durante años han protegido y conservado con fervor los especialistas del Archivo Fotográfico del Ministerio de Cultura. La curaduría de los exponentes estuvo a cargo de Armando Morales y Geanny García y su exhibición contó con el exquisito diseño de este último.
Las salas del museo también fueron escenario de las jornadas de intercambio y desarrollo profesional tituladas “Ejercitando el cerebelo y el hipocampo” (a tono con el espíritu desenfadado de la Bacanal), que organizó la crítica y dramaturga Blanca Felipe, presidenta de la Cátedra Freddy Artiles, adscrita a la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte (ISA), durante las cuales tuvieron lugar una variedad de acciones: un foro especializado que contó con una peculiar dinámica y un inusual sujeto moderador; lecturas dramatizadas de obras titiriteras nacionales y foráneas y presentaciones de productos audiovisuales que registran el quehacer titiritero en otras zonas del planeta. Estos audiovisuales junto con textos de la especialidad fueron puestos a disposición de los asistentes quienes pudieron integrarlos a sus archivos personales y a los de sus instituciones mediante portadores extraíbles.
Por su parte, en el Café Teatro Brecht, el Cabaret Titiritero desplegó su magia durante las tres noches finales bajo la dirección artística del actor Erduyn Maza, director general de Teatro La Proa, principal gestor del acontecimiento.
El cabaret resultó el espacio de encuentro de las artes de la escena. Allí concurrieron música, danza, circo, teatro. Notables artífices de estas expresiones brindaron generosa y solidariamente su arte en medio del júbilo creciente —que el día del cierre llegó al delirio— de la concurrencia.
Tal contexto posibilitó la presentación de números breves, de variedades titiriteras que contribuyen a dilatar las fronteras de la especialidad toda vez que resulta una zona menos formalizada y de alta flexibilidad que estimula búsquedas y acciones experimentales.
La experiencia sirvió, además, para reafirmar la necesidad de disponer de un espacio de encuentro, de vida social como este y para mostrar al Centro Cultural Bertolt Brecht otra variante posible de programación y funcionamiento. Cuánto talento y energía reunidos en tan breve espacio, qué orgullo de ser y estar, cuánta dignidad restablecida, qué intensidad alcanzó el diálogo entre los creadores, cuánto más es posible avizorar.
Desde el inicio, la Bacanal desarrolló una peculiar empatía que se tradujo en acciones concretas de colaboración desinteresada y solidaria. La elaboración de toda su gráfica por el talentoso diseñador Yorlán Cabezas, la creación del tema musical y del spot televisivo que la identifican a cargo de ese músico de excelencia que es José Aquiles Virelles y del joven realizador Carlos Sarmiento Barlet, respectivamente; el diseño y montaje de la exposición de fotos y piezas por ese profesional riguroso y sensible que es Geanny García, la animación diaria del Maestro Adalett Pérez y su cotorra vedette Alegría de las jornadas nocturnas en el Teatro Nacional de Guiñol. Contó con el apoyo entusiasta de los medios, los cuales llevaron a cabo con creces la labor que el hecho teatral requiere de ellos: la amplificación de lo que sucede en el espacio siempre reducido —en comparación con el alcance mediático— de nuestras instalaciones.
También tuvo la cooperación del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y del Centro de Teatro de La Habana. Decisiva resultó la ayuda de los técnicos y el personal de administración y de contacto de las dos salas involucradas, así como del Centro Cultural Bertolt Brecht y del Museo-Biblioteca Servando Cabrera Moreno.
Todos juntos, como una gran familia, hemos gestado un suceso fundacional y, por supuesto, perfectible. De modo oficial el teatro de títeres para adultos ha regresado a los escenarios. Se restaura en la superficie el tejido que en la profundidad ha permanecido siempre bien trenzado. Una vez más la figura animada nos ha seducido con su encanto, ha ejercido sobre todos su benéfico influjo reafirmando las frases finales del texto que nos convocara al encuentro: la Bacanal del Teatro de Títeres celebra esa maravilla que es la vida. Apuesta con osadía por un mundo mejor donde la estulticia, la indiferencia, la iniquidad no tengan cabida. Legitima la armonía de la naturaleza y la felicidad como deberes de la especie humana
Ahora, a mantener los espectáculos sobre los escenarios mientras soñamos la próxima cita.
¡Hasta el 2013!
* * * * *
Notas:
1- La noche de los asesinos obtuvo el Gallo de La Habana, premio del certamen, pero el jurado —integrado por prestigiosas personalidades del arte teatral a nivel internacional— decidió conferirle un reconocimiento especial a Don Juan Tenorio, no obstante de participar en este espectáculo en calidad de invitado y no concursar (se trataba de una reposición y no de un estreno y solamente concursaban los últimos).
2- Al respecto, Carucha Camejo declara en una entrevista publicada en 1970: “La tradición popular del teatro de títeres está matizada en todas sus manifestaciones en diversos lugares y regiones por esos que califican un tanto, que tú calificas un tanto escolásticamente, como ‘licencia moral’. En sus orígenes los títeres estuvieron muy vinculados a los ritos agrarios donde la fertilidad era el objetivo dominante. De ahí que aún en presentaciones populares en nuestros días conserven como elemento constante lo erótico y sexual”. Rine Leal. “Entrevista con Carucha y Pepe Camejo”, revista Conjunto 9, 1970, Casa de las Américas.
Camelias teatrales para una dama TITIRITERA
Norge Espinosa Mendoza, La Habana
Cubaencuentro l 03/29/2012.
Como parte de la programación de la Bacanal de Títeres para Adultos, se ha estrenado en La Habana una versión de La dama de las camelias escrita por Abelardo Estorino.
Han debido transcurrir cuarenta años para que, finalmente, en el mismo escenario donde debió haberse producido su estreno, puedan escucharse los parlamentos de la versión titiritera que Abelardo Estorino concibió a petición de los Hermanos Camejo y Pepe Carril. Firmada en 1971, la pieza es una excelente parodia del melodramático original francés, debido al ingenio de Alejandro Dumas hijo, que ha sido también punto de partida de innumerables adaptaciones. El cine, la ópera, la televisión, el musical…, han reinventado el argumento que protagoniza “la buena cortesana”, a ratos para acentuar su engañoso moralismo, y en ocasiones para aprovechar el matiz erótico que se desprende de un personaje tan inefable como Margarita Gautier. A fin de dar continuidad a la espléndida labor que el Teatro Nacional de Guiñol estaba desplegando a favor de un teatro de títeres para adultos, el autor de La casa vieja y Los mangos de Caín concibió este abordaje pletórico de humor, desacralización y posibilidades escénicas, que lejos de percibirse como una entrega menor, es un digno ejemplo de los recursos que ya Estorino iba reclamando para sus textos, alejándose del canon ibseniano para ir confiando cada vez más en la subversión del juego escénico. Los turbios acentos de la parametración impidieron que esta cubana dama de las camelias alcanzara los aplausos y comentarios que seguramente no se le negarían. Es por ello que, sobre tantos años de paciente espera, el estreno deviene en doble acontecimiento: hecho teatral y deuda saldada.
Había una vez un Guiñol en La Habana
Carucha y Pepe Camejo, junto a Pepe Carril, venían ya desde los años 50 empeñados no solo en levantar un retablo criollo, a despecho de los viejos recelos que comprendían al arte del títere solo como un entretenimiento para adormecer al público infantil. Al frente del TNG, que nace en 1963, se dan a la tarea de conquistar a los adultos con proyectos tan exquisitos como El cartero del rey o La loca de Chaillot, celebrados por la crítica, pero aún incapaces de atraer a grandes cantidades de espectadores. En 1965 eso cambiaría, al anunciarse la versión de Carril sobre Asamblea de mujeres. La puesta aprovechó lo aprendido en los años de ejercicio, y no dudó en aludir al cabaret, el mundo de las variedades, y al rejuego erótico que contiene el original. Los títeres, seres de conducta siempre irreverente, se permitían hacer en la escena lo que tal vez, en aquellos días, no fuera permitido a actores de carne y hueso. El éxito no se hizo esperar, y con Asamblea…, por fin, las propuestas para adultos llegaron a tener tanto reclamo como las ya muy celebradas propuestas para niños del Teatro Nacional de Guiñol. Vendrían entonces el Don Juan Tenorio, de Carucha Camejo, La Celestina, de Pepe Camejo, y La corte del Faraón, también de Carucha. Ella era el talento más agudo de la tríada dorada, y su anhelo experimental se mezclaba con un gozoso atrevimiento, lo cual provocó a más de uno, y molestaría a sus futuros censores.
Para ese núcleo en plenitud que era el TNG en 1971 imaginó Abelardo Estorino su apropiación choteadora de La dama de las camelias. No era el primero de sus títulos en llegar al repertorio del mejor grupo titiritero de Cuba; antes habían sido retomadas sus versiones de La Cucarachita Martina (con un delicioso desempeño de Xiomara Palacio y Ulises García en los protagónicos), y El mago de Oz; concebidas inicialmente para que las escenificara Heberto Dumé. La dama… sería el empeño de Estorino concebido específicamente para estos artistas, que a fuerza de tesón y creatividad, lograban que la cola de aspirantes a ver sus espectáculos para adultos doblara la esquina del teatro. Pero al igual que otros sueños, como el de representar con figuras animadas El reino de este mundo, La dama de las camelias no pudo superar los recelos emanados desde el I Congreso de Educación y Cultura, en el que se dictaminó que toda manifestación de “conducta impropia” debería ser borrada. La ola negra llegó con fuerza devastadora a los escenarios, y derribó los retablos donde esa Margarita tropical debió haber recibido tantos aplausos como camelias.
Camelias en una Bacanal
Con el deseo de estimular la creación destinada al espectador de más edad, se acaba de producir en La Habana la Bacanal de Títeres para Adultos. Ello implica el anhelo de retomar la línea en la que fueron reyes los Camejo y Carril, interrumpida en aquel 1971, y que solo de vez en vez reaparece de manera esporádica. La concepción didáctica que se puso de moda enfatizó la idea de que los retablos debían abrirse solo ante los niños, con propósitos esencialmente educativos, y eso despobló el panorama de las irreverencias y atrevimientos del cuerpo y el espíritu que los muñecos de La corte del faraón y obras no menos memorables, como Shango de Ima, exponían desenfrenadamente. En 1975 pudo al fin verse en el TNG una adaptación con figuras de Cecilia Valdés, otro de los proyectos frustrados, que no consiguió el impacto que los guías del colectivo le hubieran podido insuflar, alejados ya de las tareas de dirección. Un discípulo de estos maestros, el actor, artista plástico y director Armando Morales, ha tratado de mantener el diálogo de los títeres con el público adulto, y fe de ello es el verlo como uno de los principales organizadores del evento, junto a la dramaturga e investigadora Esther Suárez Durán.
Colectivos de distintas provincias se han unido en las funciones que llegaron a la sala Llauradó, el Teatro Nacional de Guiñol y el Café Bertolt Brecht. Un evento teórico, lecturas dramatizadas de obras, y una exposición dedicada a la memoria de los Camejo y Carril, complementaban el programa de acciones de esta Bacanal. Como resultado integral, puede advertirse que más allá del impulso y el deseo de renovar este tipo de quehacer, falta aún mucho por restablecer los códigos que los iniciadores de esta expresión nos legaron, a fuerza de estudio, trabajo constante, cultura del títere y cultura general en función de un teatro que, más allá de la edad de su espectador, debe ser, por encima de todo, una obra de segura calidad. En 2013 se prevé una segunda edición del evento, en el que ojalá lo pensado, visto y por discutir de esta primera convocatoria aliente y alimente de veras a quienes, desde el retablo, piensen en un espectador de mentalidad, en todos los sentidos, mayor.
En ese marco se estrenó La dama de las camelias, a cargo de Teatro Océano, dirigido por Luis Emilio Martínez y Juan González. Sobre el tablado en el que los Camejo y Carril debieron haberla presentado, se alzó esta puesta en escena, indudablemente uno de los mayores retos que este colectivo ha enfrentado hasta hoy. El montaje, más allá de esa intención loable que es el rescatar una pieza que permanecía inédita en la escena (el libreto se publicó en el número 2 de 2000 por la revista Tablas, y está integrado a la edición del teatro completo de Estorino), necesita aún ajustes profundos y una revisión de todos sus elementos. La sutileza, la ironía, el gusto por la cita y el guiño intelectual, rebajado a veces a la escala del choteo, debe ser solfeado a lo largo del montaje, para que sus soluciones no pierdan atractivo. Apegado aún a un concepto demasiado humano en la animación, los actores, que mueven los grandes títeres a la vista del público, a veces olvidan la neutralidad expresiva que deben asumir para no robar protagonismo a las figuras. Un apresuramiento en el decir y el hacer lleva a cierta confusión en lo que se ve, lo cual oscurece el sentido de lo que debe ser entretenido, ágil y provocador. Sugeriría un repaso, ahora que ya se ha cumplido con las funciones anunciadas en el evento, a todo lo que la propuesta quiere acercarnos para que esta dama, en verdad, tuviera consigo las camelias más rotundas. El grupo, como ventaja, tiene ya el haber entendido que el humor y la parodia son recursos esenciales para enfrentar esta pieza; de ahí deben partir para ganar más elementos a favor.
Abelardo Estorino es el nombre mayor de la dramaturgia en la Isla hoy. Teatro D’Dos está presentando, en noches consecutivas, una trilogía a partir de varias de sus obras. La dama de las camelias ha salido finalmente de su ataúd para que lo recordemos como un autor eficaz también en términos titiriteros. Teatro de Las Estaciones, colectivo puntero de esta expresión en el país, anuncia su propia versión de La dama de las camelias en su aniversario, que ocurrirá en el venidero agosto. Esperemos que el colectivo, ya ducho en el trabajo para adultos, demuestre su pujanza una vez más con esta mirada a lo que propuso, en 1971, un dramaturgo que sigue siendo tan reclamado como sorprendente. Tal vez, en la próxima Bacanal, esa dama de las camelias que ahora se ensaya en Matanzas podrá llegar a la escena para sacudirnos con preguntas mayores acerca del arte, del títere, del público, de lo que somos. En la escena y fuera de ella.
Como para saldar la deuda de manera redonda, en la función que presencié de La dama de las camelias, Esther Suárez Durán nos hizo testigos de una conversación telefónica que sostuvo con una sorprendida Carucha Camejo. Hasta su apartamento en la Avenida Columbus de Nueya York llegaron los aplausos de los titiriteros cubanos que, en la misma sala donde fue reina y señora, la nombran hoy para saber que la cultura del país la necesita y la recuerda. Solo por ese momento, vale haber asistido a la Bacanal del Títere para Adultos. Sean para Carucha, mujer imborrable, estas camelias que a manera de ovación, llegaron desde La Habana hasta su puerta.
TEATRO de y sobre el “narco”
Braulio Peralta.
Correo-e: braulioperalta@yahoo.com.mx
Milenio l 03/24/2012.
El teatro es inseparable de la realidad. La dramaturgia tiene una vinculación estilística e histórica, hoy, mucho mayor que la literatura narrativa. Por ejemplo, desde la aparición en 1988 de De la calle, de Jesús González Dávila, en dirección de Julio Castillo, no se ha dejado de tocar el tema de las drogas en la escena mexicana; Crack, o de las cosas sin nombre, de Édgar Chías en dirección de Martín Acosta, de 2006, tiene similitudes que nos orillan a pensar en la importancia del teatro para entender un fenómeno contemporáneo que ha destrozado a miles de mexicanos, envueltos en la violencia del narcotráfico.
O Contrabando y DeSazón, de Víctor Hugo Rascón Banda, dirigidas por Mauricio Jiménez y José Caballero respectivamente, piezas donde la cotidianidad de la gente común se ve desquiciada por el tráfico de drogas en regiones donde la policía también tiene permiso para delinquir. Obras espléndidas dignas de aparecer en una antología de literatura mexicana mientras que los críticos y ensayistas no contemplan a la dramaturgia, no observan que en el teatro se está representando una buena parte de nuestra realidad reciente con estilo y forma impecables.
No es nuevo el tema de las drogas y el narcotráfico. Pero sí, y muy elocuente, su presencia en la dramaturgia nacional de las últimas décadas. Amarillo, con textos de Gabriel Contreras, dirigido por Jorge A. Vargas, nos lleva a recorrer del sur de México a la frontera con Estados Unidos en un tren de carga; catorce mujeres del municipio de Amatlán de los Reyes, en Veracruz, conocidas como “Las Patronas”, dan comida y bebida a estos emigrantes que viajan clandestinamente a un destino incierto, los que caen en las garras del narcotráfico y terminan en fosas comunes como las de Tamaulipas.
Dramaturgia de primera en un país de quinta. He escrito con vehemencia del trabajo de David Olguín y su pieza Los asesinos. Pero no había mencionado nada sobre la dirección y texto de Mauricio Jiménez en El asesino entre nosotros: las muertas de Juárez como inventario de lo que sucede en el desierto de Chihuahua, de la corrupción policiaca, del acallar a los periodistas, de la inmoralidad de las autoridades, del crimen como vida cotidiana. Textos —los de todos los aquí mencionados— recargados de poesía, esa literatura revueltiana de la que al parecer ninguno de los investigadores especializados se ocupa; la academia, menos.
Alguien tendrá que escribir un largo ensayo teatral de y sobre el narco y las drogas en la escena nacional. Urge que el Centro de Documentación Teatral Rodolfo Usigli concatene, reflexione estas obras —y muchas otras, como En el centro del vientre, de Medardo Treviño— en un trabajo de investigación necesario para entender una realidad que nos azota hasta los huesos. Mencionar el tema, hoy, es apenas un repaso que quiere advertir una deficiencia de nuestra crítica especializada.











1 comment